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HISTORIAS BONAERENSES

El churrero de Lomas de Zamora que terminó trabajando para Rafael Nadal en Mallorca

Vendía churros en Lomas de Zamora, abrió 6 restaurantes, se fundió en el 2001 y tras un secuestro emigró a Mallorca, donde conquistó el paladar de Rafael Nadal

Faltan apenas unos minutos para la medianoche en España y en menos de siete horas, Juan Carlos Ávalos Molina deberá estar despierto para iniciar su extensa jornada de trabajo como asesor de tres restaurantes, y como chef ejecutivo en el restaurante del lujoso hotel Zafiro de Palma de Mallorca. El ex vendedor de churros de la estación de Lomas de Zamora no se molesta al atender la llamada proveniente de su país natal. “Todo lo que sea para Argentina, lo hago con gusto”, responde a INFOCIELO y empieza a revivir momentos de su vida que lo marcaron a fuego.

Una de las imágenes que no puede borrarse de su memoria es cuando, en 1972, le tocó sufrir la pérdida de su madre. Tenía apenas 6 años y una vecina de su hogar, en Monte Grande, lo estaba cuidando mientras en el exterior llegaba un coche fúnebre con el cuerpo sin vida de su madre, quien padecía cáncer de mama.

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“Estaba en un baño y había unos agujeritos entre ladrillo y ladrillo, entonces yo miraba desde ahí y me di cuenta de que estaba pasando algo”, recuerda y explica que eso que advertía era que “estaba llegando la furgoneta fúnebre con el cadáver de mi madre”.

Poco tiempo después, en mayo de 1978, Juan Carlos y su hermana quedarían huérfanos tras el fallecimiento de su padre. “Mi padre era una persona completamente díscola, no estaba atento a sus hijos y no nos trató bien, entonces mi abuelo, un hombre mayor, se hizo cargo de la situación”, comenta Ávalos Molina, que a los 13 años se fue a vivir junto con su hermana a Lomas de Zamora, al cuidado de don Emiliano, su abuelo.

A partir de ese momento, para colaborar con su abuelo empezó a trabajar de todo lo que pudo: en una fábrica de zapatos; en distintas ferias en Longchamps, Guernica y Glew vendiendo fiambres; en restaurantes como mozo y en la estación de Lomas de Zamora como churrero.

“Trabajar con la venta de churros me daba la posibilidad de terminar la Primaria, que había dejado en cuarto grado. Pude estudiar de noche, haciendo quinto, sexto y séptimo grado en el mismo año”, cuenta Juan Carlos, que continuó vendiendo churros en uno de los andenes de la estación lomense hasta que le llegó la posibilidad de trabajar lavando platos, vasos, copas y tazas en un bar en la calle Laprida, la arteria más importante de esa misma ciudad. De bachero pasó a ser mozo en poco tiempo y empezó a conocer a los comerciantes de la zona, a quienes tenía que acercarles bandejas cargadas con café, medialunas, jugos y tostados.

A medida que iba creciendo en edad, también iba ganando experiencia en el rubro gastronómico, donde encontró su pasión y empezó a soñar con tener su propio restaurante. Al mismo tiempo fue ampliando su círculo de contactos. “Estuve rodeado de gente muy buena, que no me regaló nada. Lo único que les pedía era trabajo y que me cuidaran”, dice el ex churrero.

En la década del 90 llegó su momento y le surgió la posibilidad de comprar una parrilla ubicada en la calle Castelli, que bautizó con el nombre “La Casona”. A pesar de que era su primer gran emprendimiento, la cosa marchaba mejor de lo que esperaba: el lugar empezó a ser frecuentado por políticos, artistas, empresarios y deportistas.

“El polo gastronómico de Las Lomitas se generó a partir de La Casona, yo fui el precursor de esa zona”, asegura Ávalos Molina. La Casona sería el primero de los 6 locales gastronómicos que abriría en la zona sur del Gran Buenos Aires. Posiblemente el más importante de todos fue “Café París”, que fue adquirido en sociedad con otros dos amigos.

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El Café París fue posiblemente el más politizado de la Provincia durante los 90 y principios del 2000. “Ahí se cocinaba toda la política de la Provincia en su momento”, indica quien fue su dueño y revela: “Estuve rodeado de gente muy importante cuando Lomas de Zamora era la cuna política bonaerense, incluso del gobernador que en algún momento llegó a ser presidente, era cliente mío”.

La realidad parecía sonreírle y, cuando pensó que podría llevar su sueño a lo más alto, de un momento para otro, todo empezó a desmoronarse. “Un día salía de comer de un restaurante de Remedios de Escalada y vi fogatas y ruedas quemadas por todas partes”, relata Juan Carlos, que miró al amigo que había ido a comer con él y le preguntó si se jugaba la final de algún evento deportivo, aunque al poco tiempo entendió de qué se trataba: los piquetes, los cacerolazos y la furia contra el gobierno de Fernando de la Rúa se habían apoderado de las calles en distintos puntos del país.

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El entonces Ministro de Economía, Domingo Cavallo, había anunciado las restricciones para retirar el dinero que los ciudadanos tenían depositados en cuentas corrientes y cajas de ahorro. En otras palabras: el famoso “corralito”. El fundador de “La Casona” no quedó exento de esas medidas. “Me daban 50 o 100 pesos para pagar a los proveedores diariamente. Tendrías que ser mago para gestionar todos esos problemas ”, apunta.

La situación era insostenible y lo obligó a desprenderse de todos sus locales, pero las complicaciones no terminaron ahí. En 2002, mientras sacaba equipaje del baúl de su auto tras regresar de la Costa Atlántica, fue sorprendido por dos delincuentes que lo secuestraron y lo hicieron pasear por todos los cajeros automáticos de la zona para vaciarle todo el dinero que tenía depositado en el banco. No conformes con lo obtenido, los sujetos pidieron un rescate que debieron abonar familiares y amigos del ex comerciante gastronómico de Lomas de Zamora.

Esa desagradable experiencia fue el detonante para que Juan Carlos hiciera las valijas con la mira puesta en la paradisíaca ciudad española de Palma de Mallorca, aunque aclara: “Yo no vine con la decisión de quedarme a vivir aquí porque no tenía la documentación” Según menciona, llegó con un pasaje de vuelta abierto a 3 meses un 17 de agosto y “el 19 ya estaba trabajando”.

LA NUEVA VIDA EN MALLORCA Y SU VÍNCULO CON RAFAEL NADAL

Los primeros pasos en territorio mallorquín los dio en un restaurante llamado “Asadito”, que tal como indica su nombre, se especializa en carnes a la parrilla. “Me dijeron que fuera a hacer una prueba y me fue muy bien”, sostiene el cocinero, que debió adaptarse y aprender rápidamente nociones básicas de distintos idiomas: “Todos dicen de venir a España por el idioma, pero donde estoy es todo turismo; hay alemanes, franceses, ingleses, daneses, italianos”.

A pesar de las dificultades iniciales, ese obstáculo era mínimo en comparación con todas las adversidades que había tenido que afrontar a lo largo de su vida, y una vez más pudo salir a flote.

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En ese restaurante tuvo la oportunidad de conocer en persona a celebridades de la talla de Julia Roberts, teniendo el lujo de tomarle su pedido. También tuvo el privilegio de cocinar ni más ni menos que para la superestrella del tenis, Rafael Nadal.

“Donde yo trabajaba había 5 box y cada box tenía el nombre de una isla española; Rafa Nadal venía a comer con Toni Nadal, su entrenador, con su madre, con Carlos Moyá, con Xisca Perelló—su actual esposa—, y se metían siempre en mi box cerca de las once y media de la noche”, cuenta el chef y admite: “Nos tocaba realmente los cojones que viniera alguien a esa hora porque ya estábamos limpiando y cerrando, pero yo me quedaba igual”.

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Un día, una llamada proveniente de un número desconocido sorprendió a Juan Carlos mientras manejaba su vehículo. “Soy Sebastián”, dijo una voz del otro lado del celular. El argentino se quedó pensando un momento, pero la persona que llamó completó: “Sebastián Nadal, el padre de Rafa, me dieron tu número en el restaurante. Hemos considerado que eres la persona adecuada para trabajar con nosotros, así que te invitamos a una entrevista con el director de Recursos Humanos”.

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Sin poder creer lo que escuchaba y con las piernas temblando por la ansiedad y los nervios, Avalos Molina coordinó una reunión y a los pocos días participó de una prueba y un casting que tuvo alrededor de 230 aspirantes. El cocinero argentino llegó a la etapa final del proceso con un chef sevillano y cada uno debía presentar su propia cartilla de cocina. La propuesta del ex vendedor de churros fue la que más convenció a los evaluadores y de esa forma se incorporó al equipo que trabajaba para el reconocido tenista español.

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“Trabajé en dos sitios con él: en la Academia de tenis y en Sa Punta, un restaurante muy bonito que tienen ellos sobre la bahía de Son Servera, cerca de su casa, que es de los mejores de Mallorca”, precisa Juan Carlos, que también participó en octubre de 2019 de la boda de Rafael Nadal con María Francisca “Xisca” Perelló, su actual esposa.

LA VUELTA A LA ARGENTINA DESPUÉS DE 20 AÑOS

Aunque reconoce que en Mallorca “se vive caro”, Juan Carlos Ávalos Molina no se arrepiente de la decisión que tomó hace casi 2 décadas. “Vivo bien, no sé lo que es pinchar una rueda o que me corten la luz y el gas”, afirma, aunque no renuncia a sus raíces: “De la Argentina extraño todo. Vivo más pensando en Argentina que en España”.

Según comenta, el retorno a su país natal tiene una fecha estipulada: será en noviembre, cuando viajará hacia Buenos Aires para reencontrarse con sus amigos, y conocer cara a cara a sus sobrinos.

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Otro de los motivos de su vuelta tiene que ver con la ilusión que aún mantiene viva, de volver a tener su restaurante en Lomas de Zamora. Según el chef, el año pasado estuvo a punto de poner en marcha un nuevo proyecto gastronómico, pero la pandemia frenó los planes.

“El sueño sigue latente, tengo muchas ganas de ir a Lomas y de tener a mis amigos conmigo, que fueron lo empleados que me bancaron en todo momento. Aquí en Mallorca hay un par de personas que me preguntan ‘¿Quieres que vayamos a la Argentina a hacer alguna cosa guapa?’ Tengo muchos conocidos que quieren invertir en Argentina ”, se ilusiona el cocinero, aunque mantiene la cautela: “Hasta que yo no vaya y vea la realidad con mis propios ojos, no quiero hacerle arriesgar nada a nadie”.

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