martes 31 de marzo de 2020

LA HISTORIA DE FERNANDA RAVERTA

La política de la máquina “restaura vidas”  

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04 de agosto de 2019 · 10:01 hs.

La historia detrás de Fernanda Raverta, la precandidata a intendenta por el Frente de Todos en Mar del Plata. El legado de una familia montonera y su firme convicción de convertirse en la primera mujer que gobierne a la ciudad costera. “Yo creo que es el tiempo en el que las mujeres podemos dar muestras de responsabilidad frente a lo que hay que enfrentar para cambiar las cosas”, manifesta.

(Por Jorge Peroni) Es noche de jueves. Uno que completa la primera semana de abril del 2016. La sala del cine Goumont, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se encuentra repleta de personas ansiosas. Cuando las luces se apagan del todo, alcahuetean sobre la llegada del momento indicado para dar inicio a la proyección del estreno. Los parlantes alardean de potencia, mientras una sucesión de logos aparecen desfilando sobre la pantalla. De repente, el telón principal funde a negro convirtiéndose en soporte de unas letras blancas que inspiran al silencio absoluto sobre el clímax. Nacen palabras asociadas hasta completar las estrofas del texto: “Porque todavía, toda mi infancia viene a buscarme con un galope en las piernas y en sus labios una sonrisa salvaje”, se lee que dice al extracto desde poema de un tal Osvaldo Lamborghini.

Aproximadamente media hora después, casi por la mitad de la peli, se percibe entre las butacas el gran quiebre emocional en lo que va de la obra: “Yo me acuerdo que… bueno me parece que era con vos… pero bueno capaz que era con otra niñita, organizábamos que cuando tuviéramos diez años íbamos a inventar una súper máquina que devolviera… ¿era con vos no?...”, pregunta una joven sentada de medio perfil ante la cámara. Reincidiendo a primer plano en su rol como entrevistada, tal cual se la había visto en participaciones anteriores, actualiza con nuevos detalles el repaso sobre sus recuerdos. Lleva un ritmo de voz pausada con cual acompaña los movimientos lentos a su boca. Mientras habla, como va pudiendo, desanuda con saliva algo que jode en su garganta.

Esa “otra niñita” de quien hace referencia durante su relato es, a sabiendas y sin necesidad de verla asomar en escena, la misma persona a quien le está contando lo suyo ahora: Virginia Croatto, directora de “La Guardería”, el film que se estrena ante el púbico (Documental basado en la historia de treinta infancias vividas dentro una gran casona cubana de La Habana,  reflejada a través del recuerdo a estos niños, hoy hombres y mujeres, quienes recrean las fantasías y anécdotas pasadas de su estadía en el exilio por la participación de sus padres en la llamada Contraofensiva Montonera dentro “La Guardería” como ellos mismos bautizaron al sitio en donde ambas se conocieron y convivieron cuando niñas, entre 1979 y 1983).

La interrupción en la continuidad a su frase dura apenas segundos. Sin embargo, ese pequeñísimo respiro resulta suficiente para traspasar a cachetazos la pantalla. “Que…bueno…que devolviera la vida”, cierra con angustia evidenciada en su rostro, producto a la disputa entre su decir y la impronta poderosa de su llanto. Quien acaba por narrar ese sueño a futuro del pasado propio es una de las “hermanitas Raverta” y formó parte, junto con Ana, en aquel dúo de pequeñas criaturas argentinas madurando desde un exilio inentendible por pecado político originalmente concebido.

Actualmente, María Fernanda –así su nombre- es madre, hija, hermana, esposa, política y amante de la militancia, además de licenciada en trabajo social, dirigente peronista, Diputada Nacional por la provincia de Buenos Aires y única candidata a Intendente de Mar del Plata dentro la lista por Frente de Todos. Nada en eso supone con ser casual, por el contrario: forma parte de una construcción ideológica, sanguínea y heredada. Por su trayectoria personal y sentido de pertenencia ideológica, tranquilamente se la podría considerar como un animal político. De la buena o la mala, de la limpia o la sucia, mejor o peor al resto, pero política de raza sin lugar a dudas.

La guardería en la Habana. 

TODOS TRAS SUS PASO

Otra vez noche, también ahora. Pero una de viernes que le pertenece a Julio, mucho más nueva que la anterior y caída sobre vacación de invierno a pleno 2019. Tras un primer pantallazo, a vista gorda de turista que recién asoma, sobrevuela la sospecha de que Mar del Plata no estaría siendo lo que ella misma quisiera... y el peinado de la candidata tampoco.

La ciudad, probablemente, producto de la prolongada crisis económica en la que están inmersos tanto el país como la provincia en donde se aloja. Los pelos de la mujer que se observa desde lejos haciendo campaña, en cambio, por la culpa de ese viento costero tan característico que suele soplar sobre la localidad bonaerense más hermosa y popular por preferencia.

“Mar del Plata no está bien, porque además de verse afectada por el modelo económico del gobierno nacional, a nivel municipal tenemos graves problemas de abandono desde la gestión actual. El abandono es absoluto, ya sea en cuestiones básicas de respuestas que debe dar un municipio, en términos de infraestructura, calles, luminarias, como sobre el estado de la salitas donde se atienden los vecinos o  a la situación de desidia en la que están enmarcadas las escuelas”, evaluaría al respecto la candidata peronista compitiendo para ser electa Intendenta a través del voto mayoritario del ciudadano marplatense durante la próxima elección ejecutiva que se llevará a cabo entre agosto y octubre de este año.

La primera postal con un patrullero cruzado, a como venga, sobre una esquina más un presunto sospechoso requisado, a gamba abierta sin permiso para despegar las palmas de sus manos desde el apoyo contra la chapa del capot del móvil policial, no llamaría demasiado la atención si no fuera porque a la dos cuadras volvería a repetirse otra imagen semejante; en este caso, con trío de supuestos malechores.

Al consultar el motivo se cae en la cuenta de que el oficialismo nacional y provincial anda de visita en estos pagos como parte de la recta final en su campaña de cara a las PASO. En un acto 360º que se desarrolla en el club Quilmes y acompañados por intendentes, legisladores, funcionarios y precandidatos en todos los niveles, María Eugenia Vidal y Mauricio Macri intercalan sus discursos recomendándole a los marplatenses para que los voten. “En Cambiemos hay una interna entre dos candidatos que conozco. Una candidata con la que hemos estudiado un año de la carrera juntas, así que la conozco bien, y el candidato varón que es diputado nacional, o sea que también compartimos hace dos años el ámbito laboral. Después está el intendente actual y el ex intendente. Yo digo que los candidatos con quien confrontamos son dirigentes que por ahí ya mostraron lo que pueden hacer en la ciudad. Nosotros, en cambio, somos una fuerza política que nunca gobernó MDQ, por lo tanto, nos permite mostrarnos como una alternativa que puede hacer algo distinto a lo ya hecho dentro la ciudad”, describe en relación al contexto del escenario político actual en el ámbito local.

A varias cuadras de distancia, en una zona olvidada y marginada de la ciudad, la candidata Raverta recoge los reclamos de vecinas y vecinos del Barrio Golf. Mientras Fernanda pica de vecino en vecina recolectando sus reclamos, el periodismo hace lo suyo sin que ella se entere. Cuando se le pregunta a la gente, de soto boche, que imagen tiene sobre la persona que los visita, las respuestas son variadas y concretas: “en alguien hay que creer y la tengo registrada como la diputada nuestra. Por lo menos ya hace algo por nuestra ciudad desde donde le toca”, dice Telma (64); “Acá ya estamos cansados de siempre las mismas promesas falsas. Cada vez que hay elecciones pasa lo mismo. Espero que así tan simple como parece, sea la que al fin piense en mejorar el barrio si llega a ser Intendente”, dice Claudio (42). “La conozco de cara nomás, por los afiches, pero me cae bien ahora que la veo personalmente”, dice Lola (22). “Si es como el resto de su familia…”, amaga en decir Bocha (42/no quiso dar a conocer su nombre de pila); “Es una genia. Mi mamá cursaba con ella y cuenta maravillas sobre su personalidad. Fernanda nos va a mejorar la vida a todo el barrio. Tengo ese pálpito. Ojalá se den cuenta y la voten”, dice Mora (36).

La jornada llega a su fin. Hace un frío que ventila las almas. El movimiento en las calles no coincide con las cifras arrojadas desde la ocupación hotelera pero puede ser porque ya sea casi la medianoche. Salvo en el centro comercial de calle Güemes, el que hasta hace unas horas duplicaba en cantidad los paseos con turistas frente a las vidrieras, respecto de lo observado en la vieja y masiva peatonal San Martín, las veredas no padecerían tanto el desgaste por las pisadas como en temporadas pasadas.

Para colmo, el partido inaugural en la Superliga del fútbol argento, que esperaba ser plato fuerte como mixto llamador según las promos de los bares y carteleras improvisadas sobre los vidrios en las pizzerías, está zarpado de aburrido y perfila a terminar con empate en cero.

GUARDA CON ELLA

Febo despierta meta arenga en la puesta sabatina. Con la fuerza de su arresto va copando en la parada, como toda estrella molesta saliendo en defensa del ser “feliz” cuestionado a su amada. Es un sol impoluto, tipo as de oro en baraja exagerada, que se planta desafiante ante quien anime a juzgarlo. Fanfarronea a lo grande por saberse siendo centro del paisaje. Cuesta abajo por la Rodríguez Peña a tope con mar, nada eclipsa a su vista. No le hace mella ni la grúa en alto del sistema policial para monitoreo ni el cartel en rombo que anuncia del acceso en Playa Grande a doscientos metros, tampoco.

Ahora sí no hay con que darle. Atravesar por sus curvas rumbo al asfalto costero, abre el telón a la famosa y eterna “Reina del Atlántico”, envuelta en sus mejores plumas. Durante todo el recorrido que bordea las distintas playas, pasando frente al lobo marino por la zona de Casino y Hotel Provincial, hasta girar a la altura del balneario Alicante, Mar del Plata amanece tan radiantemente y bella que confunde simulando ser la misma a sus épocas de esplendor cuando, al brillo de su encanto, acaparaba los elogios de un país entero. Es aquella mole urbana de sus años mozos con la que hoy el turismo anhela.   

Al adentrarse en la ciudad, alejando de las olas, las pupilas descansan y al fin dan un permiso a las mentes para concentrarse en otra cosa. Es cuando sobrevuelan en retorno las palabras incorporadas desde repasos previos:

“¿Cómo se comportan mis hijas? ¿te dan mucho trabajo? ¿Y vos loca de mierda? (léase Nora) ¿Qué haces cuidando chicos? Me dijeron que estás hecha una profesional. Y que la vestís a Anina con puntillas y moños… Me siento muy tranquila de que las nenas estén cuidadas por tres locos (¿??) como ustedes. Gracias. Pero tenía ganas de decírselos. Espero que no falte mucho para verlos y si pueden, escríbanme, que por alguna vía insólita quizás me llegue. Cuéntenme de las nenas y de ustedes. No dejen que mis hijas se olviden de mí. Léanle mis cartas y muéstrenle mis fotos. Yo sé que lo deben hacer pero igual se los pido, porque las extraño mucho. Bueno, no quiero ponerme sentimental, así que la corto. Un fuerte (o mejor dicho tres) abrazos montoneros. Hasta pronto Juliana”

El extracto pertenece a la carta que María Inés Raverta (Juliana según nombre de guerra) les envió a sus compañeras/os a cargo de la guardería de La Habana. Hoy su mamá tendría 63 años cumplidos. Cuando tenía 24 (y Fernanda apenas 4 añitos), fue secuestrada en Lima, Perú, en contexto de la última dictadura cívico militar argentina. Su mamá fue integrante del movimiento Montoneros,​ secuestrada y desaparecida por oficiales del Ejército Argentino. Su padre es el ex dirigente montonero Mario Montoto, quien a mediados de los ochenta inició en su relación amorosa relación con la también militante política Adela Segarra (ex diputada por FPV), con cual Fernanda viviría muchos años construyendo un fuerte vínculo afectivo, hasta sentirla como su madre adoptiva, que trascendió con el tiempo, incluso, después de la separación entre Adela y su padre.

Su hermana y compañera de infancia en tiempos de La Guardería, es Ana María Montoto Raverta, Ani, militante ultra defensora de Derechos Humanos. ​“Hay una frase que me gusta muchísimo, que me dijo una vez Alicia, una amiga de ella, que para mí la define. Me dijo: 'Tu mamá no te daba lo que le sobraba, te daba lo que tenía’, y siempre me quedó grabada esa frase desde el momento en que me la dijo, porque justamente creo que es coherente y engloba todas estas cualidades que les fui contando de ella, porque dio su vida por lo que pensaba, lo que creía, por nosotras, sus hijas, sus compañeros, los que ya no estaban, los que seguían luchando, entonces me parece importante decírselos”, reflexionaría en voz alta la hermana de Fernanda cuando tocó su turno para declarar ante el jurado durante la cuarta jornada de audiencia en el marco del juicio oral y público contra los ex militares partícipes en complicidad con torturas, muertes y desapariciones producidas dentro la causa que investiga los delitos de lesa humanidad ocurridos en los años de la llamada “Contraofensiva” (llevado a cabo en abril de este mismo año).

Su genética, su cuna, la sangre que corre por sus venas, su historia de vida nace marcada, crece potenciada y continúa viciada por la política. “Tengo ejemplos de mujeres con vocación de servicio para estar atentas y a disposición de las grandes mayorías, de los que menos tienen, pensando en la igualdad como herramienta de construcción para el desarrollo de la familia y el bienestar de los niños, además de contar, por supuesto, con el ejemplo de mi mamá. Así que sí, sin dudas, el gen debe venir desde lado de las mujeres de la familia”, afirma Raverta sobre ella misma.

Si no fuera por la hermana pediatra que vive en CABA, por la profe de Sociología residiendo en La Plata, o gracias al hermano guardavidas y productor musical, los eventos familiares se transformarían en unidades básicas.

UNA VIDA DE POLÍTICA

Tras la puerta sobre fachada de una casa que se ubica al cuatro mil y pico sobre calle Ayacucho, se escuchan los ruidos del el golpetear entre llaves. Una vez acertada en la postura correcta, finalmente se abre. Desde la oscuridad interior al hogar, brota la figura anfitriona. Esta vez, no hay flequillo que caiga sobre su frente, ni melena desbordada por el viento, al menos no que pueda advertirse. Un turbante color celeste, improvisado con el toallón de baño, ocupa ese lugar sin dejar pelo suelto a la vista. Una remera clarita abotonada al escote, con las mangas largas de algodón pesado al tono, junto a las pantuflas completa su vestuario, jean suelto de por medio.

La dueña secunda la mirada intrusa a living travieso. La vista detiene en el orden preciso que hay dentro el ambiente principal de la casa (llamativamente austera en comparación con la que podría esperarse desde una propiedad como vivienda para la familia de una diputada). Una vez del otro lado de la barra que separa todo lo anterior de la cocina, Fernanda posa al pie de la hornalla encendida bajo pava. De ahí, invita a sentarse en una de tres sillas que hay en ronda a una mesa arrincona. “¿Tomás mate también? ¿O preferís otra cosa?”, pregunta despojada de turbante con el pelo otra vez libre entre húmedo y mojado.

Espera el silbido buchón, habitual a cada pava, sin dejar de peinarse un segundo. En el sillón, también arropada de entrecasa, desparrama su pereza de recién levantada una risueña niña Vicky (la mayor de sus dos hijas). La otra, su pequeña Inés, según se cuenta, brilla por su ausencia sin despegar un ojo, todavía. “Las nenas… que ya dejaron de serlo… están tan grandes…”, le sale decir reflexiva a lo madraza, con carga emotiva a la par en sus ojos. Vaya si han crecido. La primera cursa la carrera de Licenciatura en Administración en la UNLP de La Plata. La menor, ya termina el secundario y proyecta sus estudios en UNA de CABA, donde cursará la Licenciatura en Actuación, una vez graduada.

El resto de la charla pasa entre los mates y gira siempre en torno a ella. Se describe como una persona comprometida en la tarea y asegura en que cuando se propone un objetivo deja cuerpo, corazón y cabeza para que las cosas salgan bien, “es lo que quiero dejarle de herencia a mis hijas”, dice y agrega enseguida que ella está convencida en que las cosas se pueden hacer bien, “lejos de naturalizar lo malo que se hace desde la política”, aclara por si las moscas. Es que se ataja todo el tiempo porque considera que esta elección tiene mucho de eso: “una búsqueda de marketing político donde la descalificación siempre en agenda trata de enfocar en nombres propios adjetivados como una especie de estigmatización personal y no de proyectos o programas”. Confiesa que su equipo trata de evitar entrar en ese ámbito de la distracción porque “yo siempre prefiero de concentrarme en la manera de ofrecer un cambio en la ciudad”.

En eso, un varón apuesto irrumpe en medio de la conversa. Tiene una sonrisa tan amplia como desconfiada. Saluda con simpatía, pero sin dejar de moverse bajo una actitud perruna, es decir, moviendo la cola ante la visita que ya dejaron entrar a su casa, pero sin dejar de olfatear por las buenas o malas intenciones que pueda arrastra dentro suyo la misma. Es el papá de ambas hijas en común. “lo conocí en una experiencia de apoyo escolar en un barrio. El tocaba la batería y lo fui a convocar para ver si podía dar clase en un barrio. A partir de ahí hicimos toda la carrera juntos, el estudio profesorado de historia y vamos construyendo también juntos, nos vamos dividiendo los roles”, sirve de presentación Fernanda a lo que él agrega: “Con mucha paciencia y mucho cuidado y respeto por lo que le toca hacer al otro. Confiamos en el criterio de cada uno y nos conocemos de memoria para complementarnos y que las cosas funcionen”. Vuelve a saludar y sigue en lo suyo como líder del equipo de campaña.  

Los llamados comienzan a intensificar su periodicidad y se entiende buen momento para ir liberando a la candidata. “Lo primero que haría es ir con un grupo de albañiles, técnicos y gasista para arreglar una escuela. Sea yo o quien sea, lo primero que debe hacer un intendente, el mismo 11 de diciembre, tiene que ser eso, arreglar una escuela. Adelantar a los problemas de infraestructura escolar y no esperar, como siempre pasa, de ponerse a pensar sobre el tema llegado el mes de marzo…”

Mientras la dueña de casa busca el lugar en donde quedaron las llaves, el imaginario obliga a pensar en una primera mujer como mandamás municipal en Mar del Plata. “De ser así, sería porque la mayoría de los marplatenses lo eligieron y estaría relacionado con la necesidad de que pase algo distinto, ya que repitiendo la formula local nos llevó siempre al lugar en el que estamos. Por otra parte, me parece que es una enorme responsabilidad, porque cuando una mujer llega a algún lugar es doblemente evaluada, doblemente cuestionada y doblemente exigida. Pareciera que nos cuesta el doble llegar, pero después nuestro esfuerzo tiene que ser mayor al de un varón, hay que estar todo el tiempo demostrando. Yo creo que es el tiempo en el que las mujeres podemos dar muestras de responsabilidad frente a lo que hay que enfrentar para cambiar las cosas. Las cosas no se cambian, así como así y bueno… ese coraje o esa energía hablan más de las mujeres que de los varones en estos tiempos”.  

La puerta de la reja en el frente se cierra entre saludos varios. La del auto se abre, se cierra y se entrega al retorno. El semáforo en rojo que permite girar hacia la izquierda sobre la avenida Independencia deja lugar para una última reflexión solitaria. A lo mejor, al tomar mayor conciencia, terminó por proyectar sobre un plano más cercano a la realidad aquel viejo sueño. Y convertirse en la primera mujer consagrada como flamante Intendenta de su Mar del Plata a través de la elección ciudadana, no se trate de otra cosa que de la forma más cercana a su alcance para reemplazar aquella máquina idealizada cuando niña. Su modo de poder transformar aquello en un objetivo factible y hacer el intento por llevarlo a cabo. En definitiva, lo que según ella la ocupa ahora, es otra manera distinta de focalizar energías sobre algo muy querido por ella y buscar una chance para devolverle la vida. Tal vez si lo logra, sentiría estar cumpliendo en su idea de restaurar vida como, entre palmeras cubanas, lo había soñado a su mente.

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