Política y Economía
OPINIÓN

De devaluaciones, Patria y futuro

"Recuperar el valor de la palabra, hacer de ella la herramienta fundamental, tal vez sea un acto revolucionario", propone Daniela Bambill.

Cuando la palabra se devalúa todo parece lo mismo. Nadie tiene ganas de escuchar la diatriba monocorde de un discurso vacío e incongruente en el que el desánimo y la agresión son el eje que enarbola una parábola sin fin de un país que parecen desconocer. ¿De qué hablamos cuando hablamos de Patria?

En un tiempo en el que nadie se toma los minutos necesarios para leer un texto, donde la rapidez del mensaje es más importante que el mensaje en sí mismo parece muy difícil encontrar respuestas a la pregunta hecha en este escrito.

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La cultura impuesta por el capitalismo financiero se sustenta en lo efímero, efímeras son las relaciones humanas, efímeros los mensajes, efímeros los actos, efímero los bienes. Todo tiene el valor del momento, no hay tiempo para proyectar el futuro, no hay futuro en la lógica capitalista carroñera de vidas.

La palabra pierde valor y con ella se devalúan la verdad, las relaciones, las propuestas, el futuro, la política como herramienta de transformación social, los sistemas de creencias individuales, es ahora, es ya y en unas horas lo dicho o escrito es pasado plausible de ser modificado según la nueva circunstancia.

Las ideologías son negadas con la rapidez de un tuit y las ideas concretas cambian según el interlocutor y la necesidad de “comprar” adhesiones que también son efímeras como todo lo anterior.

De las sociedades disciplinarias y de control que describió Foucault o el concepto de diferencia de Deleuze poco queda en este tiempo híbrido donde la sensación de libertad e identidad es también una fantasía construida para el consumo y el control político de los individuos.

Si hay un triunfo absoluto del capitalismo financiero es haber llevado al paroxismo la individualidad, aún en los espacios que declaman el colectivo como eje vertebrador de la vida pública y ese triunfo radica en la devaluación de la palabra y sus consecuencias.

Tal vez, en un tiempo en que no hay tiempo para pensar, sea revolucionario comenzar a pensar que la Patria no es una cuestión de pronombres personales, que no es una tradición sepia y que tal vez aún sea esa joven que describió Marechal que necesita un futuro, certezas, y 47 millones de voluntades que la ayuden a encontrar su nombre y librarla del dolor que le infligimos cotidianamente. Porque no importa la ideología, ni la función que se cumple, ni el lugar desde donde se habla. La primera persona del plural se impone si pretendemos de una vez y para siempre quitarnos el sino trágico del péndulo en que se mueve la Argentina para darnos la ilusión que la Patria libre justa y soberana está allí a un pasito de distancia, durante el tiempo efímero que dura la ilusión.

Recuperar el valor de la palabra, hacer de ella la herramienta fundamental, tal vez sea un acto revolucionario. Tal vez el gran colectivo soñado deje de ser un conjunto de pequeñas individualidades luchando por causas marginales y se convierta en el que necesitamos para quitarle de una vez y para siempre el dolor que no encuentra su nombre a esta Patria castigada y devaluada.

*La autora es presidenta del Instituto Independencia

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