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HISTORIAS BONAERENSES

Ensenada y una historia familiar de "Ensueño"

La temperatura parece bajar uno, dos y hasta tres grados a medida que uno se adentra en el corazón de Ensenada. A pesar de que son las dos de la tarde de un martes más de junio, en el Camino Ingeniero Humet no se atestan autos en semáforos y no hay personas esperando el colectivo 275.

En las calles perpendiculares, con los colores fríos de las casas, las veredas sin gente y el silencio atronador que se interrumpe por el ladrido de perros callejeros; el tiempo parece estar detenido. Todo ocurre en una misma de paleta de colores hasta que en la esquina 25 de Mayo y Sarmiento, lo que aparenta ser una casa muestra en el frente: “Ensueño, Centro de Día”.

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Servicio destinado a jóvenes adultos con discapacidad intelectual, que tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de los usuarios y sus familias; favoreciendo su proyecto de vida personal y su inclusión social, mediante diferentes propuestas ocupacionales, artísticas, deportivas, recreativas y terapéuticas”: así se autodefine el Centro de Día Ensueño en su página web.

Además, en ella, cuenta los cuatro programas del Centro, los 29 talleres que se llevan a cabo, un breve resumen de los valores y fotos de los concurrentes. Exhibe los datos de contacto y más. Pero no cuenta que la familia Castagnani y Desio -padre, madre, hija, hijo, hijo- es la responsable de que todo funcione; no trasmite el amor de las fonoaudiólogas y del equipo de profesionales; no es suficiente lugar para mostrar la felicidad de los concurrentes.

A ese lugar Infocielo llegó y acá te cuenta su historia.

¿Un legado, una decisión, una apuesta? Los inicios de Centro Ensueño

El 1 de septiembre del 2010, Miriam Desio, Claudio Castagnani y sus tres hijos -Julieta, Facundo, Rodrigo- pusieron en funcionamiento el Centro Ensueño en el corazón de Ensenada. Comenzaron con tres concurrentes y hoy participan 52. El lugar era la casa del papá de Claudio que no siguió con el legado familiar, una panadería, pero construyó uno nuevo.

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En una de las tantas habitaciones -computadora, sillas, muebles, 52 carpetas con nombre y apellido, dos fonoaudiólogas, una familia- Miriam Desio, docente en discapacidad durante toda su vida, asegura que “no fue tan pensado, pero surgió, surgió lo de esta casa, es lo que me gusta, es lo que sé”. Y dice:

–De a poco fuimos creciendo y acá estamos ahora. Arrancamos con tres y hoy somos un montón. Mis hijos vivían la discapacidad: a medida de que iban creciendo, iban conociendo el tema. Cuando surgió esto, lo hablamos. Empezamos armar proyectos y después fue decisión de ellos.

Irrumpe Julieta Castagnani que minutos antes recorrió cada una de las salas detallando los 29 talleres y saludando por nombre y apellido a cada concurrente; Julieta que, comenzó con 20 años -hoy tiene 41-, atravesó dos embarazos y abandonó un trabajo en planta permanente en el Estado. Julieta que, irrumpe y cuenta:

–Todo no se puede. Como íbamos creciendo, fue toda una decisión y es una necesidad que estemos todos, es trabajar bastante tiempo. Acá estamos hasta un horario pero después hacemos mandados, trámites, compras… abarcamos mucho.

Rodrigo y Facundo Castagnani tienen 35 y 42 años. Ambos son profesores de Educación Física y trabajan tiempo completo en “Ensueño”. Alguna vez tuvieron otro trabajo pero debieron renunciar.

–Fue toda una apuesta –dicen, casi al únisono, los hermanos.

Para trabajar en familia hay que tener el mismo objetivo

–Siempre, pero siempre, el objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas que asisten a este servicio. Siempre buscamos que se brinde lo mejor. Apuntamos eso, y entre todos buscamos la forma.

Y sobre el desafío de trabajar en familia, Julieta también afirma que es una “construcción en conjunto” que, como una máquina aceitada, “cada uno tiene su función, si bien las decisiones son de todos, cada uno cumple una determinada actividad”. Baja la espuma y con determinación, sentencia: “Siempre llegamos al mismo punto, siempre terminamos. Tenemos un objetivo claro, entonces le buscamos la vuelta”.

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Y no es sólo tomar decisiones: además de los profesionales, los Castagnani se encargan de contratar el transporte que busca a los concurrentes, de recibirlos cerca de las 8 a.m., de preparar el desayuno y de que los 29 talleres que se dan, ocurran.

También realizan las entrevistas de admisión, las compras de comida, materiales y elementos cuando todos se van, cerca de las 16. Además, organizan salidas a teatros, a colonias en verano, a torneos. Solucionan problemas y más.

–¿Se van de vacaciones ustedes? ¿Cómo hacen para que este lugar funcione los 365 días del año?

–No podemos contratar más gente, la situación económica es difícil. Nos turnamos… –cuenta Rodrigo entre risas y es interrumpido por Julieta:

–A veces es difícil porque pasan cosas cuando estamos de vacaciones. Siempre me tocan a mí los estrezasos. Estás de vacaciones pero nunca perdés contacto.

Qué es ser parte del Centro de Día “Ensueño”

Ansiosas por hablar, Gisele Escudero y Laura Fernández saludan, se sientan y esperan su turno. Ambas son fonoaudiólogas, trabajan desde hace 12 años en “Ensueño” y afirman que es trabajar en una gran familia.

–Formamos parte del equipo de profesionales, tenemos reuniones y planteamos casos particulares. Además, damos el taller de comunicación activa, otro de comunicación alternativa que son para aquellos que no tienen el lenguaje verbal. Pero nada se compara a eso… –relata Laura y tácitamente le da la palabra a Gisele:

–Están a full con el taller de radio: lo organizaron todo ellos, con diferentes tópicos, puestos en el programa.

El taller de radio comenzó en marzo de 2023 y hoy es uno de los principales atractivos de Ensueño. Con el nombre “El Arte de Comunicar” y materiales caseros, los concurrentes hablan de deporte y actualidad. Pero Gisele cuenta quizás la principal motivación:

Creo que lo que los motiva tanto es ser vistos. Tener una discapacidad en este país no es fácil. Tanto para los padres como para ellos es muy importante que se visibilice que ellos también tienen derechos.

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Hace algunas semanas, integrantes de “Ensueño” visitaron la radio platense La Cielo, cumpliendo un verdadero sueño. Laura, agrega:

–El tema de la radio es que ellos sienten que puedan trascender, que pueden extenderse más allá del centro, que todos somos iguales.

Aquí, una pequeña muestra de "El arte de comunicar":

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Así arranca "El arte de comunicar". Escuchalos.

“Ensueño”, un lugar que no se puede definir en pocas palabras

Ensueño cuenta con varios espacios: una cocina, salas comunes, un espacio de reunión para psicólogos, fonoaudiólogos, kinesiólogos, para la fisiatra, una sala de computación, baños, un patio, una huerta. Además, cada rincón tiene los elementos de seguridad establecidos por la ley.

Pero más que un lugar donde 52 personas intentan mejorar su calidad de vida, para Gisele y Laura es “un lugar donde se puede trabajar en comodidad, con armonía, donde cada concurrente puede trabajar con sus capacidades y deseos. Donde no hay un tope, no hay un techo porque tal, no existe”.

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Y a pesar de que el contexto actual -crisis económica, inflación, incertidumbre-, la familia Castagnani-Desio se las arregla: “Acá están todos por obra social, y lo que nos paga obra social no es acorde a la inflación”. Así lo explican los hermanos:

–Se trabaja mucho con materiales que se reciclan y nos "rebuscamos": vamos a la maderera o a la casa de telas y pedimos retazos que sobran y así hacen el taller de manualidades, de maderas, clavos, semillas y así. Buscamos precios por todos lados.

Más allá de esas dificultades -o desafíos-, Miriam y Claudio aseguran que “Ensueño” es su vida:

–Venir es una necesidad. Llegamos y no sabés como nos reciben los chicos: saben que somos una familia y nos preguntan cosas de la vida. Ellos saben todo de nosotros.

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La familia Castagnani - Desio, los responsables del Centro de Día

La familia Castagnani - Desio, los responsables del Centro de Día "Ensueño" de Ensenada.

Julieta, con emoción confiesa:

–Hemos pasado un montón de situaciones. Esto es parte de nuestras vidas y la de nuestras familias. Cuando les pasa a algo a alguno de los chicos, se sufre. Son más que un cupo, que un nombre y apellido. Me parece que es más que un trabajo, ¿no?

Rodrigo y Facundo asienten con la cabeza. Se miran los tres hermanos y la madre: ya saben cuál es el próximo paso.

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