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Entrevista

Reflexiones tras el asesinato de Fernando Báez: “Es hora de ser impecables, los jóvenes nos miran”

En una necesidad de respuestas y de responsabilidad colectiva, la psicóloga y oradora motivacional Pata Liberati habla sobre el asesinato en Villa Gesell. Un punto de vista ligado a la psicología y la práctica individual de los valores humanos.

Por Lucía Dallavia

Pata Liberati es psicóloga egresada de la Universidad Nacional de Rosario, comunicadora y oradora motivacional. Su cuenta en instagram es un mundo de reflexiones para el autoconocimiento personal, para hacerse preguntas sobre el mundo interno de cada ser humano, una pizca de palabras que logran encajar en sentimientos o emociones encontradas y compartidas por muchos de sus seguidores. 

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En uno de sus últimos posteos, Pata decidió escribir unas líneas sobre el caso que conmocionó en estos días a la sociedad argentina: El asesinato de Fernando Báez, un joven  de 18 años que murió luego de una brutal golpiza que recibió por un grupo de jóvenes de un equipo de rugby, en la localidad costera de Villa Gesell. El hecho sucedió a la salida de un boliche, la noche del viernes 17 de enero.  

En su publicación, Pata Liberati reflexiona más sobre la condición humana que sobre el suceso en sí:

“No tiene ningún sentido analizar la violencia si al mismo tiempo no observamos lo propio.

Somos nosotros quienes criamos a las víctimas y también a los victimarios.

Es hora de ser impecables con nuestras ideas, emociones y actos, los jóvenes nos miran.

Es momento de educar en la reflexión de las emociones, para eso tenemos que entender y gestionar las propias emociones.

Cuántas veces dijimos “devolvésela”, “defendete”, “no te juntes”, “son distintos “...

Cuántas veces lo seguimos pensando, sintiendo?

Es adentro que se sana la violencia.

Amar a los fáciles, no tiene mérito.

El desafío es respetar al que por algún motivo que me pertenece, que no tiene justificación y que siempre, siempre, siempre habla de mí, a ese que “no me banco “.

Ahí está la verdadera Paz, en dejar de discriminar, adentro, en serio.

Mientras reclamamos justicia y analizamos los estragos de una sociedad fundada en la competencia y la discriminación.

Discriminar significa separar y en un mundo agrietado la violencia es la resultante.

Adentro.

Los pensamientos, las emociones, los actos.

Hay que escanear cada atisbo discriminatorio y educar en la respuesta emocional saludable y creativa.

El asesinato de Fernando Báez Sosa nos tiene que poner de frente a cada uno de nosotros con nuestra violencia a sanar.

Podemos hacerlo.

Y esa será la mejor de las justicias. @pataliberati 

Pata, trabajás sobre diversas plataformas y redes sociales y llegas a un público muy diverso. ¿Qué te hace estar en estos lugares? 

Mis ámbitos de trabajo están enfocados en el desarrollo personal, en el encuentro de la persona con su capacidad creativa. Aparte de mi formación en psicoanálisis y en diversas ramas de la Psicología, también tengo formación en Kabbalah práctica. Escribo en las redes para que las personas que no tienen accesos a estos espacios puedan leer, y con la lectura reflexionar sobre sí mismas y empezar a operar un cambio. 

He escuchado decir muchas veces frases como las que describís en tu post “devolvésela”, “defendete”, “no te juntes con ellos”, “dale su merecido”. Cuando hablás de ser impecables porque los jóvenes nos miran, ¿entiendo que estos jóvenes lejos de ser unos inadaptados como se dice, están adaptados a este tipo de reacciones?.

Lógicamente, los adultos somos mirados por los jóvenes y cada uno de nosotros tiene que revisar con mucha impecabilidad cada pensamiento y frase que soltamos al mundo, porque somos escuchados y por sobre todo vistos. De nada sirve que yo le diga a alguien que sea bueno si yo no lo soy, por tanto nuestros actos son vistos. Entonces tenemos que empezar por nosotros, porque nunca en ningún momento fue tan pertinente esto de sembrar con el ejemplo, y esto es sembrar con la acción, una acción que obviamente empieza en el pensamiento y en la emoción pero tiene que tener como resultado una acción. 

Hemos construido una sociedad basada en la competencia y cuando la sociedad se basa en la competencia desde el hogar, hasta en la educación formal el deseo se estandariza y cuando el deseo se estandariza, silenciamos la creatividad de cada uno y después formamos bandos donde los que llegan a los estándares son geniales y los que no llegan a esos estándares son una porquería. Esto despierta mucha violencia y por supuesto empieza a existir la violencia de los unos contra los otros. 

¿Estas manifestaciones continúan cuando uno ya es adulto?

Cuando se llega a adulto, nosotros los padres criados en este contexto, arrastramos en nosotros mismos muchísima frustración, y es donde empezamos a decir estas frases: “defendete”, “vos sos más, el otro es menos”, “devolvésela”, “no vale nada, vos vales muchísimo”. Entonces cada uno de los adultos tiene que comenzar a barrer esos prejuicios. 

El estandarizarnos crea prejuicios, la competencia crea prejuicios y la violencia nace en el prejuicio. Entonces, para esto nos tenemos que mirar al detalle. Si yo te digo esto, y luego corto con vos y llamo a mi amiga para criticar a mi cuñada todo lo que te estoy diciendo no sirve de nada. 

Los adultos tendemos a identificarnos, en este caso, con los papás de Fernando y sería excelente que nos pudiéramos identificar con los padres de todos, porque nosotros criamos víctimas y también criamos victimarios, entonces tenemos que abstenernos de juzgar a quienes cometen un delito de esta magnitud tan grave. Sí, por supuesto, exigir justicia. Sí, por supuesto, exigir la reparación que corresponde, pero también reflexionar que nosotros podemos ser los padres de las víctimas y los padres de los victimarios, porque si no asumimos los dos roles también estamos formando bandos y adentro nuestro están las dos posibilidades. Esas posibilidades tienen que dialogar, porque la única forma de crear una sociedad sin discriminación, es la discriminación cero.

¿Qué tipo de abordajes crees que faltan en las instituciones de nuestro país que contienen a estos jóvenes? Desde el hogar, la escuela y/o el club. 

Me parece que las instituciones son producto de un viejo paradigma basado en la competencia y la discriminación, entonces insisto un poco también en el cambio individual porque las instituciones las formamos nosotros. Es necesario crear instituciones basadas en la cooperación, la fraternidad, en escucharnos emocionalmente. Cuando un niño va a la directora, al profesor del club, o vuelve a la casa y dice “me están tratando mal” poder preguntarle a ese niño qué siente al respecto, uno muchas veces da una respuesta rápida como “defendete”, “denuncialo con la maestra” y también es necesario preguntarse qué le pasa a los otros.

Este es el gran desafío, no tomar bandos. Cuesta un montón porque imaginate que viene un hijo a decirte que le están haciendo bullying y a uno lo primero que le salta es ganas de hacer algo en contra del otro. Entonces, eso es lo que tenemos que revisar. Creo que las instituciones tienen que tratar de borrar el orden de la competencia para pasar al orden de la cooperación y la empatía, de la creatividad en conjunto, de que esto que nos distingue no es malo porque lo que vos tenés sumado a lo que yo tengo hace a una terceridad totalmente enriquecedora. 

También veo aires de cambios, escuelas que empiezan a hacer otras cosas, que están formadas por personas que empiezan a hacer un camino distinto. Las instituciones las formamos entre todos y es cada uno el que tiene que hacer este cambio interno para crear instituciones que realmente representen la mejor versión de nosotros, porque estamos usando la peor versión, los unos contra los otros. Creo que lo que está pasando ahora es que nos estamos dando cuenta de que se puede hacer otra cosa. 

¿Qué es la masculinidad tóxica? ¿Tiene que ver con un acuerdo entre hombres? Pienso a veces que quizás un hombre no se comporta individualmente cómo se comporta en grupo. 

Desconocer los estragos y  las consecuencias del patriarcado sería no entender de qué se trató l viejo paradigma. Esto da como resultado una masculinidad tóxica y una femeneidad absolutamente encapsulada en cánones que no nos representan en lo más mínimo, creo que a ninguna mujer en su totalidad. Desconocer que existen deportes o actividades más violentas que otras sería ridículo, es decir, el boxeo y el rugby tienen mucho más que ver con la violencia que el ballet por ejemplo, pero bueno, en el patriarcado un hombre que practicara ballet sería condenado en su elección, hasta en lo sexual, sin preguntárselo siquiera. Creo que hay instituciones que se han hecho dueños de esta cuestión de la masculinidad tóxica de una manera mucho más enarbolada y potente que otras. Lo que se está cayendo es el sistema patriarcal. El sistema patriarcal silencia lo femenino pero no silencia lo femenino solo en las mujeres, silencia lo femenino también en los hombres, por eso crea machos en vez de crear hombres.

En mis 28 años he visto muchísimas peleas desencadenadas en la puerta de los boliches, que podrían haber terminado con un final así. Mis padres en cambio me dicen que esto antes no pasaba. ¿Por qué nuestra juventud vive esto y mis padres aseguran que esto no pasaba antes?

Tus padres me hicieron reflexionar un poco. Me parece que hay un poco de las dos cosas: pasaba un poco menos y se conocía bastante menos. Ahora todo está a la vista, ahora todo se graba, todo se ve, todo se comparte, lo cual me parece fenomenal. Las cosas tienen que estar a la vista, porque en la clandestinidad nos portamos peor. Tengo la fe que esto va a ir cambiando. 

La frase “la violencia va en escalada” es una verdad, y ahora está a la vista y al estar a la vista nos pone de frente a “tenemos que hacer algo”. El paradigma del patriarcado, la masculinidad tóxica como dicen, ha puesto al varón en un lugar de macho, de fuerza, de ganador de dinero y perteneciente a ciertos grupos que te dan un prestigio y eso realmente genera una violencia que va en aumento. Ojala esto sirva para mejorar, que tenga un sentido. Además de pedir y exigir justicia, que también tenga el sentido de decir basta, hasta acá llegamos, tengo que empezar a hacer algo.

Una de las cosas que sucede con las mujeres aún hoy, estamos hablando de este siglo XXI, es que a la mujer se la educa bastante más en el reconocimiento de sus emociones, se le da mucha más posibilidades de reconocer sus emociones, y al varón criado como macho se le obliga a ocultar sus emociones. Esto de “los hombres no lloran” parece una frase de hace 25 siglos y sigue pasando en muchos ámbitos y esto tiene que dejar de suceder. Somos humanos y las emociones nos atraviesan a todos y cuanto mejor yo elaboro mis emociones, de frustración, de bronca, de dolor, menos violento voy a ser. Entonces, tenemos que educar hombres y mujeres en la buena gestión de sus emociones, la culpa de lo que a mí me pasa y de mi frustración jamás es del otro, la respuesta siempre es interna, no me la va a dar una piña que yo le pueda dar al otro y me sienta bien. No, eso no me da ninguna respuesta, al contrario sigue alimentando esa toxicidad que llevo por dentro. 

¿Cómo debe actuar el periodismo en estas situaciones donde los jóvenes son los asesinos?

La justicia tiene que hacer lo propio, decretar su pena, su condena y Dios quiera su recuperación, pero creo que no se puede imprimir en la noticia una carga emocional tóxica porque si no seguimos haciendo bandos, los buenos contra los malos, y nos vamos a dormir pensando que nuestros hijos no se juntan con esos que son “malos”, “monstruos”, “irreparables” e “inadaptados”, y quizás alguno de nuestros hijos sea amigo de uno de ellos, se quiera juntar con ese grupo, esté enamorado de alguno de ellos. Entonces tenemos que dejar de dividirnos adentro. Nos da bronca, claro que nos da bronca y dolor, pero debemos generar algo positivo, creativo con ese sentimiento, en mi entorno en una charla,  etcétera.

Asesinar empieza con el odio interno. Insisto desde todos lados que hay que comunicar con impecabilidad. Confío en la evolución humana y a veces hay que trabajar adentro, siempre hay un diálogo entre el afuera y el adentro. Nada me gustaría más decir que esta sea la última noticia mala que vayamos a escuchar.        

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