Sociedad
UN OBITUARIO DIFERENTE

Mauro Viale: El enloquecido del rating que yo conocí

Trabajar con Mauro Viale marca un antes y un después en la carrera periodística de quien haya pasado por su "locura". Rating, rating y rating, su único desvelo

Mauro Viale no fue un gran tipo.

¿Y eso a quién debería importarle?

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¿Uno prende la tele para ver buena gente?

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"Pinamar tiene miedo" escrito en la arena de un día frío de invierno en la playa de aquel balneario, mientras el "Caso Cabezas" conmocionaba aún al país a pocos meses de su asesinato.

Mauro Viale diciendo que esa frase había sacudido la modorra de un pueblo a orillas del mar que sabe más de lo que cuenta, por temor a represalias, porque pueblo chico infierno grande, o porque no se animan a colaborar con la justicia.

Manos misteriosas habían escrito esa consigna en la zona húmeda de la arena y lo que ya eran 2 días de un móvil sin un solo testimonio en Pinamar se empezó a convertir en un desfile de pobladores permanentes de esa ciudad indignados para desmentir a esa frase que "misteriosamente" apareció de madrugada.

Después de esa puesta en escena en la playa invernal hubo móviles para "Mediodía con Mauro" llenos de pinamarenses aportando lo que sabían solo por la bronca de que anónimamente se los tratara de "cagones".

Todavía recuerdo la rama del árbol con la que horas antes el productor y yo, que era su movilero, habíamos seguido sus instrucciones de escribir a las 6 de la mañana la misteriosa frase en la arena: "PINAMAR TIENE MIEDO" , para lograr "despertar de su modorra" a los habitantes del lugar, conseguir testimonios en una ciudad en donde la gente no es afecta a hablarle a una cámara de televisión, y no perder todo lo invertido en varios días de movil "en vivo" cuyo costo de satélite y manutención de los 8 que estábamos allí, era elevadísimo para el presupuesto del canal en esos tiempos.

Y el rating se triplicó.

Ese era Mauro Viale. Por lo menos el de 1997. Un animal de la tele para quien un punto más de rating era la diferencia entre su buen humor o su enojo y destrato si no sucedía así.

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En las noches de ese año Mauro co-conducía con Maradona "Fenómeno Real", un engendro creado por Eurnekian para impulsar el éxito de los "Mediodías con Mauro" también en la franja nocturna.

Maradona venía cuando tenía ganas.

Era más un invitado que un co-conductor.

Mauro se enojaba mucho por sus ausencias inesperadas.

Un día con Diego al aire hizo 2.9 de rating.

Al día siguiente Maradona faltó y con un represor de la dictadura, "El Turco Julián" de invitado, hizo 4 puntos de rating. Su frase, llena de revancha y felicidad al mismo tiempo fue... "Ves, ¿para que lo necesito a Diego? ... ¿Que me da Diego?". Lo escuché absorto y me di cuenta que para ese Mauro, el rating era su verdadero barrilete cósmico.

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Aquella noche había invitado también a una chica "Hija de desaparecidos" a quien a alguno de sus padres había torturado el "Turco Julián", también allí presente.

La orden era sentarlos lejos uno del otro para que no hubiera violencia física entre ellos.

Ni la joven ni el represor debían saber que su "contrafigura" estaba invitada también.

Pero ¿y si no se enojaban? ¿Si no había "tole tole"? El rating no reflejaría lo difícil de sentar en el mismo estudio a un represor y la hija de sus torturados.

Violencia no. Pero "cachengue", sí.

Entonces Mauro Viale encargó a su producción que se adoctrinara toda la tarde a un actor que respondiera a alguna orden en código del conductor o la productora general del ciclo y en medio del programa saltara de su silla y dijera que el conocía bien a los padres desaparecidos de la muchacha y que eran "ponebombas".

La idea era calentar el ambiente si la charla iba por carriles demasiado civilizados.

El actor elegido para provocar reacciones y enojos que elevaran el rating seguramente lo recordará y no me dejará mentir.

Años después sería la "estatua viviente" de calle 8 en La Plata a quien todos lo conocen como "Pachuli".

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Mauro Viale amaba el periodismo, era un "maestro", y hoy que ya murió será un prócer que adoraba su profesión, pero más amaba la planilla de IBOPE con los números del día anterior.

A él poco le importará lo que digan acerca de su vida y su carrera, debe estar mirando desde el más allá, el minuto a minuto de su velatorio.

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