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OPINIÓN: SE FUE EL ÚLTIMO DE UN LINAJE

Adiós a Gerardo Rozín: apasionado y orgulloso productor de televisión

Sentido homenaje del ambiente de la televisión argentina al productor devenido en conductor Gerardo Rozín. Se va el último de los representantes de una estirpe

Ser productor de televisión no es igual a ser periodista, conductor, animador, humorista, ni showman.

No es el "entratainer".

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Es el que le permite lucirse al protagonista.

Es la cabeza detrás de cada proyecto. Si tiene éxito, se debe mayormente a su pasión, creatividad, y dedicación.

Es el que no para hasta conseguir a ese japonés desnudo en la punta del Obelisco a las 4.30 de la madrugada, si fuera necesario.

Es quien acepta desafíos impensados y se despierta en la noche abruptamente para recordar que falta hablar con el iluminador, la escenógrafa, o el pasante que tenia que hacer el cartel de los "PNT" a tiempo y en letra grande.

Ese era Gerardo Rozín.

Con cabeza "multitasking", que podía estar en todo a la vez, incluso cruzar esa pecadora barrera que separa a la cofradía de los grandes productores, de aquellos "figurones" que aparecen en pantalla.

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Una foto de los inicios de Gerardo Rozín en su verdadera vocación: Productor de Televisión

Una foto de los inicios de Gerardo Rozín en su verdadera vocación: Productor de Televisión

Un día aceptó el desafío y, sin ser ni alto, ni galán, ni hablar con una dicción perfecta, confió en el carisma que muchos le decían que tenía, y decidió cruzar esa valla entre el detrás y el delante de cámara.

Y no le fue mal.

No a todos le gustaba su estilo. O su tono de voz.

Su pinta de gordito algo nerd y obsesivo le jugaba en contra.

Pero la calidez, el entusiasmo, la pasión, la entrega, el empuje y el permanente martilleo sobre su equipo, le permitió granjearse un sitial entre los más importantes de la TV contemporánea, codeándose y siendo respetado (y hasta admirado) por los máximos exponentes del medio.

REVALORIZANDO LO CLÁSICO

Siguiendo las huellas de Badía, Castelo, Guinzburg, o el recordado uruguayo Pinocho Mareco, Gerardo Rozín elaboró artesanalmente un personaje querible, humano, y junto al que los artistas se sentían cómodos, contenidos y valorados.

Devolvió a la tele algo de la frescura y la calidad perdida, sin resignar el buen gusto, y la impronta de los programas que ya no existen.

Su "Peña... " se transformó en uno de los últimos espacios en los que se palpitaba que no todo estaba perdido, y en donde la obsesión por parecer "cool" no era lo más importante, sino el lucimiento del artista y de sus compañeros de equipo.

Acompañando desde atrás un "recital en vivo" con un aplauso rítmico, y trasuntando la timidez del productor devenido en primera figura, Rozín construyó un estilo natural; clásico pero innovador, en el cual quienes ya doblan el codo de la vida, entendían que aunque ya no son éstas sus épocas de esplendor, ni la pulpa de la existencia, un costado de la impronta del comienzo de la democracia, con ese despertar algo "naive" pero esperanzador, aún convivía con nosotros escuchando a Jairo, a Fito, a Baglietto, a Víctor Heredia y a Liliana Herero, Julia Zenko, Silvina Garré u otras artistas que si no estaba él, hubieran desaparecido de la pantalla chica.

SE FUE EL MEJOR DE LA CLASE

Vaya entonces un homenaje para el último de la vieja guardia, que con apenas un año más de medio siglo de vida, pudo colgarse del "furgón de cola" del buen gusto, la clase, y la calidad, para intentar hacer aquello para lo que tanto se preparó una generación de comunicadores ya veteranos, que a la luz de los tiempos, parecen ir quedando "demodé" en la televisión.

Gerardo, bienvenido al primer día del resto de tu bronce. No serás olvidado.

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