jueves 23 de enero de 2020

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La huella de Garrafa: el mesías de los barrios bajos que agiganta su leyenda a 14 años de su partida

Por: Andrés Caviglia

08 de enero de 2020 · 16:50 hs.

El 8 enero de 2006, uno de los últimos revoltosos del fútbol argentino encontraba la muerte mientras andaba en su moto. Con apenas 31 años y sin tener un gran palmarés, dejó una marca inigualable en el recuerdo futbolero popular.

Si hubiera que poner a Garrafa de un lado de la cancha estaría del lado de los Houseman, de los Ortega, de los Pulga Rodríguez o de los Millares de Lincoln. Cómo ellos, el que eligió Laferrere para crecer y morir, fue un poeta independiente de la pelota. Un director de orquesta que repartía partituras únicas en forma de pase a quiénes compartiesen sus mismos colores.

Apenas 31 años duró en este mundo y en estas canchas José Luis Sánchez, demasiado poco para tamaño talento. Quienes lo vieron en una cancha saben que la pelota le buscaba el botín cómo un nene busca los brazos de su madre a la salida del jardín para encontrar remanso. Eso era así, siempre, porque Garrafa si algo se sabía, era que nunca la iba a tratar mal porque la amaba.

Parece un pecado que semejante talento autóctono del conurbano no haya recorrido otras ligas (apenas cruzó el charco volvió por un problema familiar), pero no lo fue. El 10 eterno era feliz entre los suyos y, desde esa comprensión del todo, quizá se explique su comprensión de lo que era para él un juego simple mientras que para miles es la vida misma.

Dos días tardó en llegar el último latido de Sánchez. Dicen por ahí que ese que parecía que tenía más de 30 desde que nació andaba tirando firuletes con su moto y la verdad es que ya no importa. Ni sorprende. El loco era así y así, dicen, se fue.

Ídolo popular y mesías de los barrios bajos, desparramó trucos como un Harry Potter calvo en los suelos del ascenso con la de Laferrere y la del Porvenir mientras que en Primera se burló de los gigantes defendiendo los colores de Banfield. Sobre el barro demostró ser dueño de un particular sortilegio de arrabal.

Garrafa fue (es) ese que no necesita que lo llamen por su nombre, es el que forma parte de un ideal de jugador que representa mucho más que eso. Fue la negación a cualquier estereotipo moderno, fue un renegado de los esquemas y el último arquetipo del fútbol de concepción lúdica.

No jugó en los grandes, logró “apenas” dos campeonatos de ascenso y tampoco estaba salvado, pero fue mucho más. Garrafa entendió a la perfección, eso que decía Solari de ser “rico gratis”, el Gordo nunca necesito nada más que poder disfrutar y regalar un buen espectáculo. En la cancha que sea, con el rival que sea, en el escenario que fuera.

A 14 años de su partida, no hay amante del fútbol que no lo recuerde dando vueltas alrededor de la pelota y no hay dos de tres que no hayan visto una bandera con su rostro o sepan de su estatua en la sede del taladro, de la canción que le hizo Martín Alvarado o que sepan de su película estrenada en 2012 (El Garrafa, una película de fulbo) y llevada adelante por Sergio Mercurio y Sergio Smietniasky.

Porque Garrafa fue, es y será eso, un ser de imborrable esencia. Lo fue durante su corta vida para quienes tuvieron la posibilidad de tratarlo y lo es hoy, 14 años después de su inesperado adiós, para quienes entienden que, para regar el aire de arte y rebeldía, a veces, alcanza con una pelota.

 

La canción que le dedicó Martín Alvarado

Letra de "Tema de Garrafa"

"Regalando alegrías ahí va el Garrafa, magia en cada gambeta con gusto a gol; a ponerse de pie que empezó la fiesta, cada vez que acaricia el balón, hace latir más fuerte a cada corazón

Pibe de barrio pobre, más rico en sueños, el que comía salteado allá en Laferrere; gambeteando rivales más no a la gloria, y hoy escribe la historia con esa zurda, romance eterno balón y red

Generoso regalo tanta alegría, de esas que dejan huella en el corazón, pintándole la cara a cada tristeza, burlando al destino con cada gol Cuando el Garrafa la toca, se rompen gargantas en la popular; la gente se vuelve loca y hasta a la pelota se ve disfrutar

Héroe de pueblo chico y corazón grande, de esos que las revistas no han de ilustrar; taladrando rivales de azul y oro, de rojo y blanco, genio sin lámpara, gloria sin fin, desparramando magia con su botín

Cielo de verde y blanco sobre su calva, con la diez en la espalda y una ilusión, que busca hacer real tirando rabonas, tacos y lujos, despierta el canto de la afición, imaginando un norte de selección".

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