Política y Economía
CONCLUSIONES INCHEQUEABLES

Culpan al "consumo irónico" por los votos de Javier Milei

Ayer, en elucubraciones postelectorales, militantes oficialistas y también de Juntos, apuntaron al consumo irónico a Javier Milei, como favorecedor de su caudal

¿Puede el "consumo irónico" de un dirigente político como Javier Milei haberlo ayudado indirectamente a incrementar su caudal electoral y convertirlo en una figura potencialmente erigida para liderar el segmento de la derecha Argentina?

¿O decir eso es minimizar la decisión de un 14% de los porteños?

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Lo real, de acuerdo a los politólogos, es que las dos preguntas podrían responderse complementariamente sin invalidarse una a otra.

Es decir, el consumo irónico ejerce de difusor involuntario de un personaje marginal y lo instala al gran público pero por otro lado no sé subestima la elección de quiénes votaron a Javier Milei aunque si se la condiciona a qué lo hayan conocido, en parte gracias a aquellos que lo trataban con sorna y se burlaban de él

¿QUÉ ES EL CONSUMO IRÓNICO?

Es un fenómeno que se ha potenciado a partir del uso de las redes sociales aunque no nació de ellas. Desde hace décadas muchas personas gustan de sumarse a los consumos populares, no porque compartan atracción por ellos particularmente, o porque se conviertan en sus fanáticos, sino para criticarlos utilizando la ironía, el sarcasmo o la burla.

Esto les permite "participar" de los temas que popularmente se habla pero diferenciándose, desde un lugar de crítica y sorna socarrona.

Mirar una película "Clase B" como podría ser "Los bañeros, la playa loca", o en la década del 70, "La carpa o la discoteca del amor" para después poder reírse en comunidad pequeña y cercana de amigos, era ya habitual en Argentina desde hace 50 años.

Sin embargo la irrupción de las redes sociales (y entre ellas particularmente Twitter, cuyo espíritu suele ser el de la socarronería) provocaría un "efecto boomerang" que transforma al burlado en burlador.

Durante la jornada de ayer se instaló desde la militancia tanto de Juntos por el Cambio como del Frente de Todos que la introducción de Javier Milei como un personaje a consumir irónicamente podría haber ayudado a su propagación y conocimiento social en aquellos cuyo nivel de literalidad y su comprensión de la ironía es mucho menor al de otros que se jactan de esos atributos.

Esto significa que involuntariamente quienes se mofan del dirigente que el domingo obtuvo casi un 14% de los votos, paradójicamente podrían haberlo ayudado a hacerse famoso, a pesar de estar en las antípodas ideológicas y haberlo usado casi como un monigote, durante muchos meses.

Es que la comprensión del sarcasmo no sólo no es para todos, sino que el mencionarlo (aunque sea de manera irónica) lo ha convertido a Javier Milei muchas veces en "Trending Topic", sin que los receptores de esa "popularidad gratuita" supieran que se trataba en realidad de una burla.

Otros, en cambio, sostenían que eran los medios de comunicación quienes, con intereses por la ideología que defiende y el discurso "pro sistema financiero y pro mercado" de Javier Milei, los que lo invitaron centenares de veces a los programas, a pesar de no representar, hasta hace pocas semanas, a ningún espacio político con raigambre o historia dentro del electorado argentino.

ENTONCES, ¿QUIÉN INSTALÓ A MILEI DENTRO DEL UNIVERSO POLÍTICO?

¿Fue la representatividad de sus postulados y la permeabilidad que encontraron en los más jóvenes?

¿Fue el consumo irónico de quienes se autoperciben como superiores y lo toman como "puchinball" sin percatarse que a la vez lo encumbran en un lugar de referente.

¿O fueron los intereses económicos que sostienen a los grandes medios de comunicación?

Esa es una pregunta no demasiado simple de responder, pero el sentido común permite interpretar empíricamente que las tres opciones tengan relación con este fenómeno aglutinador de la derecha que hoy se llama Javier Milei.

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Ayer, muchos debates en Twitter, giraban en torno a la posibilidad de que el consumo irónico haya funcionado como instalador de la figura de Javier Milei

Ayer, muchos debates en Twitter, giraban en torno a la posibilidad de que el consumo irónico haya funcionado como instalador de la figura de Javier Milei

Los medios ven que les suma a su discurso y lo pasean por todas las franjas y horarios televisivos; los usuarios, amantes de las burlas socarronas, lo toman poco seriamente pero lo multiplican y lo "blanquean" como personaje consumible al convertirlo en tendencia. Y luego, los disconformes con la realidad, terminan conociéndolo y sintiéndose representados por esa rebeldía discursiva y disruptiva de un sistema contra el que despotrica, pero al que colaborará a sostener una vez que sea elegido como representante popular.

Ejemplos del mismo calibre (y que hayan ido en la mismisima dirección), no escasean en el mundo de la última década.

Todos con resultados a la vista.

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Ayer, muchos debates en Twitter, giraban en torno a la posibilidad de que el consumo irónico haya funcionado como instalador de la figura de Javier Milei

Ayer, muchos debates en Twitter, giraban en torno a la posibilidad de que el consumo irónico haya funcionado como instalador de la figura de Javier Milei

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