Sociedad La Plata
DE 13 MIL AÑOS

Analizan la piel de un perezoso gigante con rayos X

Científicos de La Plata hicieron radiografías sobre restos de la piel del animal milenario para desentrañar el misterio de su "armadura" interna

Luego de determinar la antigüedad de una famosa piel de perezoso momificada que exhibe el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, científicos avanzaron ahora con la observación minuciosa de las características del cuero a través de una técnica diagnóstica poco frecuente en el estudio de restos paleontológicos: radiografías.

Los resultados del análisis, que acaban de difundirse en la revista Journal of Morphology, permiten inferir aspectos hasta ahora desconocidos de la biología y evolución de estos gigantescos mamíferos milenarios.

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Según describieron desde el Conicet, el material tiene 13.200 años y es una porción de la piel de un animal cuyos mayores ejemplares alcanzaban más de una tonelada de peso y tres metros de longitud.

Se cree que las condiciones de la cueva en que apareció, una formación natural ubicada al sur de Chile, fueron esenciales para su excelente grado de preservación, teniendo en cuenta que conserva pelos y partes blandas momificadas.

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El estudio fue publicado por investigadores de Conicet La Plata

El estudio fue publicado por investigadores de Conicet La Plata

A su vez, en su lado interno, una capa de miles de pequeños huesos que oscilan entre el tamaño de una lenteja hasta los 2 centímetros de diámetro acaparó la atención de los autores del estudio, que decidieron someterla a rayos X mediante un equipo portátil de uso veterinario.

“Este rasgo del cuero de los perezosos gigantes ya se conocía, pero se consideraba que esas piezas óseas estaban desparramadas al azar, y nosotros descubrimos que están ordenadas según un patrón”, relató Néstor Toledo, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP).

Así, en las cuatro radiografías tomadas, los osículos –como se conoce a los huesos más pequeños– se mostraron formando hileras o bandas en algunas zonas, y rosetas o estrellas en otras, según describió el organismo a través de un comunicado.

Por otra parte, cuando los especialistas buscaron referencias bibliográficas para complementar sus observaciones, se encontraron con que, sin saberlo, habían aplicado la misma técnica que Wilhelm von Branco, un científico alemán que en 1906 publicó un informe sobre el análisis por rayos X a distintas piezas paleontológicas, entre ellas otra piel de milodonte. Ya en ese trabajo se reportaban los mismos patrones de ordenamiento en los huesos de la piel.

“Superponiendo las radiografías de von Branco con las nuestras, entendemos que las estructuras de rosetas se ubicarían en la zona del lomo y sus alrededores, mientras que las de hileras lo harían en los costados y cerca de las patas. Con esta información, comenzamos a discutir las probables razones funcionales de estas posiciones, pensando a esos huesos como una especie de armadura que habilitara el movimiento”, describió Toledo.

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La piel del perezoso está exhibida en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata

La piel del perezoso está exhibida en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata

“La hipótesis más sólida en cuanto a la función de este esqueleto dérmico está relacionada con la defensa frente a otros organismos: en primer lugar, posibles depredadores, pero también individuos de la misma especie durante combates, como podría ser entre machos para poder aparearse, según la conducta de algunos mamíferos actuales”, explicó Alberto Boscaini, investigador del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, CONICET-UBA).

Aunque existen dudas con respecto a qué especies atacarían a animales de semejante porte, el principal argumento sería de índole evolutiva: los registros más antiguos de osículos en la piel se remontan a otros milodontes del grupo Mylodontini, que vivieron hace unos 10 millones de años y eran bastante más pequeños. “Ellos sí podían ser devorados por marsupiales carnívoros y grandes aves, con lo cual haber contado con una coraza interna sería una gran ventaja. Puede ser que esa estructura se haya heredado sucesivamente a los representantes posteriores, aunque estos hubieran aumentado su tamaño”, argumentó el experto.

La aplicación de rayos X a la piel momificada "fue un procedimiento delicado" que requirió la participación de técnicos especializados. Es que se debió disparar el equipo sin mover la pieza de la vitrina en la que se exhibe.

La práctica llevada adelante por von Branco, sin embargo, fue bastante diferente: el científico expuso el cuero conservado en Berlín a vapor de agua hasta ablandarlo del todo y luego lo estiró sobre una superficie lisa sobre la cual tomó las radiografías.

“Lo positivo es que aquellas placas tienen una calidad extraordinaria y nos fueron muy útiles para nuestro estudio, pero en verdad se trata de una maniobra impensada para el día de hoy: es prácticamente un ataque a una pieza que es única e invaluable”, explicó Leandro M. Pérez, también investigador del CONICET en la FCNyM de La Plata y otro de los autores del trabajo.

De acuerdo al experto, la sanción de la Ley de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico en 2003 fue muy importante para restringir las posibilidades de manipulación de este tipo de restos o fósiles. “La piel del perezoso que tenemos en el museo local es un verdadero tesoro: es probable que no se vuelva a encontrar algo siquiera parecido", añadió Pérez.

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