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Entrevista

La mujer que dijo basta en Villa Gesell: “De qué sirve vender tanto si están matando a los pibes”

Gabriela Covelli es abogada gesellina y fue quien decidió hacer la primera marcha del silencio en la puerta del boliche Le Brique, que hasta el momento no había cerrado a pesar del crimen de Fernando Báez Sosa. Su historia personal

El pedido de justicia por Fernández Báez Sosa tuvo un momento bisagra. Fue cuando decenas de vecinos y turistas, de todas las edades, se concentraron frente a Le Brique para decir “basta” y aclarar que “Villa Gesell no estaba de fiesta”. En ese momento, la indignación popular crecía porque el boliche se negaba a cerrar sus puertas y parecía que el poder político había perdido el sentido común, la capacidad de empatizar con el dolor de la mayoría.

Como cierre de esa concentración, los participantes dejaron velas encendidas en la escalinata de la discoteca. Esas imágenes recorrieron el país y tuvieron un impacto demoledor. A partir de esa noche, no hubo lugar para los distraídos.

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Ese homenaje sirvió también para que aparecieran testimonios clave, que permanecían ocultos por temor. Allí se animaron hablar, por ejemplo, Tatiana, una empleada de Le Brique que había sido testigo ocular, y Virginia, quien le practicó RCP a Fernando.

Horas después, en la ciudad, se daba una “apagón” de nocturnidad inédito: por decisión propia, los tres locales bailables más importantes y emblemáticos (Le Brique, Pueblo Límite y Dixit) cerraban sus puertas en señal de duelo.

Quien estuvo detrás de esa convocatoria fue Gabriela Covelli, una abogada gesellina reconocida en la región por una lucha anterior, también relacionada con la vida. Desde el 2 de noviembre de 2017, denuncia que su hijo mayor, Nicolás Deanna, falleció por un caso de mala praxis en una clínica de Pinamar.

“Después de la muerte de mi hijo, yo ya estoy muerta”, repite Covelli en cada conversación. No obstante, en una entrevista con INFOCIELO, se devela como una mujer tenaz y llena de vitalidad. Si bien encabeza el colectivo de familiares de víctimas de mala praxis e impulsa una ley en el Congreso para que las negligencias médicas sean un delito, aclara que no quiere mezclar las dos cuestiones.

¿Cómo tomaste esto que pasó?

Yo le pedí a Le Brique que tenía que salir del corazón de ellos. En todos los boliches pasa lo mismo.  Se usa el doble de capacidad, se vende alcohol, se vende droga, pero esto es un negocio de otros, no de los pibes, y hasta te diría que a muchos no les conviene que los pibes salgan de esto. Este es el primer resultado de los muchos que tienen que venir porque a mí no me gusta hacer cosas para la vidriera. Tiene que haber cambios acá en Gesell, en Pinamar, en Mar del Plata, en todos lados.

Que no me pregunten a mí: “¿Vos cómo lo harías?”. Porque yo no ocupo un cargo público ni lo quiero ocupar, pero el que lo está ocupando tiene que saber cómo hacerlo, si no que no lo ocupe.

Después de que hablaste vos, muchos se animaron a hablar, muchos padres opinaban como vos pero no querían quedar mal con sus hijos...

Mi hijo más grande, que falleció, siempre le decía al más chico: “Sabés lo que te va a decir mamá: me importa un carajo lo que hagan los otros padres”. Hay que animarse a quedar fuera de foco. Yo tengo un hijo de 23 años y le pedí perdón porque quizá ahora no puede ir a los boliches porque es el hijo de Gabriela, pero Agustín me dijo: "Está muy bien, mamá". Y eso que es bolichero.

Quizá muchos jóvenes tampoco se animaban a ponerles un límite a sus amigos…

Yo acá tengo un montón de mensajes de adolescentes, de pibes, que me agradecen lo que hicimos. Capaz no pueden hacerlo en público pero muchos necesitaban de este límite. Y cuando dicen que ‘esta no es la juventud que queremos’, primero, pensá en qué juventud construimos.  

Yo no puedo decir que siento felicidad ni que esto me conforma, pero la sensación es la de ver una pequeña luz de esperanza de que algo puede llegar a cambiar.

Muchos en Villa Gesell preferían callar para evitar dañar la imagen del lugar y provocar la caída del turismo, aunque está claro que ahora fue peor el remedio que la enfermedad ¿Vos lo sentís así?

Sí, pero tenemos que terminar de mirarnos el ombligo, de pensar en lo que a mí me sirve y nada más. Porque en el medio estás construyendo algo que es la sociedad que no te va a dejar vivir. Entonces, yo les pregunto a los comerciantes de qué les sirve vender tanto si nos están matando a los pibes. De qué les sirve a los laboratorios y a los médicos, por ejemplo, hacer tanta plata, si nos están matando.

¿Te dieron a entender que tenías que dejar de embromar con esto?

No, de ninguna manera. Porque me conocen. Fui la primera acá en luchar contra la violencia de género, contra las abusos infantiles (hace referencia a las causas impulsadas desde su estudio jurídico). Y además saben que yo creo que la política que tenemos no sirve. Y no serviría que vos mañana me veas ocupar un cargo de concejal porque, entonces, yo lo hacía para ganar plata. Si estuviese Nico acá me diría: “Vos sos una utópica”. Y quizá sí. Por eso tengo un tatuaje en la espalda que me hice con él de una frase de John Lennon que dice: “Podrán pensar que soy un soñador, pero no soy el único”.

Esto no lo estoy haciendo, solamente sigo una idea que sembró mi hijo.

No será la primera vez en Argentina que alguien que busca justicia por algo personal se termina convirtiendo en referente de otras luchas. 

El dolor te parte al medio y no le tenés miedo a nada, y ya no tenés otros intereses en el medio. El dolor te parte de verdad. Por eso dicen que hay que reinventarse, porque no existís más.

Gabriela Covelli tiene varios tatuajes. En su anteabrazo izquierdo, está uno de ellos: "La vida contigo no se fue con tu muerte. Es la bendición de tu recuerdo compartido la mejor herencia para mí. El milagro de tu vida sucedió en la mía y esto ni la muerte tiene el poder de quitarlo. Te amo Nico".

Tu reacción fue muy rápida, porque lo de Fernando pasó el sábado y vos el domingo a la mañana ya habías posteado tu pedido de hacer algo.

Estaba tomando mate la casa de una amiga y ahí subí la propuesta y empecé a recibir acompañamientos.

¿Pudiste hablar con los padres de Fernando?

Yo no hablé con los padres de Fernando pero creo que les llegó lo que hicimos, nuestro apoyo, y que sepan que Gesell no está de fiesta. Eso es lo que yo quería, que sepan que muchos lloramos a su hijo. Lo que quiero ahora es que el intendente y los concejales nos reciban en una reunión informal para ir con referentes de la juventud para hablar de cómo deben ser los boliches para que cuiden a nuestros hijos.

Es que Gesell ahora tiene un desafío por delante si quiere seguir siendo un destino turístico para la juventud.

Yo amo a la juventud. La juventud no es peligrosa. Los adultos somos peligrosos cuando no enseñamos para dónde tienen que ir ellos. Ellos aprenden de nosotros. Yo quiero que la juventud siga viniendo, tengo hijos, tengo sobrinos, son valiosos. Quiero que los adultos seamos el ejemplo.

Vos no querés mezclar la lucha por tu hijo con lo que está pasando ahora con Fernando, pero de ahí sale tu experiencia y tu fortaleza. ¿Es así?

Cuando yo me puse a pelear por Nicolás, me pregunté: "¿Me va a conformar una sentencia? ¿Me va a conformar que condenen al médico a dos años dentro de cinco años?" No, no me iba a conformar. Entonces empecé una lucha que demuestre que sirvió para algo que me hayan sacado a mi hijo. En realidad, lucho de una manera egoísta porque lo único que busco es encontrarle un sentido a la pérdida de Nicolás. Yo no voy a parar. Yo voy a seguir conectada a todo lo que es la lucha por la vida y por la salud.

Fotos: Blas Bonafini para INFOCIELO

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