domingo 05 de julio de 2020

NOTICIAS DEL BICENTENARIO

Manuel Puig fue un chico de pueblo

Por: Raquel Piña de Fabregues

07 de marzo de 2020 · 09:43 hs.

El recuerdo del escritor villeguense desde la pluma de Raquel Piña de Fabregues, docente y escritora, amiga de la infancia de Puig.

Desde que mi amigo Coco se convirtió en el gran Manuel Puig, para el mundo literario y también para sus muchos y comunes lectores ocasionales, yo misma, que no recuerdo mi infancia sin su presencia, me he preguntado quién era realmente este chico de bello rostro, amplia sonrisa y pelo brillante, que llevaba dentro de sí desde siempre, esa enorme capacidad de observar, analizar y reproducir, desde lo más sutil de la escritura, todo lo que sucedía a su alrededor.

¿Qué cosas bullían en esa cabecita privilegiada por dentro y por fuera, siempre en competencia con otra cabecita tan privilegiada como la suya, la de mi hermana Helena, su compañera de banco en la vieja Escuela Nº 1 que sigue allí, frente a la plaza principal, testigo mudo de los primeros años del que habría de ser un escritor estrella y de muchos otros que marcaron rumbos en el mundo desde distintas actividades.

Y no lo digo como un detalle, sino para dejar bien sentado que Manuel, “Coco”, no sufrió una infancia casi salvaje en un pueblito perdido en la pampa como muchos creen.

Teníamos buenas instituciones educativas, buena biblioteca, buen cine, clubes deportivos, y vivimos una niñez sin aburrimientos, aunque sí con espacio para el ocio.

Lo cierto es que estos pequeños genios, mi hermana y Coco, se amaban en la diversidad y por la misma razón vivían discutiendo.

Manuel en su mundo de letras y música, Helena inmersa en su pasión casi obsesiva por la matemática.

Allí, en medio de esa amigable controversia, o tal vez a un costado, estaba yo, más chica, no tan genial, pero con los mismos gustos artísticos de nuestro amiguito, mi compañero de las clases de piano de la inolvidable Luisa Sdrubolini en el “Conservatorio Chopin”, donde muchas veces tocábamos a cuatro manos, yo con los pies en el aire porque mi escasa altura no me dejaba llegar al piso.

También compartíamos largas siestas de verano, panza al suelo en el living de mi casa, revisando una y mil veces la “Pinacoteca de los genios”, que los dos coleccionábamos en fascículos.

En aquel mundo sin televisión ni internet, los chicos teníamos en cambio nutridas bibliotecas particulares y la compra de libros más que una necesidad se sentía como una obligación.

A muy temprana edad habíamos llegado a los clásicos mezclados con literatura infantil y ese compuesto heterogéneo fue el responsable de nuestra cultura general nada despreciable.

Helena (Alicita, en La Traición), debajo de la chica de moño en la fila superior y Coco, el pequeño de pantalón cortito con la mano en la cara, a la derecha de la foto. Un cumpleaños en enero de 1937.

Así ubicado Manuel Puig en el Villegas de los años cuarenta y establecido el lazo de amistad que nos unía, hay que abrir las puertas del hogar para conocer al niño prodigio desde adentro.

Coco fue hijo único durante el mayor tiempo que compartimos los días con él en Villegas. Carlitos llegó cuando pisaba la adolescencia. Eso le daba ciertos privilegios pero también lo privaba de la experiencia insustituible de los hermanos cerca en tiempo y espacio. Tal vez esa fuera la razón de que disfrutara perteneciendo a nuestro grupo familiar cuya palabra de orden era cariño, cariño y más cariño y también reglas claras donde la autoridad indiscutible era la de mi madre y mi padre.

Malena Delledone de Puig era una mamá fuera de serie y sentía una absoluta devoción por su hijo, que la correspondía de la misma manera. Hermosa, culta, amable y sonriente, regenteaba una farmacia del barrio y tenía una especial predilección por Helena, lazo que las unió en la distancia y a través del tiempo.

Guardo los mejores recuerdos de la casa de la calle Rivadavia, junto a la fraccionadora de vinos de la que Baldomero, el padre de Coco, era socio. Allí desplegábamos el pueblito de juguete que abarcaba toda una habitación para convertirlo en el escenario de diversas interpretaciones con pretensiones de teatro.

Por supuesto Manuel era el guionista, el director y mandamás en cada detalle, tan exigente como irónico para hacer las observaciones de rigor.

En retrospectiva me veo en el papel de Cenicienta y recitando tímidamente bajo la mirada crítica del futuro novelista “Mis hermanas van al baile, al gran baile del gran Rey”.

Muchos años después y en ocasión de la enfermedad muy grave de uno de mis hijos, Coco me mandó una carta desde Brasil donde me decía “Lo lamento mucho, pero lo vas a superar porque tuviste una infancia de lujo. ¿Te acordás Raquel?” Y citaba palabra por palabra el guión de “La Cenicienta”.

Así era él, maestro de la ironía, tan filoso como un cuchillo cuando quería y tan capaz de guardar en su corazón lo que él llamaba lujos y que no era ni más ni menos que el tesoro de afectos que había ido acumulando en su niñez.

Mi hermana y yo solíamos juntarnos para ver las entrevistas que le hacían por televisión cuando ya tenía renombre mundial y en una oportunidad, rostro serio y conmovido, para nuestro asombro desgranó una serie de mentiras que el periodista creyó punto por punto.

Helena, tan amiga del pensamiento exacto en los límites estrictos de la realidad, se puso furiosa y descargó su indignación por la única vía a mano, el teléfono.

Coco no se enojó sino que, largando una de sus carcajadas, le confesó que se había divertido mucho observando las reacciones de su entrevistador y que era algo que solía hacer habitualmente.

Por eso es que, durante las “Movidas de Puig”, que se hacen en nuestra ciudad a partir de su muerte, frecuentemente he disentido con sus críticos que terminan pensando que alucino, entre ellos José Amícola, que después de escucharme un largo rato en la soledad de un cuarto interno de la Biblioteca, acabó llorando porque acababa de conocer a un Manuel para él desconocido.

Cualquier escritor pone su impronta en sus obras porque en mayor o menor medida, lo que plasma en el papel o en el ordenador es la experiencia de vida, única, irrepetible e inmodificable.

Esta condición de la creación literaria fue la punta del ovillo de escándalos que se registraron en General Villegas – Coronel Vallejos, cuando la novela “Boquitas Pintadas” salió a la luz. Antes ya habían aparecido personajes reconocibles en “La traición de Rita Haywoorth”, en cuya trama era fácil encontrar a mi hermana con el nombre de Alicita.

Pero esta vez fue diferente. La historia folletinesca de un pueblo del oeste bonaerense tenía mucha tela para cortar y muchas figuras para reconocer, no siempre con salidas airosas.

Y ahí anduvo otra vez el teléfono en dirección contraria, o sea de Coco a nosotras, para preguntarnos si era cierto que se había armado un gran revuelo, porque en realidad lo que él había hecho era componer cada personaje con rasgos mezclados de personas reales.

Sea cual fuere la verdad de sus intenciones, para ver el estreno tuvimos que viajar a Cuenca, una localidad entonces muy pequeña a unos treinta kilómetros de Villegas, porque durante un tiempo y mientras duró esa especie de ofensa colectiva, la proyección de lo que se creyó una autobiografía estuvo prohibida por las autoridades locales.

Tengo en mi poder unas cuantas cartas que le enviaba a Helena con más frecuencia que a mí, donde nos fue describiendo cada paso de su trayectoria a partir de su permanencia en Europa cuando sólo era una muchacho muy joven que se quería abrir paso como director de cine y que terminó siendo guionista, el primer escalón que lo catapultaría a la fama como un novelista de excepción, al que su propia terquedad original le había hecho seguir un camino inverso.

Es común que los novelistas lleguen a guionar piezas de cine o teatrales.

Nuestro Coco Puig no podía, por supuesto, hacer lo que hace la mayoría y se convirtió en un arquetipo de la novela del siglo XX, de tal modo que uno de sus críticos expresó que la narrativa del siglo pasado iba por dos avenidas: o Borges o Puig.

Cierro esta semblanza rápida de “mi amigo Coco”. Para hablar del escritor no tengo la autoridad literaria que se necesita, y concluyo con algunas partes de sus cartas, escritas al fluir del pensamiento, desprolijas y tachadas en algunas partes. Cartas queridas que muchas veces me han pedido y que nunca voy a entregar para ser fiel al recuerdo de mi hermana que no las quería hacer públicas. Son uno de mis tesoros.

Y no he hecho mención de su muerte, porque se ha quedado con nosotros para siempre en cada palabra, en cada alusión graciosa o irónica, en cada demostración simple de cariño que tuvimos la gracia de recibir de su parte.

¡Eterno Coco!

La autora, durante el rodaje de la película Regreso a Coronel Vallejos, de Carlos Castro.


Carta de Malena, 28 de julio de 1992

 

Querida Helenita: Te sorprenderá muchísimo recibir esta carta, pero desde que llegó mi amiga Beatriz, que había estado con vos, me lo había propuesto.

Por supuesto venciendo mis tristes recuerdos (ahora se convirtieron en tristes) de tu amistad con Coco…y tanto…tanto que hemos hablado de vos. Siempre te recordaba, esos días felices de la infancia y después más problemáticos de la adolescencia.


Cartas de Coco tal cual las escribía y sin fecha completa, tal como él las enviaba

Buenos Aires, 6 de abril

Querida Helena:

Cuánto tiempo sin tus noticias! Al volver de Europa le escribí a Raquel, carta que también iba para vos.

Espero que estén bien y guardando energía para el año escolar

Con Jorge hablé por teléfono y me contó algo que me preocupó mucho Parece que se encontró con Julio Toyos y le sacó el tema de la novela, Fueron pocas palabras pero según Jorge, este muchacho tenía un tono algo amargo y recapacitando y como se considere la cuestión, él tiene mucha razón.

Yo creo que todo el problema parte de un malentendido: toman la novela como un fiel reflejo de la realidad histórica. “La traición” es una obra de ficción.


Buenos Aires, domingo 6 de abril

Querida Helenita:

Aquí estoy mandando unas pocas líneas apuradas porque recién me fijé en la carta de Raquel y la fecha que me indica es el once, o sea el viernes. Bueno, si ésta llega a tiempo te ruego que le digas que me escriba. Perdón, que me llame por teléfono sin falta quando (con q, contagio tano), venga a Buenos Aires, al 82-8681, por si no lo tenés a mano. Nos pondremos al tanto con la chismografía……………………………………………………………………………………………………..

A mí también el verano me resultó muy duro, ya marzo mejor y abril parece venir bien. Por lo menos pude retomar la nueva novela……………………………………………………............................

Helena, espero que por intermedio de Raquel nos pasaremos muchísimas más informaciones. Ojalá que me llame.

Un afectuoso saludo de

Coco


Buenos Aires, setiembre 15

Querida Helenita:

Hace tanto que te quería escribir, pero la salida de “B.P.” ha sido un torbellino de entrevistas y fotógrafos, todo tan desagradable y necesario al mismo tiempo. Parece que las cosas van bien y que el libro gusta, noto el ambiente mucho más receptivo que el año pasado, por qué no sé, tal vez por lo que sucedió en París. La venta desde el primer día anduvo muy bien y se espera que al aparecer más críticas mejorará. ¿Llegó ya a Villegas?. Te ruego que me tengas al tanto de todo, hasta el último detalle. Los personajes esta vez son bastante inventados, te habrás ya percatado si leíste la novela.

Las psicologías se han dado y repetido hasta el cansancio, pero la anécdota es inventada. Aunque hubiese podido suceder…¿no te parece?.

Pasemos a otra cosa: me alegro de que poco a poco Raquel está realizando todo lo que se propuso y es una suerte que tengan ese micro a Mar del Plata. Si voy alguna vez por ahí me gustaría llamarla y encontrarnos aunque sea un momento ¿tiene teléfono? Es posible que vaya un fin de semana antes de fin de año. Para entonces viajaré a Italia (revisar traducción de “La Traición”) y a París, donde no sé cómo haremos con la traductora para resolver el capítulo de los tangos y de los boleros. Creo que éste último se podría hacer en base a canciones francesas populares de posguerra, ya que el capítulo tiene fecha de 1947. Creo que las canciones de Trenet andarían muy bien como sustitutas el bolero. Pero los tangos no sé cómo quedarán.

Bueno Helena, espero noticias con ansias, Cariños por tu casa, y para vos el saludo afectuoso del

Coco

(o el puro ojo como me decía la Raca)


La autora es docente y escritora  jubilada. 83 años. Fue declarada como Mujer Destacada por Rotary en 2018.

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