miércoles 16 de octubre de 2019

Entrevista con video

Historias para ser contadas: Aradia cuenta cómo es emprender la transición hacia otro género a los 20 años

Por: Victoria Zumárraga

27 de julio de 2019 · 13:00 hs.

Aradia García tiene 20 años y es trans. Le pone nombre a su identidad: se nombra con un orgullo del que sólo saben quienes vivieron la opresión y deciden enunciarse desde su lugar político. ¿Cómo es “transicionar” hacia otro género después de casi 20 años? ¿Cuántas cosas atraviesan las personas trans hasta dejar la incomodidad de un género que no las identifica? ¿Qué es la furia travesti? ¿Qué pasa con el movimiento trans-travesti en Argentina? 

Aradia dice trans, dice trava, dice travesti. Me espera sentada en un banco frente al Teatro Argentino, en pleno centro platense. Vamos a hablar más de una hora sobre su historia, su transición hacia otro género y sobre todo lo que tuvo que pasar hasta sentirse cómoda con su identidad.

En este primer encuentro, nos citamos en un atelier de vestidos para fiestas, sólo porque el lugar tiene una luz natural que nos sienta bien. Poco le importa la ropa que hay colgada en las perchas: mira por arriba, casi evidenciando desinterés, se sienta, se acomoda el pelo mil veces. Vino para otra cosa: quiere contar su historia. Una que no estuvo -ni está- rodeada de vestidos. “Nunca me sentí identificada con la ropa que se dice de varón, pero tampoco con la de mujer”, desliza, mientras empieza a mostrarme una parte de su identidad.

Más adelante nos vamos a encontrar en el Auditorio de la Facultad de Bellas Artes, porque Aradia toca el piano y no me quiero perder la oportunidad de escucharla.

Estudia Comunicación Social en la UNLP; es militante del movimiento trans-travesti, toca el piano y canta lírico. Habla con la propiedad de una investigadora en formación y se pinta los labios de rojo todos los días, casi como una regla, según pude ver en su cuenta de Instagram antes de conocerla. Usa jeans, botas, lentes con marco negro y una remera escotada. Ya tiene tetas: las hormonas hicieron lo suyo. Su aire intelectual se acentúa cuando mueve las manos y se toca el mentón, mientras piensa.

 “Soy una mujer trans” -comienza, y me sumerge en el mundo del colectivo trans-travesti, ese espacio que ahora la contiene y la transformó en Aradia, a los casi 19 años. Habla, para, piensa, se replantea. No pasó mucho desde que asumió su identidad de género. “No estaba cómoda, ni segura con el género que me fue impuesto al nacer, el masculino”, dice en tono de confidencia. Incomodidad es una palabra que va a repetir muchas veces durante nuestros encuentros.

Al proceso de transición de un género a otro, lo llamamos “transicionar”. Es un neologismo que parece describir este proceso. Y aunque la RAE no lo acepta, en Historias para ser contadas decidimos ignorar los manuales y usar una palabra que refleja el sentir de todo un colectivo.

Aradia también logró sortear los obstáculos de la imposición. Un día decidió que ni ese género que le imponía su genitalidad, ni el nombre que llevaba, le eran propios. Eligió un nombre y se plantó: Aradia, “diosa de brujas, que enseña la brujería como forma de transformación social, que lleva la sanación”.

A ella, la sanación le llegó al transicionar. “Ser trans va en contra de toda la lógica cis, de varón y mujer”, dice, y acá frenamos. ¿Qué significa cis? Cis género son todas aquellas personas que se sienten identificadas con el sexo que se les asignó al nacer. 

 

El Orgullo Trans

“Volvería a nacer trans”, me dice firme, cuando se repiensa en su propia enunciación: “En realidad me retracto: mi género es trans, no soy mujer trans, soy trans. Sólo trans”. “¿Calzo 42?, calzo 42. ¿Tengo barba? ¡Tengo barba! Eso es ser trans, eso es transicionar”. Es que para hablar sobre el orgullo trans, Aradia evoca a Lohana Berkins. “Ay Lohana, las mamá de las travas acá en Argentina”, dice con un suspiro de profundo amor y respeto.

¿No conocés a Lohana? Si llegaste hasta acá, no te la pierdas:

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

🙌🏽 #PersonajesQueInspiran #LohanaBerkins 🦋 “El motor de cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo”. 🏳️‍🌈Lohana Berkins fue una activista y referente del movimiento trans-travesti de la Argentina. ✊🏼Su lucha por los derechos del colectivo #LGTBIQ dejó un legado tras su fallecimiento en 2016: fue impulsora de la #LeydeIdentidaddeGénero en Argentina sancionada en 2012 y supo representar a la marea transfeminista que hoy la lleva como bandera de lucha. #Dato 👉🏽 Lohana fue pionera en reclamar y conseguir, en 2002, ser inscripta en la escuela porteña Normal 3 con su nombre elegido. Además, fue la primera travesti en tener un empleo público; fundó la primera cooperativa laboral trans; y desde 2013 tenía a su cargo la Oficina de Identidad de Género y Orientación Sexual, del observatorio que funciona en el Consejo de la Magistratura porteño. . . . #Infocielo #HistoriasParaSerContadas #Trans #CupoLaboralTrans #QueSeaLey #IdentidadDeGénero #LGTBIQ #FuriaTrava

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Pasaron 45 minutos y sigo hablando con Aradia. “Yo elegí hormonizarme y estoy en proceso de hacerme algunas operaciones. Lo elegí, no lo hago porque me lo pide la sociedad, quiero tener esto y no quiero tener esto”, afirma.

“Es cierto que quizás tengo un aspecto bastante femenino, me gusta pintarme las uñas, maquillarme y eso, pero eso es sólo en la materialidad, en lo identitario, pienso ¿qué es ser mujer, qué es la feminidad?”. Deja la pregunta girando en el aire y me pone en jaque. Algo tan simple para mí -mujer cis- representa para ella todo un universo chocando, de años de pensarse, tratando de encajar a la fuerza en una de las etiquetas que son socialmente aceptadas.

Ese aspecto tan “femenino”, para quien lleva al género trans como bandera, es, según sus palabras, “un arma de doble filo”. “Me han dicho que no se dan cuenta de que soy trans”,  cuenta y confiesa: “A veces me gusta porque significa que este proceso de hormonización está dando frutos, pero por otro lado me gustaría que se note para dar cuenta de mi identidad”.

En Argentina, todas las personas tienen derecho a que su identidad de género sea reconocida según su elección. Conocé qué dice la Ley de Identidad de Género 26.743, sancionada en 2012.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Yo nazco como Aradia desde Otrans Argentina, que es una organización de la sociedad civil que lucha, promueve y fortalece los derechos de las personas trans y travestis. Ahí soy la Secretaria y eso fue abrazarme el alma”, dice y sonríe.

El cuerpo habla. Aradia se cruza de brazos: es momento de hablar de los abusos que sufren sus compañeras, muchas de ellas migrantes, cuando están expuestas a la mano dura de la policía bonaerense en la calle, y del servicio penitenciario cuando las meten presas en condiciones infrahumanas. “Muchas veces les arman causas con la ley de drogas”, asegura. Y me recuerda la cantidad de titulares que leí con las palabras “travestis”, “zona roja”, “cocaína”. Un clásico de los policiales, cuya relación puede entenderse como la consecuencia de la marginalidad a la que quedó sometido el colectivo trans- travesti, olvidado por el Estado que obstaculiza su inclusión en el mundo del trabajo.

En Otrans, este colectivo que conduce la referente Claudia Vásquez Haro, son muchas las trans que junto a Aradia piden que la Gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, reglamente y ponga en vigencia la ley de cupo laboral. Pero no se conforman con ser una porción obligatoria: reclaman que haya verdadera inclusión, con igualdad de acceso a la educación y a la formación profesional; y que sus compañeras no se vean obligadas a ejercer la prostitución, que en muchos casos se les presenta como única opción de supervivencia -producto de un sistema perverso que excede las decisiones individuales- y las expone al abuso de las fuerzas de seguridad y a la violencia machista.

Es que no es sólo el Estado -con la colaboración de sus brazos armados- el que las margina. A la falta de voluntad política del Gobierno, se suma un profundo desprecio de una parte de la sociedad civil que odia, ignora y aísla. Por eso la “furia trava”: una marea que creció junto a los movimientos feministas reclamando contra la violencia machista hacia las mujeres y las identidades disidentes. Un colectivo que también lucha contra los crímenes de homo-lesbo-trans-odio hacia los cuerpos que no se ajustan a los cánones de una sociedad que vota a una derecha represiva; y que -en nombre de la Iglesia- no salva ninguna vida al negar el derecho al aborto legal, seguro y gratuito y obstaculizar la Educación Sexual Integral.

Aradia toca el piano en un auditorio vacío. Recuerda los años en el coro de su querido Normal 1 y cuenta que fue una de las primeras trans en egresar de sus aulas. También me relata su paso por el Conservatorio de Música Gilardo Gilardi, donde tuvieron que abrir oídos y cabeza para escucharla cantar un aria de mujer con su voz masculina. “Eso choca y me encanta que choque”, dice con picardía adolescente.

Aradia es orgullo. No tiene ninguna intención de adaptarse a reglas que le impone quien no la reconoce. Entonces pelea, con furia trans-travesti, acompañada por una marea que no se conforma con ser cupo, ni paria. Porque como dijo Lohana Berkins (¡Ay, Lohana!), en un mundo de gusanos “hay que tener coraje para ser mariposa”.

 

 

Imagen: Ariel Isaac Martínez

Edición: Jorge Corsi

Agradecimientos: Aradia García- Facultad de Bellas Artes UNLP- Amelín Atelier

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