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Mayo de 2018
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INFOCIELO.COM » Sociedad - Municipios 17-05-2018

Le piden que “recapacite” al trapito que robó a la mujer que le daba comida y abrigo

Ocurrió en el bar platense ubicado en 5 entre 44 y 45 del centro urbano de la ciudad. Uno de los tantos cuida coches de la zona, conocidos popularmente como “trapitos”, sorprendió a la comerciante en un extraño atraco. La víctima fue quien habitualmente le donaba comida y le permitía el uso de sus instalaciones al inesperado malhechor.

 

Llueve en el centro de La Plata. La capital de la provincia se presenta tan húmeda como la triste mirada de María del Carmen Díaz Enriquez. Esta noble comerciante gastronómica de nacionalidad peruana, se muestra algo confundida. “Tengo miedo que todo esto genere algún tipo de represaría”, comenta. Si así fuese, se demoró en pensarlo. Todos los medios hacen cola en la vereda de su local de comida al paso, esperando su turno para salir en vivo en los medios nacionales.

Con poco, parece transformarse en la nota del día. No se le muerde la mano a quien te da de comer. No se recomienda. El joven paraguayo al que María del Carmen ya perdonó, no conocía el consejo. O lo conocía y decidió ignorarlo. “Lo noté distinto, como que estaba drogado”, trata de justificarlo la víctima. “Venía siempre, le regalaba comida, lo dejaba pasar al baño, esas cosas”, agrega la inmigrante dejó su tierra porque “ya no quedaba nada en Perú para mí”.

Cuando sus hijas emprendieron viaje rumbo “a la Argentina”, comprendió que debía hacer lo propio. El desarraigo primero, la adaptación a otra cultura luego, la decisión de abrir un comercio después, y el momento complicado de la situación económica del país más tarde, la tenían entretenida.

 

Sin embargo, como si pensar en la forma de afrontar los aumentos de los costos en los insumos, en los impuestos y en los tarifazos de los servicios no le alcanzara, la inseguridad le jugó una mala pasada. Ingrata, por su condición de anti ética, rompiendo todos los códigos hasta hoy supuestamente establecidos en el mundo del hampa. 

Ese muchacho amable al que ella pretendía dar una mano para ayudarlo a  salir adelante, la intimó, la empujó, la asaltó, le sustrajo sus pocos recuerdos archivados y desapareció. “Yo quiero que me devuelvan el teléfono. Tengo allí todos los recuerdos que me quedan. Las fotos de las nenas, cosas muy importantes desde lo sentimental. Es lo único que deseo. De corazón”.

Un historia mínima. Un hurto que ni llega a ser robo. Una pavada que ocupa el vivo de los medios nacionales por lo desagradecido que resulta el accionar del ladrón. Injusto desde el momento de la elección de la presa apuntada para su cometido: la señora que le extendió su mano y que le daba de comer.

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