sábado 08 de agosto de 2020

ANÁLISIS

Redes y linchamientos: el germen del odio

Por: Mauro Becerra

10 de julio de 2020 · 14:58 hs.

Aunque van para la mayoría de edad, podemos considerar a las redes sociales como un elemento nuevo. En sus diferentes formatos, parten de un principio (al menos teórico) muy democratizador e hijo de la ya sacrosanta internet neutrality: todas las cuentas de usuario son iguales y son creadas  con las mismas posibilidades. Son, ni más ni menos, una herramienta: pueden servir para potenciar la comunicación y universalizar conocimiento. Pero también pueden, con la misma intensidad y rapidez, desatar episodios de hostigamiento y agresión a personas que, por alguna razón, llamen la atención del público.

Eso pone el foco en lo que la gente, como usuarios, hace con ellas. Y desde ahí puede entenderse que partes de nuestra sociedad, de ambos lados de la grieta, decidan tomar parte activa y desencadenen agresiones virulentas sobre gente a la que no solo no conoce personalmente, sino que si por alguna razón la cruzara fuera del entorno digital, trataría con elemental respeto.

Parte de ese principio democrático que mencionamos ha generado en sectores de la sociedad, convocados en torno a algunas causas o ideales políticos, una idea de ejecución de justicia por mano propia; de libertad de expresión “aquí y ahora”, pero sólo para lo que esté de acuerdo con mis ideas. Movidos de una manera tan caótica como orgánica, estos individuos masificados reaccionan a distintos estímulos, generalmente opuestos a sus creencias, de manera violenta.

Este fenómeno se ve además potenciado por otros factores que lo atraviesan: 

  • Estamos en un clima de irritación permanente. 
     
  • Las redes funcionan con un principio conocido como “cámara de eco”. Con el fin de captar la mayor cantidad posible de atención, sus algoritmos devuelven al usuario estímulos que son de su agrado, y evitan otros que no lo son. Esto termina generando un aire de verdad relativa a las ideas que uno consume, ya que todas las opiniones que nos llegan van en sintonía con eso. 
     
  • Las redes son espacios de narcicismo, de individualidad, en donde en muchos casos, el que juega más fuerte o el más extremo, se gana el reconocimiento de los otros que piensan como él.

Con esta visión impresionista, podemos entender algunos de los factores que disparan los linchamientos digitales, o boicots a actividades en el territorio real. En definitiva y como dice Juan Soto Ibars en Arden las redes, “hacer de la deshonra una nueva forma de control social”.

Para finalizar, vale decir que cualquier actor político que ejerza un rol de liderazgo y que detente de un mínimo grado de masividad entre sus pares, debe (esto no es una recomendación, representa un deber) de tamizar constantemente sus opiniones para evitar que ellas sean pilar para reacciones aún más extremas en sus seguidores. En los últimos años la política (argentina, y mundial también) ha entrado en un proceso de polarización furiosa.

El sistema político (funcionarios y dirigentes, pero también periodistas y consultores de distintas áreas) debe necesariamente comprender la importancia de buscar equilibrios que permitan ser base para consensos. Que en política los hay, y no son pocos. Sólo debemos encontrar la forma de construir sabiendo que el otro tiene también algo que decir y que, en mayor o menor medida, se puede incorporar en el proceso.

*El autor es Licenciado en Comunicación Social (UNLP) y maestrando en Comunicación Política de la Universidad Austral (solo tesis pendiente). Gestionó comunicación tanto en la faz pública (Congreso de la Nación, Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires) como privada. Hoy dirige TRENCH Comunicación. Es miembro de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP).

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