Sociedad
OPINIÓN

Dudas y desafíos sobre un "Sistema Nacional Integrado de Salud"

La creación de un Sistema Nacional Integrado de Salud como el que propone el kirchnerismo es una gran oportunidad, pero acarrea enormes desafíos.

El sábado 30 de octubre se realizó en la Universidad Nacional de José C. Paz el 8º Encuentro Nacional de Salud con la consigna “Hacia un Sistema Nacional integrado de Salud”. Hubo una participación masiva: se habla de quince mil personas vinculadas a los distintos estamentos de esta actividad (Salud y Medicina) y este miércoles 3 de noviembre se presentará en el Centro Cultural Kirchner un libro compilado por los doctores Daniel Gollán y Nicolás Kreplak sobre las conclusiones de dicho simposio.

Nos parece una gran iniciativa que requerirá mucha creatividad e impulso desde el Estado, porque a semejanza de todos los avances en tecnología de la comunicación (léase internet) y en biotecnología han sido hechos de esta manera.

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Hay, sin embargo, algunas preguntas que nos inquietan. A saber: ¿Cómo se financiará el sistema? ¿Cómo se promoverá el desarrollo y la capacitación del recurso humano? ¿Cómo resultará la accesibilidad de los usuarios? ¿Cómo se tratará a los actuales prestadores participantes en el sistema que se propone?

Respecto al financiamiento debemos definir primero cuáles son los costos más importantes que se afrontan para brindar servicios de salud a la comunidad. Está el costo de los medicamentos e insumos importados, el costo de la muy renovada tecnología relacionada especialmente con el diagnóstico (TAC, RMN, Ecografía, Robótica quirúrgica, etc.). No hay duda que este es el núcleo de la cuestión.

El mismo dr. Daniel Gollán decía en una entrevista televisiva que es preciso utilizar distintas estrategias para bajar el costo de los medicamentos, especialmente los de alta utilización en forma crónica para el tratamiento de la diabetes tipo II y la hipertensión arterial, enfermedades que crecen exponencialmente; así como los de breve utilización pero altísimo costo para el tratamiento del cáncer, llamados inmunoterapia especifica (tipo anticuerpos monoclonales) que por su costo están desfinanciando a poderosos sistemas nacionales de Salud como el de Gran Bretaña y otros países europeos.

El aludido especialista hablaba de estrategias como “Compras de Conjunto”, es decir bajar costos por compras a gran escala luego distribuidas a los beneficiarios del sistema. O también revitalizar la Ley de Genéricos que promovió el exministro Ginés González García para bajar costos de marketing, que funcionó pero no perduró por no ser militado por los pacientes ni por la industria.

Finalmente podría acudirse a la creación de nuevos laboratorios farmacéuticos publico-privados nacionales como ocurrió con Richmond y la vacuna Sputnik V para la fabricación nacional de medicamentos biológicos de alto costo como los ya mencionados, ya vencidas sus patentes originales a los que se ha denominado Biosimiles.

Algo parecido podría suceder con la tecnología si el ministerio de Ciencia y Tecnología propiciara la investigación y desarrollo de ecógrafos, tomógrafos o resonadores para no tener que importarlos. Si fuimos capaces de desarrollar satélites comunicacionales, ¿por qué no podríamos hacerlo? Todo lo enumerado colaboraría para bajar los enormes costos de la salud, que no son precisamente los aranceles médicos.

La segunda pregunta inquietante refería al desarrollo del recurso humano, es decir médicos/as y enfermeras/os básicamente. ¿Qué decir al respecto? En principio, que sería útil extender la carrera de Enfermería Universitaria a todas las facultades de Medicina del país. En segundo lugar, que se podría evaluar la capacitación que brindan las facultades de medicina, mediante la Coneau, y eventualmente aggiornar su currícula y calidad docente para homogeneizar la calidad de todas ellas. También sería importante crear nuevas residencias médicas en donde falten con un criterio federal.

La tercera pregunta refería a la accesibilidad. Es bien conocido que en países como España existe un Sistema Nacional de Salud con serias dificultades de acceso por razones organizativas que ha hecho que un subsistema privado coexista ya que el estatal no llena su cometido. Por una cirugía no urgente tendrás un turno dentro de tres meses promedio. Es también público y notorio que nuestro sistema de salud estatal o público tiene también problemas de este tipo, con seguridad en la Provincia de Buenos Aires. Las mujeres hacen cola bien temprano en la maternidad de La Plata para acceder a un turno de Consultorio.

Sobre el cuarto y último punto, que indagaba sobre el rol de los de los actuales prestadores no públicos, no se pueden hacer predicciones. Todo es futuro e incertidumbre. Sólo esperamos que este SNIS no se parezca a IOMA, que ajusta sobre los débiles y concede a los poderosos. Podemos opinar como prestadores y como afiliados de varias décadas, y no tenemos muchos elogios que dispendiar, ya que siendo un monopolio estatal con 2.600.000 usuarios en la Provincia -más del 90 por ciento obligatorios- no hace casi nada para bajar los altos costos que lo desfinancian y sólo ajusta sobre sus afiliados bajando la cobertura de medicamentos o macaneando con dar cobertura integral sobre ciertas prácticas como reproducción asistida en la actualidad.

Pero especialmente va sobre sus prestadores, intentando competir con ellos, creando centros de atención con médicos a sueldo mientras no negocia un mecanismo de actualización de los aranceles médicos y de enfermería y hace claro abuso de posición dominante sobre ellos sin ruborizarse, cuando el gobierno nacional tiene una disputa sobre precios con los oligopolios de la industria alimentaria. Está claramente a contramano de la historia y tiene prejuicios injustos e indebidos sobre los médicos y su actividad, la de los “héroes de la pandemia”. Menos mal que el Estado nacional sí asistió a las pymes de la salud sino todas estarían camino a la quiebra.

Sobre esto nada dijo Gollan porque es el lado oscuro de las políticas de Salud de la sociedad bonaerense. Finalmente creemos que se debería apoyar este proyecto que entiendo la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner está impulsando con miras no sólo a bajar los costos sino para alcanzar una medicina igualitaria y de calidad para todos.

Sin dudas que para llevarlo a cabo este gobierno deberá ser reelegido en 2023, porque es una enorme tarea que demandará mucho tiempo y esfuerzo para no fracasar en el intento, como ya le ocurrió a varios gobiernos comenzando por el de Raúl Alfonsín y Neri en 1983-84. Esto es como alcanzar el desarrollo económico y social, o parte de el: un logro nunca alcanzado antes que profundizara nuestra democracia. Ojalá así sea y lo conozcamos.

El autor, José Romero, es médico ginecólogo, MP 180384

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