Política y Economía
ANÁLISIS

A Axel Kicillof y a la Provincia de Buenos Aires le esperan unos años difíciles

Axel Kicillof comenzará en una semana su segundo mandato con un Presidente que piensa lo opuesto que él y enemigos por todas partes.

Estanflación, plan "no hay platita" y la primera ola de suspensiones y despidos parecen signar la agenda de lo que será el gobierno de Javier Milei, al menos en sus primeros años. Hay una segunda ola que se insinúa: una guerra contra Axel Kicillof.

Son, en realidad, las dos caras de un problema que en mayor o menor medida van a padecer 18 millones de bonaerenses.

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Al reelecto gobernador bonaerense ya lo colocan en la grilla de candidatos peronistas para 2027. No tanto los propios. "Quieren exterminarlo", analizó un intendente radical en las horas posteriores a la caída del pedido de endeudamiento que el gobernador cursó a la Legislatura.

Hay que decir que la manera en la que se cayó la sesión del Senado recuerda a los primeros meses de la gestión K, más precisamente al fallido debate de la primera Ley Impositiva o al de la re-reforma jubilatoria del BAPRO: dirigentes del PRO avanzan con negociaciones que una voz en el teléfono voltea.

¿Es Macri, Mauricio? ¿Es Macri, Jorge? Si fuera el segundo sería verdaderamente notable: el hombre tuvo que cruzar la General Paz y sentarse en la Jefatura de Gobierno porteño para gravitar definitivamente en la política bonaerense. Rápido se dio cuenta que ganar la Provincia no era el camino.

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El senado bonaerense fue escenario de la primera batalla legislativa de Axel Kicillof

El senado bonaerense fue escenario de la primera batalla legislativa de Axel Kicillof

¿Quieren exterminarlo?

El análisis, un poco dramático, tiene visos de realidad. Kicillof es la antítesis política y económica de lo que pregona Javier Milei. Apuesta a la inversión del Estado para activar los motores de la economía, en la obra pública para apuntalar el desarrollo, en la ampliación de derechos para toda la población.

El hombre de la motosierra lo mira con desconfianza. Muchos colaboran para que así sea. El intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, del PRO, le habló pestes de la gestión. El título de su exposición podría haber sido "gasta mucho y no quiere ajustar".

Los cordobeses ya trabajan para minar la montaña de subsidios con los que la Nación compensa el saqueo de la coparticipación. Es previsible que el resto del país haga lo mismo. Todos apuntan al Conurbano, último bastión de la resistencia kirchnerista. Hablan del AMBA pero se arrodillan frente a la Capital.

"La Provincia recauda y aporta 40, recibe 22". A esta altura es un latiguillo. Nadie se compromete para buscar una solución de fondo.

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Si van a eliminar la coparticipación, dejen que la provincia recaude. Si la van a dejar tal cual, no terminen con los subsidios y las transferencias directas. Si van a barajar y dar de nuevo, tengan en cuenta estos desequilibrios oprobiosos.

El bonaerense, contrariamente a lo que quieren instalar algunos medios y algunos políticos, es un pueblo que trabaja y produce.

¿Dónde están mis soldados?

Kicillof tiene un segundo problema: está solo. Tal vez quienes lo invistieron como "candidato natural" para 2027 lo perciben como competencia. Un abrazo como el del oso.

Mientras duró el minué legislativo por el endeudamiento, no hubo clamor de ninguna índole. Nadie defendió en pedido de autorización para contraer una deuda que, para colmo, iba a derramar hacia los municipios para que pudieran cerrar el año. Es extraño.

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Axel Kicillof y los más de 80 intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires

Axel Kicillof y los más de 80 intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires

Puertas adentro el silencio fue peor. El Gobernador organizó una reunión para alinear a la tropa en La Plata, pero le llovieron reclamos. Por no convocar a Máximo Kirchner, por no ponderar el trabajo de Sergio Massa. Hasta Alberto Fernández se sintió legitimado para quejarse por una supuesta falta de gratitud del Gobernador frente a la asistencia económica que le prodigó durante todo su mandato.

Esta semana se empezará a conocer el rumbo que le quiere imprimir a una gestión que, como pocas veces pasó en la historia, es opositora al signo nacional. ¿Habrá austeridad? ¿Redoblará la apuesta? ¿Contendrá a los propios con cargos? ¿Saldrá a polarizar contra Milei? ¿Pensará en abroquelarse para resistir cuatro años?

Hay una tendencia que sostiene que el mensaje de las urnas muestra sintonía con las propuestas de Javier Milei. Pero, tanto en la categoría gobernador como en la categoría presidente, Buenos Aires votó, las tres veces, otra cosa. Ese dato también es parte del dilema de Kicillof.

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