domingo 15 de diciembre de 2019

Historia pura

La fábula del básquet argentino: de la lucha de León al legado del Oveja

Por: Andrés Caviglia

13 de septiembre de 2019 · 17:03 hs.

La Selección acaba de meterse en una final del Mundial después de 17 años y para entender este presente es imprescindible revisar el pasado. ¿Quién fue León Najnudel y cuánto tiene que ver con esta realidad soñada?

Mayo del ´63. En Brasil se disputaba el cuarto Campeonato Mundial de Básquetbol, que tenía como sedes las ciudades de Río de Janeiro, San Pablo, Belo Horizonte, Curitiba y Petrópolis.

Un joven amante del básquet nacido en Buenos Aires, llamado León Najnudel, asistió a la cita y se encontró cara a cara con la resultante de la competición nacional brasilera creada en 1920: jugadores con rasgos diferentes y potenciados entre sí brindaban un auténtico abanico de posibilidades para el básquet argentino.

Aquella observación se iba a transformar en la piedra fundacional de la Liga Nacional. La misma que nutrió y sigue nutriendo al básquet argentino, la misma que lleva las iniciales de su nombre.

Veintidós años después, León David Najnudel le daba forma definitiva a la Liga Nacional luego de militarla a lo largo y la ancho del país. Esa estructura que observó en Brasil fue su lucha por años. La idea de una competencia con representantes del todo el país lo obsesionó y no paró hasta lograrlo y reemplazar al viejo Campeonato Argentino de Clubes. Descentralizar y federalizar para crecer.

¿Por qué tanta obsesión?

El propio Najnudel le contaba a la revista Básquet Plus: “Siempre entendí que nuestros jugadores estaban muy dispersos en todo el país y se quedaban sin poder competir entre los mejores y contra los mejores. No había un estado de necesidad que permitiera su desarrollo al no existir un campeonato estable, único, atractivo y de dimensión nacional que abarcara íntegramente los ocho meses de la temporada. No teníamos cantidad y calidad de competencia”.

Así justificaba la necesidad de la implementación de la Liga Nacional: “No quedaba otra salida, como fue demostrado en todas partes del mundo: había que crear una competencia de elite que realmente interesara al público en cualquier lugar del país y que pudiera servir a los clubes para solventar a sus equipos”. Con esa claridad, Najnudel, anticipaba la clave del éxito que estaba por venir.

Uno de los padres de la Liga Nacional apuntaba a dos cosas esenciales: El jugador y el público. "El primero tendrá un medio exigente para poder mejorar su talento y el segundo tendrá un espectáculo que obligará a la prensa a darle difusión", resumía.

Cuando se cita a Najnudel como “uno de los padres”, es porque ni cuando sus caminos se separaron Najnudel dejó de reconocer a José María Félix “Yoyo” Cavallero. “Yoyo” había sido entrenador en España y en su regreso al país fue cobijado en la casa de los Najnudel. Por aquellas tierras se había comenzado con la dimensión nacional de la competencia en 1953.

Y se convirtió en uno de los primeros citados por León cuando habló en la inauguración de la Liga Nacional que hoy se refleja en aquel sueño federal y que da frutos aún después de la Generación Dorada.

La herencia

Mientras León estaba en Brasil visionando lo que hoy el mundo disfruta de Argentina, en una de las cunas del básquet argentino nacía Sergio Santos Hernández. El bahiense, que hoy reveló que este equipo finalista del Mundial de China es “el mejor que dirigió en su vida”.  

El popular “Oveja” fue quién, con el rendimiento de su equipo, deslumbró a Manu Ginóbili y al mismísimo Kobe Bryant en las primeras filas del estadio. Un quinteto liderado dentro de la cancha por un jugador fuera de serie cómo Luis Alberto Scola, técnicamente dotado y mentalmente arrollador.

Scola no es sólo el último eslabón de la Generación Dorada sino que será quién deje el legado en mano a esta camada de jugadores fabulosa que se crío bajo su contención y la de otros referentes que ya se fueron alejando como Andrés Nocioni, el mencionado Manu o Fabricio Oberto por sólo citar (injustamente) a unos pocos de una lista enorme.

Hoy, aquella visión de Najnudel toma relevancia otra vez. En esta oportunidad, quizás con mayor peso que antes. El hecho que luego de la Generación Dorada haya nacido y crecido un grupo como este tiene que ver con creer en el compromiso, la solidaridad y el trabajo a largo a plazo, eso que es increíble o sorpresivo sólo para los que no están familiarizados con el concepto de planificación.

Hacer del básquet algo federal es lo que llevó a que este plantel, que devuelve a Argentina a una final después de 17 años, a tener hijos de La Liga, formados, criados y fortalecidos a lo largo y a lo ancho del país y con referentes de todas la regiones para dejar en claro que la Generación Dorada no fue suerte, no fue una casualidad. Fue trabajo, ese mismo que da frutos hoy.

Un dato más para tener en cuenta como piedra basal de la construcción son los biotipos y el desarrollo de los distintos talentos. Entre los 12 jugadores con los que cuenta Hernández hay representantes de Córdoba, Morón, Mar del Plata, Santa Fe, Bahía Blanca, Tres Arroyos, Santiago del Estero y Saladillo. Todos y cada uno de ellos representan al espíritu de la Liga Nacional que un día soñó León y que un tal Oveja vuelve a hacer realidad.

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