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“Una noche en el Hospital Penna”, el relato de una joven bahiense que se hizo viral en las redes

El texto fue escrito por la estudiante de Ciencias Políticas que a principio de año publicó “El beneficio de ser pobres” y cuenta la experiencia de su hermano, a quien le amputaron un dedo en su paso por la guardia del nosocomio.

Luego de que se viralizara un relato en el que hablaba sobre pobreza y marginalidad, Mayra Arena volvió a publicar una reflexión en su cuenta de Facebook que ya fue compartida por casi 2 mil usuarios de la red social.

En “Una noche en el Hospital Penna”, la joven bahiense narra la experiencia de su hermano, a quien le amputaron un dedo en su paso por la guardia del nosocomio provincial.

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El texto resalta la “humanidad” con la que fue atendido el adolescente de 17 años en un contexto de extrema precariedad, con faltantes de medicamentos y camas, techos rotos, personal escaso y ambientes fríos.

“Gracias a todos los hombres y mujeres que le ponen el cuerpo a la salud pública, a las enfermeras y enfermeros que con una guardia sin médico ni calmantes nos atendieron con una sonrisa e hicieron lo mejor que pudieron”, expresa.

Los profesionales del centro de salud bahiense forman parte del reclamo que se desarrolla en instituciones de todo el territorio bonaerense para exigir un nuevo llamado a paritarias, mejoras en las condiciones laborales, nombramiento de empleados precarizados, cumplimiento de acuerdos y salarios dignos.

El relato completo

Anoche, mi hermano se enganchó un anillo en unos fierritos filosos y perdió el dedo. Fuimos a la guardia del Hospital Interzonal José Penna. Es interzonal, por lo que es el único que atiende casos de cientos de kilómetros a la redonda. No hay médico clínico en la guardia. Como era una urgencia y tiene 17, enseguida lo ve un pediatra. Lo mandan a quirófano rápidamente. Se lo amputaron. Se los digo sin anestesia porque así se lo sacaron a él. Sólo anestesia local porque no había anestesia para dormirlo. Mi hermano insiste si no lo pueden dormir todo, que siente que se va a desmayar. El médico muy humanamente le explica que de verdad no puede, que igual después no tendría dónde dejarlo porque no hay camas, que le va a poner un trapito adelante para que no vea nada. Mi vieja asiente. Me juego la cabeza que había pero la guardan para casos más graves. Nos dicen que esperemos, que va a demorar media hora.

Nos sentamos a esperar, pero nadie se saca el gorro ni la bufanda porque hace un frío de cagarse. Donde nos sentamos faltan tiras completas de machimbre y se ve y se escucha todo el piso de arriba. Tardan exactamente lo que dijeron. Sale mi hermano del quirófano y el médico nos explica que salvó todo lo que pudo: la primera falange. Nos mandan de vuelta a guardia a que le terminen de pasar suero. Vamos y las enfermeras lo terminan de preparar para que se pueda ir, y nos dan un calmante. Sí, literalmetnte uno, el que ven en la foto, porque tienen un sólo blíster para estirar toda la noche. Preguntamos si no se puede quedar ahí aunque sea por la noche, por si levanta fiebre, pero nos dicen que es imposible, que no hay camas. Que vaya y cualquier cosa vuelva.

Pienso en la que te dije y en la vez que dijo que no iba a construir hospitales porque se iba a dedicar a mejorar los que ya estaban. Tengo mucha bronca y rabia del estado del hospital, el techo roto, el frío, el calmante recortadito a tijera, las enfermeras trabajando a mil manos, la falta de médico, de camas, de todo. Se me caen las lágrimas de impotencia mirá, pero me gana la humanidad con la que nos atendieron. Asique sólo me queda decir GRACIAS. A todos los hombres y mujeres que le ponen el cuerpo a la salud pública. A las enfermeras y enfermeros que CON UNA GUARDIA SIN MÉDICO Y SIN CALMANTES nos atendieron con una sonrisa e hicieron lo mejor que pudieron. Gracias, gracias, gracias.

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