ANÁLISIS

Tips para reconocer una interna falsa: el caso del PJ Bonaerense

Una interna sin contenido, sin debates, ¿es una verdadera interna? El PJ Bonaerense parece más que nunca una cáscara vacía.

Desde que comenzó este extraño 2024 el PJ bonaerense es noticia por una suerte de interna que dividiría -cuándo no- a La Cámpora de un grupo de intendentes que parecieran escudarse -o menos probablemente escudar- al gobernador Axel Kicillof.

Se trata de una discusión cuyo contenido no termina de trascender y cuyos orígenes sería mejor no haber conocido jamás. Quienes la narran en off sitúan su origen en un desplante de Máximo Kirchner hacia Jorge Ferraresi, intendente de Avellaneda y ex vicepresidente del Instituto Patria de Cristina. Habría sido la gota que rebalsó un vaso.

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“Estuvo tres semanas sin atenderle el teléfono”, susurró un intendente un poco horrorizado que utilizaba la anécdota en contra del presidente del PJ Bonaerense. El culebrón telefónico escaló a un punto en el que Kirchner decidió unilateral e intempestivamente poner a disposición su cargo y convocar a elecciones para noviembre.

Es curioso porque el hijo de la Dos-Veces-Presidenta-De-La-Nación repitió el modus operandi que lo llevó a la presidencia del partido en diciembre de 2021. La historia es conocida: el Consejo del Partido se reunió por zoom en convocatoria exprés, declaró caducos el mandato que alternaban Fernando Gray y Gustavo Menéndez, luego llamó a elecciones y sin oposición tomó el partido.

Axel Kicillof, Máximo Kirchner y rumores de una interna

Hay que decir que los rumores de una interna le vienen fenómeno al peronismo para dar prueba de vida. La agenda política está dominada por la iniciativa de Javier Milei. El Presidente, a puro latigazo, domó a Juntos por el Cambio. Lo que fuera hace un año Unión por la Patria juega en modo trosko y se opone a todo. Ahí no hay noticia.

Axel Kicillof habla de otras cosas y parece sobrevolar el campo de batalla a pesar de que un bando lo lleva como estandarte. El Gobernador camina el país haciendo amigos inesperados: Nacho Torres, mandatario de Chubut, Maxi Pullaro, su par de Santa Fe. Parece improbable que esas personalidades converjan en un mismo frente electoral, al menos en el corto plazo. El mensaje parece indicar que se gesta algo nuevo y no mucho más.

Sin esa dizque interna y sin esos gestos de Kicillof, nadie hablaría del peronismo y alguno se animaría a darlo por muerto. Esa es la primera razón para dudar de la existencia misma de la cosa.

Una cáscara vacía y mucho eco

Otra razón es la falta de contenido de la discusión. ¿Qué debaten kirchneristas contra kirchneristas? ¿Cuáles son las políticas que unos impulsan y otros resisten? ¿Cuáles son las ideas que unos reivindican y otros rechazan? No hay noticias sobre tales tópicos. “Es una discusión de poder. Se pelean por la lapicera”, explicó un intendente que la mira de afuera.

Baste como ejemplo lo que pasó desde el fin de semana hasta hoy. Axel Kicillof cerró un plenario militante en Florencio Varela. La Cámpora y los intendentes que le orbitan no aparecieron en la foto. La Cámpora de Isidro que es La Cámpora del Cuervo Larroque le recriminó a La Cámpora de Máximo Kirchner el desplante.

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El PJ Bonaerense y una guerra de fotos: esta es de Florencio Varela y falta La cámpora

El PJ Bonaerense y una guerra de fotos: esta es de Florencio Varela y falta La cámpora

“Están viendo quién pone al próximo gobernador”, se animó otro de los que rondó Florencio Varela el último fin de semana. Ok, la lapicera, ¿para qué? Las últimas experiencias de armado de listas fueron traumáticas para el peronismo y lo que armó en derredor. Máximo Kirchner y Martín Insaurralde convocaron a firmar a la vuelta del edificio de calle 54, casi a escondidas de sus propios compañeros. Contemplando ese dato, la pelea por la lapicera no es menor.

Hay preguntas accesorias para hacerse: ¿Es el momento? ¿Es el contexto? ¿Son los modos?

Una interna con utilidades

La falsa interna peronista tiene otras utilidades. Tener dos bandos en pugna es útil en aras de contener disidencias incómodas. Jorge Ferraresi ya reclutó a viejos barones como Baldomero Álvarez o Raúl Othacehé. Dirigentes que no ganan pero pueden hacer daño. Le dio una zancadilla a la “pata peronista” que el poder no peronista promete construir cada vez que se avecinan elecciones.

Algo de eso hay, porque a Kicillof le vienen planteando que se corra un poquito a la derecha para pescar aunque sea marginalmente en ese electorado. El Gobernador tiene para eso a Sergio Berni, que cada tanto patea el hormiguero, y no mucho más. De paso, Berni dijo lo que había que decir sobre este tema: “Es una discusión que no es del gobernador, que no le interesa y que sobrevuela por todo eso”.

Finalmente está el tema de los cargos. Si es verdad que La Cámpora reniega de Kicillof, ¿cómo mantiene a sus funcionarios en el Gobierno? Es una pregunta que se enuncia con algo de pudor porque la evidencia empírica es que ya ocurrió durante el mandato de Alberto Fernández.

El ejemplo de Máximo Kirchner

Máximo Kirchner enumeró, con dudoso sentido de la oportunidad, a sus infiltrados en el Gobierno provincial. En una entrevista que dio la semana pasada se arrogó incluso cierto padrinazgo sobre Andrés Larroque, que ya no le reporta. Nadie entendió cuál era el mensaje.

Enumeró a la ministra de Ambiente, Daniela Vilar; al ministro de Trabajo, Walter Correa; a la ministra de Cultura, Florencia Saintout. No dijo nada de Martín Insaurralde, el todopoderoso Jefe de Gabinete que le fue impuesto al Gobernador en 2021 y que se erigió como principal socio político de Kirchner para dominar el tablero bonaerense.

Esa omisión no es menor. Antes de entablar cualquier tipo de discusión política, antes de azuzar una interna, antes de pelear por cargos y lapiceras, el todavía Presidente del PJ Bonaerense debería expedirse sobre el asunto de Marbella y hacer públicas sus razones y su autocrítica.

El diputado nacional no es muy bueno poniendo ejemplos. En otro tramo de la entrevista dijo que hay dirigentes que se aferran a los cargos y no dejan "ni con la orden de un juez". Curiosa analogía que le aplica porque su mandato como presidente del PJ está judicializado.

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