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HISTORIAS BONAERENSES

Ponerse la nariz y "ser otra cosa": un día con los Payamédicos en el hospital de niños de La Plata

Conocé la historia de Andrea Fabri y Facundo Pan, payamédicos en La Plata que todos los jueves visitan al Hospital de Niños Sor María Ludovica.

Llueve en la ciudad de La Plata. Cayó agua el fin de semana, el lunes, el martes y el miércoles. Hoy, jueves 14 de marzo, no es la excepción. Llueve en la puerta del Hospital de Niños Sor María Ludovica y también en Berazategui, donde Andrea Fabri, horas antes, se tomaba el colectivo que utiliza hace seis años para colocarse un traje.

Llueve, o ven llover a través de las ventanas del hospital, decenas de chicos con enfermedades duras, dolorosas.

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Andrea es miembro de Payamédicos en La Plata, una organización de voluntarios que visitan los nosocomios Sor María Ludovica, Sbarra y el Hogar para adultos mayores Antiguo Recreo Venecia. Todos los jueves -el Sbarra los martes- se dividen y visitan a pacientes con edades que van desde niños hasta ancianos. Ellos, se autoperciben como Paya Jueves de Sonrisas y comparten todo en sus redes sociales.

Jueves en La Plata; Payamédicos en el Sor Ludovica

Son las 12 del mediodía y Andrea espera su momento. Junto a ella, una valija gastada y pequeña contiene el traje con el que todos los jueves, desde 2018, alegra a niños con patologías graves y a familias con infancias en peligro.

No lo hace sola; espera a sus compañeros en la entrada del sanatorio. Mientras, explica:

—La intervención del payamédico depende no del paciente, si no del “produciente”, porque va a producir ese momento. El comienzo lo deciden ellos. Algunos quieren que cantes, otros que los escuches. Nosotros venimos sin saber qué vamos a hacer: es pura improvisación.

Suena el celular: cómo que ya estás adentro, no me esperaste, ya ya subo y nos cambiamos. Si, voy con invitados.

Antes de atravesar la vieja y clásica entrada, antes de celebrar las nuevas reformas, de apreciar los profesionales de salud mental, de decir y repetir que siempre fueron bienvenidos y que se sienten importantes en el hospital; antes de entrar, Andrea confiesa:

—Yo siempre digo que una vez que nos ponemos la nariz, dejamos de ser lo que somos afuera para convertirnos en otra cosa.

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Los payamédicos antes de entrar en acción en los pasillos del Sor Ludovica.

Los payamédicos antes de entrar en acción en los pasillos del Sor Ludovica.

De 1972 a 2024: cómo llegó la Payamedicina a Argentina

En 1972, el médico estadounidense Hunter Doherty Adams -más conocido como Patch Adams- creyó en la risoterapia como una actividad complementaria de la medicina tradicional y fundó el Instituto Gesundheit. A partir de ello, voluntarios de todo el mundo se visten de payasos con el objetivo de generar alegría en pacientes. La práctica alcanzó su mayor pico de popularidad en 1998 cuando el difunto Robin Williams interpretó la película Patch Adams, convirtiéndola en un clásico del cine hollywoodense.

En Argentina, la Asociación Civil de Payamédicos apareció en 2002, fundada como una ONG por el médico psiquiatra, ecografista, y especialista en terapia intensiva, José Pellucchi. Con una técnica dual basada en la payateatralidad y en la payamedicina, y a través de talleres, seminarios y cursos dictados por el doctor fundador, la organización creció a tal punto que cuenta con más de 8.000 integrantes distribuidos en todo el país.

En 2022, José Pellucchi dirá que la payamedicina es una terapia complementaria, no alternativa, que a la medicina vigente “le falta alegría y amor”. También explicará:

—La principal virtud para ser un payamédico es la solidaridad. Y efectuarlo desde la alegría, la teatralidad. Al payamédico le gusta actuar y ser gracioso. De alguna manera es ejercer la solidaridad desde lo payaso —y agregará:— En todos lados pueden existir la alegría y el amor. La payamedicina tiene toda una ciencia que la respalda. Detrás de esto, que quizás simplemente se ve como un gesto gracioso, está el saber.

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El payamédico José Pellucchi.

El payamédico José Pellucchi.

Andrea Fabri conoció al doctor Pellucchi en febrero del 2018, cuando realizó el curso para convertirse en payamédica: seis meses de formación divididos en “payamedicina” -lo referido a seguridad dentro del hospital, como el lavado de manos- y en “payateatrilidad”, que según Andrea, es “inventar instrumentos para llegar a los chicos”.

Ella es técnica radióloga. Tiene su trabajo, su familia, sus obligaciones, sus apuros. Sin embargo, desde el 2018, un día a la semana recorre 30 kilómetros de ida y vuelta que separan a Berazategui de La Plata para convertirse en Cleta, como dicen ellos, su “paya”.

Para ser payamédico no es necesario estar recibido, con el secundario y el curso mencionado, es suficiente. Eso y dedicación:

—Lo puede hacer cualquiera. Sólo tiene que dedicar 2 horas a la semana.

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Andrea Fabri es

Andrea Fabri es "PayaCleta".

La importancia de la Fundación Ludovica

Dentro del nosocomio, la lluvia parece no suceder. En la frondosa entrada, dos policías charlan y el tráfico es imparable: mamás jóvenes con sus bebés, más mujeres con niños de la mano y esporádicos padres, ingresan y egresan de quizás el hospital de pediatría más importante de la Provincia.

Las paredes mutan entre un gris opaco y un blanco brillante. Salas de espera, escaleras, camillas. Médicos, enfermeros, camilleros y más colores oscuros o pasteles, sin atenuantes. Todos parecen hacer y conocer su trabajo. En esa opaca rutina, Andrea se abre paso sin llamar la atención. Todavía.

De repente, la sorpresa: una inmensa sala con sillones, varias mesas, cajones personales, un televisor, muebles, juegos y una cocina con todos los electrodomésticos necesarios para una familia, se ancla en el Sor María Ludovica.

Se trata de la Sala Familiar de La Plata, inaugurada en 2017 por la Fundación Ludovica cuya función es albergar durante el día a padres de niños internados en terapia intensiva. Con capacidad para 75 personas y un look a lo McDonald`s, es un espacio fundamental de descanso y contención para aquellas familias del interior que recorren cientos de kilómetros por la salud de sus enfermos.

Dentro de ella, Facundo Pan, vestido de civil, espera a su compañera Andrea para cambiarse, colocarse la nariz y juntos convertirse en PayaLolo y PayaCleta: “¿Vamos?”

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Ser payamédico desde adentro

Ambos salen expulsados y disfrazados: su alegría y color desentonan en la frialdad hospitalaria. Chistes, chistes y más chistes. Antes de salir de la Sala Familiar, y mientras intenta ponerle una corbata a Facundo, Andrea describe lo puesto:

Siempre tiene que ser algo blanco, como la chaqueta o el guardapolvo, colores fuertes como el verde y la nariz siempre pero siempre naranja. NUNCA el color rojo, porque se asemeja a la sangre. Las mangas simétricas si no dan síntoma de caridad. Nada de cruces, iglesia, cielo… —mira para arriba con cara de preocupación y vuelve— y nada de afuera: acá somos un poco mágicos.

PayaLolo, o Facundo, es parte de Payamédicos La Plata desde hace nueve años, con la única interrupción de la pandemia, aunque la organización platense fue la primera del país en volver a un hospital en 2021. Para él, comenzó como una promesa pero descubrió una profesión:

—Por mi ahijada, que se salvó y fue una forma de agradecer. Después descubrí la vocación: llegué y me quedé —y adivinando la pregunta, dice que afuera, es igual.

—¿Sos médico?

—Soy abogado… pero soy igual de payaso.

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Facundo Pan es

Facundo Pan es "PayaLolo".

PayaCleta y PayaLolo atraviesan salas, suben escaleras, abrazan enfermeras, realizan saltos ornamentales, y gestos sin detenerse en la vergüenza. El objetivo: visitar la Sala del Hospital de Día, donde decenas de niños realizan tratamientos oncológicos, y la Sala Intermedia 9 y 2, que aloja a chicos que regresan de terapia intensiva.

“Hoy es un mal día”. La frase retumba en los pasillos: aparentemente ocurrió lo esperado en un hospital. Los enfermeros agachan la cabeza, apurados. Los médicos caminan de un lado para otro, metódicos. Los payamédicos, observan: con quiénes hablar, a quiénes hablar.

La visita a los niños que realizan el tratamiento de diálisis fue veloz: veinte minutos de risas estruendosas, burbujas y chistes de la final entre River y Estudiantes. Veloz en comparación a la hora que Cleta y Lolo compartieron con Rosana, Carla, Juana y María; madre, hija, madre e hija. Una hora de selfies, de chistes, de compartir el almuerzo, de mirar a periodistas invasores y de abrazos, de nos vemos la próxima.

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Antes de comenzar la jornada, Andrea había afirmado que no quiere plata, que con eso perdería el eje:

Esto es un voluntariado y tiene que ser así. Recibimos más de lo que damos. La sonrisa de un chiquito que la está pasando mal, es todo. Irte con un abrazo o que te recuerden, es impagable.

Al terminar, reafirma:

—Esto me parece que me ayuda a mí también. Muchos me dicen: “yo no podría ver a un pibe en esas condiciones” pero yo insisto: cuando te ponés la nariz, dejas de ser vos.

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