sábado 04 de julio de 2020

PROYECTO CZEKALINSKI

¿Qué pasa si comemos sólo los productos de la Canasta Básica Alimentaria durante seis meses? 

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11 de diciembre de 2019 · 11:15 hs.

Un grupo de voluntarios lleva adelante una investigación que busca conocer cómo impacta este tipo de ingesta en la calidad de vida de los argentinos, repensar el modo de medir la pobreza e incomodar a través de la ciencia. 

La Canasta Básica Alimentaria (CBA) se usa para medir la evolución de la indigencia en el país. Sin embargo, este parámetro del Indec vigente desde 1988 no sólo deja fuera cuestiones multifactoriales que determinan si una familia alcanza o no a cubrir sus necesidades esenciales, sino que además la selección de productos está compuesta por unos pocos alimentos de baja calidad nutricional.

Para comprobar el impacto de este tipo de ingesta en la salud física y psíquica de los argentinos, además de repensar el modo de medir la pobreza -de modo multidimensional y no sólo según ingresos-, tres voluntarios de proyecto Czekalinski llevan más de 90 días alimentándose con los casi 60 productos de la CBA, que tiene un costo mayor a los 4400 pesos mensuales y aporta 2.700 calorías por día a un varón adulto de entre 30 y 59 años con actividad física moderada (2.000 en el caso de las mujeres). 

Además de este selecto grupo, la iniciativa también incluye a otras dos personas que comen de forma tradicional, denominado “grupo de control”, y cuatro más que lo hacen según las GAPA, guías alimentarias para la población creadas por el Ministerio de Salud de la Nación en el 2000 y actualizadas cuatro años más tarde. Terminada la primera etapa en marzo, comenzará una nueva con las mismas características, encabezada por otros seis voluntarios.

Dentro de los objetivos de los investigadores está el de basar la CBA en las GAPA, que incluyen una selección de alimentos más saludable y equilibrada, un 20% menos de hidratos de carbono, el doble de frutas y verduras y énfasis en la actividad física. Y que también más cara: según las estimaciones del proyecto, seguir este último tipo de alimentación cuesta al menos un 80% más, lo que elevaría el número oficial de pobres e indigentes de forma considerable

La iniciativa que busca “incomodar a través de la ciencia” no cuenta con apoyo gubernamental, por lo que existe una campaña para recaudar dinero en la plataforma de crowfounding Donar Online. Los voluntarios se sometieron a estudios preliminares en el sanatorio cordobés Allende y continuarán controlándose con nutricionistas, médicos comunitarios y otros especialistas a lo largo de todo el experimento, que tendrá dos etapas de seis meses cada una. 

La palabra Czekalinski que le da nombre al proyecto remite al apellido de una familia norteamericana que posó en la tapa de la revista Life en la década del 50, rodeada de los productos que comería a lo largo de todo el año. La imagen representaba el bienestar occidental en una economía capitalista, que se oponía a la cultura comunista extendida del otro lado del mundo. 

Martín Maldonado es doctor en Ciencia Política, investigador del Conicet y uno de los ideólogos de la iniciativa. También uno de los seis voluntarios del grupo que sigue a rajatabla la CBA desde el 9 de septiembre. 

“Me siento mal. He bajado casi 6 kilos, tengo los triglicéridos muy altos, hambre, bastante mal humor y mala onda”, cuenta a INFOCIELO. Y agrega: “Todos hemos bajado entre 3 y 6 kilos, tenemos mucho malestar y sentimos deshidratación porque estamos comiendo mucho harina, fideo, arroz y papa”.

Martín usa la palabra “embotado” y “aturdido” para resumir lo que sienten tanto él como sus colegas. “Eso (por los hidratos de carbono) sigue chupando agua dentro de tu cuerpo”, asegura. Y revela: “Las chicas están a 400 y 600 gramos de entrar en bajo peso y una de ellas tiene muy alterado el ciclo menstrual”.

Quienes toman en cuenta las recomendaciones de las guías alimentarias, en cambio, “también bajaron de peso pero porque disminuyeron la grasa, no la masa muscular”. “Duermen bien y uno de ellos hasta dejó de roncar”, relata.

Según aclaran los investigadores, la CBA no fue diseñada como propuesta de consumo, sino que busca determinar el dinero mínimo que una persona/familia necesita para alimentarse durante un mes. Sin embargo, eligieron consumirla de forma exclusiva para “transmitir la importancia de concientizar sobre la correcta preservación del estado nutricional de la población en general”

“Aunque estuviese resuelta la principal crítica de la canasta, en términos de acceso económico a un grupo de alimentos de mejor calidad nutricional, aún así no garantiza lo anteriormente mencionado, ya que un factor clave es la correcta selección de alimentos, que sólo se la asegura con políticas públicas que incluyan Educación Alimentaria Nutricional (EAN) transversales hacia toda la población y sobre todo desde edades tempranas”, remarcan.

El grupo no cuenta con el apoyo de ningún gobierno. “Nos gustaría que nos llamen al Consejo del Hambre, subraya el investigador cordobés, y destaca: “No encontramos ningún otro proyecto de este tipo en Latinoamérica. Desde una ciencia comprometida pero objetiva podemos aportar muchos datos al plan contra el hambre”.

A nivel mundial, los Czekalinski citan otros ejemplos “excelentes” de guías alimentarias nacionales, como las de Canadá y Brasil, pioneras en reducir el porcentaje de alimentos fuentes de proteína de origen animal (lácteos y carnes) y aumentar proporcionalmente el grupo de alimentos fuente de proteína de origen vegetal (como legumbres).

Sobre el modo multifactorial de medir la pobreza, sostienen: “Es necesario preguntarnos si la carencia/privación que existe en la pobreza es de sólo de dinero ya que así sólo garantiza reproducción física o biológica. Los ciudadanos, ya sean ricos o pobres, sin libertad política, sin posibilidades educativas, sin posibilidad de gozar del derecho a la salud y a los alimentos, de una vivienda, están privados de un componente básico del bien vivir”. 

“Con el proyecto buscamos incomodar e interpelar lo suficiente como para que tengamos que aprender nuevas formas de pensar la pobreza, que nos lleven a abordajes más comprehensivos, y también más humanos”, definen en su blog los impulsores de la propuesta, que ellos mismos definen como “un pequeño ejercicio de empatía con quienes sufren hambre”.

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