Sociedad
PARTO RESPETADO

¿Qué se necesita para llegar a un parto respetado?

Lejos del pensamiento institucionalizado, existen muchas maneras de parir. Llegar a un parto respetado implica la posibilidad de decidir cual se prefiere.

Esta semana la provincia de Buenos Aires aprobó la Guía de Implementación del Parto Respetado que establece lineamientos para que las personas sean tratadas con respeto, de manera individual y personalizada, tanto en instituciones públicas como privadas.

La medida se dictó en concordancia con la Ley Nacional de Parto Respetado, sancionada en 2004, que si bien en lo normativo significó un avance en términos de los derechos de las personas gestantes para decidir sobre su cuerpo, las estadísticas del Observatorio de Violencia Obstétrica reflejan que en la gran mayoría de los partos los derechos de la persona gestante no son respetados.

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INFOCIELO habló con Popi y Ana, como se presentan. Son Doulas, y forman parte de la Consejería para la Prevención de la Violencia Obstétrica. Realizan acompañamiento personalizado para personas gestantes. Explicaron el proceso de acompañamiento para llegar a un plan de parto que concuerde con los deseos y las necesidades de la persona.

El acceso a la información

Popi explicó que muchas veces las mujeres y disidencias que van a parir lo hacen sin haber recibido acompañamiento e información que les permita conocer sus deseos y posibilidades. Por este motivo el proceso de acompañamiento (comúnmente conocido como Doula) comienza cuando la persona se contacta.

El contacto puede ocurrir en diferentes momentos: “te pueden convocar antes de gestar, cuando están en la búsqueda, cuando están con un embarazo incipiente, a veces a último momento porque encuentran que no quieren todo lo establecido” expresó.

El trabajo en ese momento es un acompañamiento personalizado para la persona”, agregó. Ana y Popi se encuentran durante la gestación para charlar sobre lo que quieren para ese proceso, y también para el parto. “Vamos viendo como llegar”, señalan.

El tipo de saber al que se remontan es "mixto", porque desde la ciencia occidental y la medicina existen numerosos estudios que comprueban la eficacia del primer contacto con el bebé recién nacido, como de la importancia de no cortar el cordón ni bien producido el nacimiento, entre muchos otros ejemplos.

Por otro lado, los saberes ancestrales, las medicinas de la tierra, los acompañamientos comunitarios, que remontan a formas de parir que se practicaban comúnmente hace menos de un siglo, constituyen una fuente de conocimiento valioso. “Hace muchos años, antes de las instituciones, las personas parían bien”, enfatizó Popi.

“El acompañamiento es muchas veces lo que necesita la persona. No son todas iguales, cada persona tiene sus necesidades, sus lógicas que hay que respetar y acompañar entendiendo que el respeto no es hacer las cosas de la manera en que nosotres pensamos que se hacen mejor, sino entender que debería ser posible que tomaran sus propias decisiones informadas” agregó.

“Lo que hacemos es acompañar a que esas decisiones se respeten. Si una persona no quiere que le corten la vulva cuando está pariendo no se le corta, lo mismo si quiere una cesárea, por más que yo considere que la cesárea no es saludable. Lo que se tiene que garantizar es el derecho a poder decidir” sostuvo.

Parir, una cuestión de poder

Popi es antropólogue, usa pronombres neutros, y resalta que la perspectiva desde la que se manejan, tanto en la Consejería como en su trabajo como acompañante junto a su compañera Ana, es desde el entendimiento que las mujeres paren; pero también las disidencias como los varones trans.

Algo que resaltaron tanto Popy como Ana es que el proceso para llegar a un plan de parto implica también un trabajo para desarmar los supuestos que las mujeres y disidencia tienen sobre su cuerpo. “La desconfianza hacia tu cuerpo, hacia tu proceso” expresó Popy.

“Hay una cuestión de que siendo la mayoría de las personas que paren mujeres y otro porcentaje de disidencias identitarias, venimos siendo criadas en esta idea de que nuestros cuerpos son imperfectos, que están fallados, son insuficientes, inservibles y dependemos de otros -varones- y de herramientas, de instrumentos e intervenciones", agregó Ana.

“Es muy fácil en un momento de tanta vulnerabilidad como es el embarazo y el parto que nos hagan creer que no podemos, que no estamos preparadas ni preparades.” concluyó.

El desconocimiento sobre el propio cuerpo, el mandato que priva a las mujeres de la posibilidad de investigarlo, de conocerlo y confiar en su fisiología, representa un hecho social que el discurso médico ayudó a sostener a lo largo de la historia. “Es muy fácil para todo el sistema médico convencernos de que no podemos hacerlo y es más fácil aún siendo violentadas ginecológicamente desde el minuto uno” culminó Popy.

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