ANÁLISIS

El problema de la Provincia de Buenos Aires son los políticos que tiene

La Provincia de Buenos Aires tiene los mismos problemas desde hace décadas. Desde Axel Kicillof a Maximiliano Abad, sus políticos no le encuentran la vuelta.

La Provincia de Buenos Aires tiene los mismos problemas desde hace décadas. Sus políticos no le encuentran la vuelta, ¿pueden cambiar las cosas? ¿quieren hacerlo? Cada vez que tienen la oportunidad, demuestran que no.

Esta semana, el debate que terminó con el rechazo del DNU en el Senado de la Nación dejó evidencia empírica.

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Maximiliano Abad, senador nacional y presidente del Comité Provincia de la UCR, no estuvo a la altura. El marplatense juega en tándem con Martín Lousteau y aspira a ser la renovación de su partido para convertirlo en una fuerza competitiva en el tablero electoral. O al menos eso dice.

Lo cierto es que en la votación del DNU se abstuvo. No acompañó a Lousteau, que encabezó la moción de rechazo, y padeció escarnio de la justicia troll. Tampoco se plantó a los gobernadores prebendarios de Mendoza, Corrientes y Jujuy que apretaron sin suerte para lograr la aprobación.

El sistema federal es tan generoso que les permite a algunas provincias subsistir regalando sus recursos naturales y exportando su pobreza al resto del país. Son feudos y son mafia, pero no son casta y no hacen populismo en tanto y en cuanto no huelan a chorpán. El que lo quiera entender que le pregunte a Clarín y a La Nación.

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Maximiliano Abad, presidente de la UCR bonaerense

Maximiliano Abad, presidente de la UCR bonaerense

La decisión de Abad tiene una sola explicación: buscó preservar la unidad de su partido, tan proclive a fracturarse cada vez que aflora una tensión. Y lo expuso como un dirigente sin demasiadas convicciones, que difícilmente pueda plantarse para defender los intereses de la Provincia que representa.

El presidente del Comité Provincia es parte responsable de que su partido no haya presentado candidatos propios en la interna de Juntos por el Cambio. Dejó pasar la oportunidad de derrotar al PRO, que iba dividido, y encolumnó a los socialdemócratas radicales detrás de la candidatura presidencial de Patricia Bullrich.

Alguien podría preguntarle a Abad, sin cuidar los modos: “Flaco, ¿y vos querés ser gobernador?”. El viejo Timoteo Griguol podría completar la frase con menos diplomacia todavía. El que no la entendió, que la googlee.

Nadie puede hacerse el distraído

Por fortuna para Abad, casi todos los dirigentes del oficialismo y de la oposición han mostrado en su tiempo flaquezas y deslealtades a la hora de defender a la Provincia de Buenos Aires.

En el PRO, los exbonaerenses Diego Santilli, Cristian Ritondo y María Eugenia Vidal se saltearon el dilema de percibirse como halcones o palomas: ahora parecen buitres a la espera de que caigan los cargos que Mauricio Macri le reclama a Javier Milei.

Mientras tanto hacen buena letra: bancan la Ley Bases y DNU públicamente, se sacan de encima el mote de republicanos y dejan de prestarle atención al tantas veces declamado asunto de la división de poderes y de la constitucionalidad de las normas. En el medio, son capaces de culpar al Gobierno bonaerense por el recorte ilegal de fondos al que lo somete la Nación.

Jorge Macri la vio: dijo, esto es mucho trabajo, y se las ingenió para trasplantarse a la Capital Federal. Soldado que huye…

Vidal podrá jactarse de que logró una mejora del viejo Fondo del Conurbano. Será una verdad a medias: también aceptó que le transfieran una cantidad mayor de subsidios y obligaciones que le dejaron las cuentas en rojos. En su precoz testamento político, admitió que privilegió los planes del entonces presidente, Mauricio Macri, sobre el bienestar de los bonaerenses.

El peronismo, calladito

En el peronismo nadie puede hacerse el distraído. Axel Kicillof recita como un mantra la fórmula maldita de la coparticipación: “Ponemos 40, recibimos 20”. Aplica para los hospitales desbordados, para las escuelas sin maestros, para los policías sin patrulleros, para IOMA y para los desbordes de ABSA.

Kicillof fue Ministro de Economía de la Nación y no movió un dedo para mejorar esos índices contra los que hoy despotrica. Claro, gobernaba Daniel Scioli, el sospechoso de siempre que mostró la hilacha cuando se incorporó al gobierno libertario. Ya como Gobernador, alineado con Alberto Fernández, logró que se crearan fondos específicos que le permitieron hacer una buena primera gestión. El problema fue que no trabajó para darles carácter permanente y tampoco presionó para rediscutir la coparticipación.

Hoy, sin esos recursos -y otros que le corresponden por ley- nadie entiende cómo va a mantener a flote la gestión. Por las dudas, y por ahora, todo sigue igual.

Hay que decir finalmente, que desde Máximo Kirchner, presidente del PJ Bonaerense, hasta el último diputado y senador nacional, son responsables en este asunto. También los intendentes que sólo pelean la propia, la chiquita.

Buenos Aires, la subrepresentada, la invadida, tiene los problemas que tiene porque tiene los dirigentes que tiene.

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