GOLPIZAS Y SIMULACRO DE FUSILAMIENTO

Histórico: diez años para los prefectos que torturaron a dos jóvenes de la Garganta Poderosa

Tras haberse realizado un duro camino para llevar a los responsables a la justicia, el Tribunal Oral Criminal 9 determinó que los seis miembros de Prefectura realizaron “torturas” y recibieron una pena de entre 8 y 10 años de prisión.

En lo que será una condena histórica, el Tribunal Oral Criminal 9 finalmente dio a conocer las penas para los prefectos que torturaron a dos jóvenes miembro de la organización La Poderosa en septiembre de 2016.

Los uniformados ya estaban detenidos, pero ahora recibieron penas que van de ocho a diez años. Es por los delitos cometidos contra Iván Navarro y Ezequiel Villanueva Moya, quienes habían recibido golpizas y simulacros de fusilamiento por miembros de Prefectura en la villa 21-24.

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De esta forma los prefectos Leandro Antúnez, Orlando Benítez, Osvaldo Ertel, Eduardo Sandoval, Yamil Marsilli y Ramón F. Falcón fueron condenados por haberse comprobado que los jóvenes habían recibido “torturas”.

"Aquel 24 de septiembre que ojalá termine hoy, nos detuvieron, nos pegaron, nos secuestraron y nos llevaron hasta la vera del Riachuelo, junto a mi amigo Ezequiel, donde nos torturaron de las maneras más perversas. Incluido un simulacro de fusilamiento, un disparo que dio largada a las amenazas, las persecuciones y el desgastante camino judicial que hoy debiera mandar a la cárcel por muchos años a los seis prefectos que nos arruinaron la vida", es parte del relato de Iván Navarro en un texto publicado este viernes por la Garganta Poderosa llamado 'La doctrina torturar'.

 

 

Para conseguir que los responsables sean juzgados, desde la Garganta Poderosa llegaron incluso a realizar una denuncia formal en la ONU y había reunido el aval de varias organizaciones de Derechos Humanos, como el CELS. De hecho, durante este tiempo los miembros de la organización villera denunciaron que la Prefectura continuaba amenazando para que no avanzaran con la denuncia. 

Antes de recibir el veredicto, los prefectos se habrían presentado como “arrepentidos”, pero no se consideraron “torturadores”.

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