PLAYA Y CORONAVIRUS

Cómo hizo Europa para tener un verano seguro

El control de aforo fue la medida estelar, pero demandó personal, tecnología y voluntad ciudadana. El ocio nocturno, otro problema.

Tal como adelantó Infocielo, la temporada turística de verano comenzará el primero de diciembre para la Provincia. La distancia social y el lavado de manos forman parte de la nueva normalidad que vive Buenos Aires y el país. Las próximas vacaciones aspiran a ser un poco de aire fresco en un año donde las restricciones han sido y son la norma a nivel mundial para poder controlar la pandemia del Coronavirus. La temporada española de verano – julio, agosto y septiembre- puede dar indicios de cómo se puede planificar las próximas vacaciones.

Es necesaria una aclaración para entender el porqué de la experiencia ibérica: España es un país con alta preparación en la industria turística, una sus principales actividades económicas. Además, junto con la industria de la restauración (bares, cafeterías y restaurantes) son los principales empleadores del país.

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Hubo un criterio común para todos los ayuntamientos que poseen playas: control de aforo. La medida -de difícil implementación- necesitó recursos humanos, tecnológicos y colaboración social. En el aspecto humano fue necesaria la contratación de personal para regular la cantidad de población en los balnearios.

Las aplicaciones para celulares fueron las vedets del verano. Los municipios informaron a través de ellas si el aforo era bajo, medio o elevado. En los casos de los aforos altos se prohibió el ingreso de bañistas a la playa. Para calcular el aforo se utilizaban desde drones hasta cámaras de vigilancia.

La importancia del aforo está relacionada de manera directa con el criterio de distancia social. En España esta situación varió porque cada Comunidad Autónoma tiene la posibilidad de dictar sus propios reglamentos. Así, por ejemplo, en Galicia cada persona debía disponer de al menos cuatro metros cuadrados. En cambio, en Valencia las personas debían estar separadas por dos metros, mientras que la distancia entre sombrilla y sombrilla debía de ser de seis.

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Verano: en Valencia la distancia entre sombrilla y sombrilla debía de ser de seis personas.

Verano: en Valencia la distancia entre sombrilla y sombrilla debía de ser de seis personas.

Este documento del País Vasco también explica las regulaciones: “Mantenga al menos 1,5 metros de distancia con las personas con las que no conviva, tanto en el agua como fuera. Las agrupaciones de personas no podrán ser superiores a 10 individuos”.

Otra medida fue la utilización de barbijos para dar un paseo o para salir de la playa a hacer alguna compra. Su utilización quedó exceptuada en los momentos de tomar el sol y el baño. Los paseos con mascarilla estuvieron permitidos, para ello se hizo necesario dejar espacio libre en la primer linea de mar.

Esto es más sencillo en Argentina por la extensión de las playas. En España hay costas más estrechas donde fue necesario controlar este espacio. Un ejemplo es de Tossa de Mar, un pequeño municipio de Cataluña que utilizó una cinta roja de un extremo al otro de la playa para poder garantizar ese espacio. “La línea roja de la playa delimitaba el espacio entre el rompiente del agua del mar y la arena, para que las personas pudieran circular y entrar al agua. Este espacio no se podía ocupar para tumbarse en la arena y tomar el sol ni para hacer ninguna otra actividad”, informó Montserrat Blanco de la Oficina de Turismo de Tossa de Mar.

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Verano: Tossa de Mar, un pequeño municipio de Cataluña, utilizó una cinta roja de un extremo al otro de la playa para poder garantizar ese espacio

Verano: Tossa de Mar, un pequeño municipio de Cataluña, utilizó una cinta roja de un extremo al otro de la playa para poder garantizar ese espacio

Planifique estancias más cortas en la playa (máximo de 2-3 horas). Es una forma de reducir aglomeraciones y de compartir. Piense en los demás”, es otra de las recomendaciones del gobierno vasco que se pueden leer en el documento.

A las medidas que se adoptaron en las playas fue necesario sumar una fuerte fiscalización de la noche. Los bares y restaurantes tuvieron durante el verano la posibilidad de estar abiertos hasta la una de la mañana. En algunas regiones se reguló también que debía dejar de tomar clientela a las 00.00.

Las restricciones, el temor por los contagios y la recesión económica provocaron que una mala temporada de verano. Desde el ayuntamiento de Málaga señalaron a este portal que por “por cada reserva que se realiza, se producen 160 cancelaciones”.

España es un receptor de turismo internacional. Desde Málaga señalaron también la necesidad de solicitar PCR en el lugar de origen. Algo que bien podría valer para nuestro país debido a la inmensidad de territorio. A su vez, a nivel nacional se establecieron una serie de notificaciones y estados de alerta sobre los turistas de los distintos países y regiones. Esta regulación generó tensión entre los diferentes países de la Union Europea, ya que algunos miembros cambiaban sus criterios de recepción teniendo en cuenta la situación sanitaria del país de origen.

La ciudad de Alicante se encuentra en la costa valenciana, es un distrito menor en población pero igual de turístico que Málaga. “Hemos sacado un distintivo que se llama Alicante Segura, una iniciativa que surge del Ayuntamiento de Alicante para la recuperación turística y comercial de la ciudad. Pretende ser un documento práctico y abierto que evolucionará al mismo tiempo que las medidas que desde el Ministerio de Sanidad, la Generalitat Valenciana y otros organismos se establezcan”, explica Laura Núñez Huesca desde el municipio.

El objetivo fue dar un distintivo gratuito para todas aquellas empresas que adoptasen los protocolos de seguridad frente al coronavirus. De esta forma se buscó proteger a los clientes y también a los trabajadores.

Núñez Huesca también explicó que el control en las playas se dio “mediante cuadrículas, dejando una distancia de 10 metros entre la orilla y la primera fila, para que la gente pueda tener espacio para pasear manteniendo la distancia de seguridad de 1,5 metros”.

La voluntad de los y las bañistas es clave para poder respetar las medidas y permitir el trabajo de quienes están encargados de la seguridad. La paciencia será un factor clave si se pretenden tener vacaciones seguras.

En Valencia se intentaron imponer unos kits para delimitar el espacio seguro de las personas que acudían a la playa. “Los kits ni los ví. Por ahí habían varios que dibujaban un "perímetro" en la arena, pero de julio a agosto se fue relajando como todo”, explica el periodista Santiago Panza (Mayor Buratovich). También afirma que el control “en julio era bastante riguroso. Las playas de acá son amplias, entonces el aforo nunca fue un problema. Pero pasaba la policía viendo la distancia entre los grupos de personas y que éstos no fueran muy numerosos”.

Para el bonaerense a partir de agosto fue todo “más relajado, en parte porque había una necesidad de que la temporada funcione. La gente ya estaba acostumbrada a las normas de seguridad”.

Juan Molas, presidente de la Mesa de Turismo español, aseguró que los datos de la temporada fueron “demoledores, dramáticos y catastróficos”. En diálogo con la Televisión Española indicó que “la temporada de verano se vino abajo a mediados de agosto, cuando aún teníamos posibilidades de recuperar al menos una parte de lo perdido”.

El Instituto Nacional de Estadística ibérico señaló que la caída de los alojamientos fue de un 73,4% en julio y 64,3% en agosto en comparación con los mismos meses del año anterior.

La crisis mundial provocada por el coronavirus ha generado una baja en casi todos los indicadores económicos a nivel mundial, difíciles de contrarrestar en el corto plazo. El verano será una bocanada de aire donde es probable que la cantidad de contagiados caigan y que dé algún tipo de esperanza para el próximo año. Un verano que desde el otoño europeo, y en medio de la segunda ola de contagios, ya se mira con nostalgia.

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