sábado 08 de agosto de 2020

NOTICIAS DEL BICENTENARIO

Batalla de Chascomús: un “conflicto del campo” en los tiempos de Juan Manuel de Rosas

Por: María Fernanda Sallenave

07 de febrero de 2020 · 10:41 hs.

En 1839, un grupo de estancieros de Chascomús se levantó contra el gobierno de Rosas, que los enfrentó con sus tropas a orillas de la laguna. Las consecuencias de ese episodio perduraron por décadas en la sociedad chascomunense.

Tras el asesinato de Facundo Quiroga, en 1835, Juan Manuel de Rosas volvió a ocupar la Gobernación bonaerense, con la suma del poder público otorgada por la Legislatura y legitimada por un plebiscito.

Apenas cuatro años después, la mano inflexible del Restaurador -sobre todo su política económica y el régimen de tenencia de la tierra- generó entre otros focos de conflicto la protesta del campo pampeano, que sus protagonistas bautizaron con el nombre de Revolución de los Libres del Sur.

Como corresponde a la época, tanto lo acontecido como su relato estuvieron inspirados por el más puro romanticismo: la llamaron “gesta”. Corrió mucha sangre, hubo traiciones, plazas con cabezas enarboladas sobre picas, y sus consecuencias quebraron el tejido social en Chascomús durante décadas.

Pero vamos a los hechos.

Entre las primeras medidas del Restaurador, se contó la de quitar a Francia e Inglaterra el trato de “nación más favorecida” con respecto al comercio. La reacción de Francia no se hizo esperar: envió una flota y bloqueó el puerto de Buenos Aires, el único del país habilitado para el comercio exterior.

Sin posibilidades de comerciar por otros puertos, los productores del Litoral y de Buenos Aires vieron prontamente afectados sus intereses. Y el Estado se quedó sin una fuente de ingresos.

Para hacer frente a esa situación, Rosas ofreció en venta la tierra ocupada en enfiteusis a los hacendados. A precios accesibles y al mejor postor, propiciando una división de la estancias. En caso de que los tenedores fueran los interesados, deberían pagar los cánones adeudados por muchos años.

Para colmo, la férrea persecución a sus adversarios, a quienes obligó a exiliarse en Chile y Montevideo, convertidos en verdaderas usinas de ideas -y de prácticas comerciales-, le hizo a Rosas ganarse la fama de “Tirano”.

La casa de Vicente Casco, patrimonio histórico de Chascomús.

El descontento no se hizo esperar, y los intereses en pugna superaron las divisiones de unitarios y federales.

Los estancieros comenzaron a organizarse para resistir y creyeron contar con dos soportes: las fuerzas de los Maza -Manuel Vicente y Ramón, padre e hijo- desde la ciudad de Buenos Aires, y la presencia del General Lavalle, que vendría desde Montevideo a sumarse a la rebelión. Si resultaba tal como planeaban, la protesta se transformaría en Revolución, y desde estos confines sería derrotado el dictador.

Pero como solía suceder en tiempos de más pasiones que razones, nada salió como estaba previsto.

El asesinato de los Maza –padre e hijo- desbarató las fuerzas de la Ciudad, y Lavalle prefirió apoyar el levantamiento del Litoral en lugar de trasladarse al sur.

Preocupados porque se filtrara información sobre el levantamiento, los revolucionarios adelantaron la fecha prevista -7 de noviembre- y el 29 de octubre dieron el “Grito de Dolores”. Allí estaban los estancieros del sur del Río Salado, comandados por Pedro Castelli y Ambrosio Crámer, ex soldados de San Martín devenidos terratenientes, junto a una tropa que no tenía adiestramiento ni experiencia alguna.

En Chascomús se armaban las tropas fieles al gobierno, mejor pertrechadas y con sed de venganza.

En la mañanita del 7 de noviembre, a orillas de la Laguna, se enfrentaron durante tres horas.

El resultado fue el esperable, y los escarmientos también. Ambrosio Crámer murió en la batalla. Pedro Castelli fue pasado a degüello, y su cabeza quedó enarbolada en una pica en la Plaza de Dolores.

Los bienes de los implicados fueron expropiados, y sólo quedó libre la tropa rasa, es decir, la peonada.

Los muertos fueron enterrados en el cementerio cercano al lugar de la catalla; varios de ellos en la tumba de la familia Lastra (cuyo hijo era el abanderado de los Libres), única que sobrevive de aquel viejo cementerio, hoy Monumento Histórico Nacional.

La tumba de los lastra, a orillas de la laguna, y el monumento a los Libres del Sur.

Antes del alzamiento, en Chascomús convivían con dificultad unitarios y federales. Después, a esa grieta, se sumó otra, entre los federales que participaron en el levantamiento y los que no. Entre los primeros, había amigos personales de la familia Rosas. No olvidemos que Prudencio -hermano de Juan Manuel, y jefe de las tropas leales- vivía en esta ciudad.

Se desató una verdadera cacería. Traiciones y delaciones, aún dentro del seno de prestigiosas familias, impregnaron al pueblo de luto y odio que parecía no terminar más.

La Batalla de Chascomús se evoca en cada paso que damos por la ciudad. La calle principal cambió su nombre de Buenos Aires por el de Libres del Sur, y muchas otras llevan el nombre de los protagonistas. El centenario del hecho nos regaló un hermoso Museo y un Parque, que también llevan ese nombre.

La casa de Vicente Casco, el gran traidor a sus amigos Rosas y asesinado en Santos Lugares tiempo después del hecho, se yergue aún frente a la Plaza, y es sede del Instituto Historiográfico de Chascomús y la Cuenca del Salado.

En su patio de jazmines y magnolias, hoy respiramos otros aires.

*La autora es profesora de Literatura y secretaria de Desarrollo Social de la municipalidad de Chascomús, desde donde tiene a su cargo la custodia del patrimonio histórico de la ciudad.

 

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