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¿PORTEÑO...TAMBIÉN LO SERÍA?

¿Por qué "Tucumano" sería un insulto y "Bonaerense" no?

El uso de "tucumano" como insulto en España permite echar a volar la capacidad de reflexión. ¿Alguien de ultraderecha ofendería diciendo a otro "bonaerense"?

En política el insulto es habitual que vuele como dardo envenenado, cargado de paradoja, furia y prejuicio. Hace pocos días, en España, un diputado de la facción política de ultraderecha, Vox, desató muchos comentarios de toda índole a ambos lados del océano Atlántico, al llamar "tucumano" a otro legislador, en un aparente intento de insulto.

Tucumano es simplemente un gentilicio que identifica a los habitantes de (obviamente) Tucumán, pero fue usado con una clara intención despectiva.

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Esto plantea una pregunta interesante: ¿Por qué "tucumano" sería ofensivo y peyorativo pero no lo sería, de igual manera, la utilización de "bonaerense"?

¿Qué carga simbólica y cultural tienen estos términos, y cómo se diferencian en su potencial hiriente?

¿Por qué, ni aquí ni en España, se le ocurriría a alguien atacar usando el término gentilicio de la Provincia de Buenos Aires?

Para abordar estas preguntas, es esencial entender el contexto y las connotaciones asociadas a cada gentilicio.

DE INSULTOS Y PREJUICIOS

Empecemos por el tucumano.

Tucumán, "El Jardín de la República", donde todo comenzó en 1816, provincia rica en historia, pero también "históricamente" estigmatizada por problemas sociales y económicos.

Muchas veces, los tucumanos son irracionalmente percibidos con ciertos estereotipos negativos en otras zonas del país, lo que facilita el uso del término como un insulto, incluso fronteras adentro.

En contraste, "bonaerense" refiere a los habitantes de la provincia de Buenos Aires, que rodea pero no incluye a la Capital Federal.

Aquí es donde el gentilicio "porteño" también podría entrar en juego, al referirse específicamente a los residentes de CABA.

El porteño, con su característico "personaje" de aires de superioridad autopercibida y su hablar rápido, es objeto de chistes y comentarios sarcásticos desde las provincias, incluso la de Buenos Aires.

Sin embargo, el bonaerense, aunque geográficamente cercano, no carga con el mismo bagaje simbólico, salvo por quienes confunden ambas regiones y a sus habitantes llevados únicamente por el acento similar.

Ser llamado "bonaerense" difícilmente sería percibido como un insulto; podría incluso interpretarse con un tono neutral o hasta positivo.

Ahora, si extendemos esta reflexión al escenario internacional, encontramos que los gentilicios pueden ser igualmente cargados de matices.

"GALLEGO" COMO SINÓNIMO DE "NACIDO EN ESPAÑA"

Para un argentino, llamar "gallego" a cualquier español es común, pero para los españoles, ser llamado "gallego" cuando son andaluces, vascos o catalanes puede ser visto como ignorancia del hablante e incluso parecer ofensivo.

Cada región tiene su identidad y sus sensibilidades. Los gentilicios reflejan estas complejidades, generalmente sin una causa objetiva, solo por costumbre.

Volviendo a la cuestión de por qué "tucumano" podría ser un insulto, al igual que porteño, mientras "bonaerense" no, es fundamental considerar la percepción y los prejuicios locales.

El término "tucumano" en un contexto despectivo probablemente busca explotar clichés sobre la provincia y sus problemas.

IDENTIDAD BONAERENSE

¿Por qué, entonces decir "Bonaerense" carece de una connotación negativa marcada y específica?.

Quizás habría que comenzar pensando en que la identidad en las provincias del norte es mucho más firme que en las del sur del país, y que Buenos Aires probablemente sea el estado argentino en donde más cuesta forjar esa identidad propia, por su enorme extensión y su número de habitantes, fuera de escala con respecto al resto de las provincias.

Esto nos lleva a la conclusión de que no es tanto el gentilicio en sí, sino las percepciones y los escrúpulos asociados a él, lo que determinan su potencial ofensivo.

Los gentilicios como "tucumano" y "bonaerense" llevan consigo una carga cultural y simbólica distintas que en un caso puede ser utilizada para insultar y en el otro simplemente para identificar.

La percepción negativa asociada a ciertos términos refleja prejuicios y estereotipos que, injustamente, persisten en la sociedad.

Entender estas dinámicas ayuda a desentrañar las sutilezas del lenguaje y la identidad, revelando cómo un simple término puede convertirse en un arma en la lucha por el poder y la dignidad, únicamente por la carga valorativa de quien lo menciona.

Cuando se escucha un gentilicio usado con intenciones despectivas, es útil reflexionar sobre las historias y lugares comunes estúpidos que subyacen detrás de estas palabras.

Hasta hace poco ser de ultraderecha era sinónimo de irracional, autoritario, antidemocrático y totalitario. La narrativa y los triunfos electorales quieren modificar esa percepción, pero los neandertales que aparecen desde esos espacios políticos en todo el mundo se obstinan en subrayar aún más ese...¿prejuicio?.

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