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¿Conocés Epecuén? Recorré sus ruinas en 15 fotos de Ariel Martínez

INFOCIELO te invita a conocer el pueblo que fue tragado por el agua en el que vive solo un habitante

Aproximadamente a unas siete horas de la ciudad de Buenos Aires, al sudoeste de la provincia, se encuentra la localidad de Villa Epecuén, un pequeño pueblo que se perfilaba para ser uno de los destinos turísticos más importantes del país, hasta 1985, cuando una inundación ahogó sus anhelos y sus proyectos.

Con la ocupación del territorio indígena por parte del Estado argentino, el boca en boca y las recomendaciones de quienes pasaban por el lugar, generan que comiencen a llegar personas a disfrutar de los baños en la Laguna Epecuén

Con la llegada del ferrocarril en 1899, la localidad de Carhué, ubicada a poco más de 7 kilómetros, fue desbordada por una fiebre turística que pobló importantes hoteles y comercios

Luego de que en 1909 una comitiva de especialistas enviada por la gobernación de la provincia revelara las propiedades curativas poseía el agua salada de la laguna para sanar enfermedades reumáticas y de la piel, en 1921 Arturo Vatteone inaugura el primer Balneario en sus costas, que lo llamó “Mar de Epecuén” y se empiezan a lotear los terrenos aledaños para conformar un pueblo. 

A partir de ese momento el crecimiento del lugar fue exponencial: se construyeron lujosas residencias, una gran cantidad hoteles e incluso empresas explotadoras de sal, de venta de barros curativos y jabones.

Para 1930 la Villa Lago Epecuén ya contaba con Iglesia, una Escuela y todos los servicios necesarios para el desarrollo de un pueblo, que llegó a tener en la década de 1970 alrededor de 1200 pobladores estables y que recibía cerca de 25.000 turistas, con  6 mil plazas hoteleras y 250 establecimientos comerciales funcionando.

Era el destino elegido por las familias más aristocráticas que encontraban en la laguna salud y diversión en sus aguas altamente mineralizadas que, al poseer niveles muy elevados de sal, tenían la característica de que, quienes se sumergían, podían flotar al igual que en el Mar Muerto.

Pero la pequeña localidad que se encaminaba a ser uno de los puntos turísticos más importantes de la provincia y también del país fue testigo de su propio entierro y todos sus proyectos quedaron frustrados de un día para el otro.

En 1985 llovió en seis meses más de lo que solía llover en todo un año. Eso, sumado al descuido por parte del Estado de las obras hidráulicas que se habían puesto en marcha a principios de la década de 1970 y que, por cuestiones políticas, fueron detenidas hacia 1976, condujeron un desastre.

Un 10 de noviembre de 1985 el terraplén de 4 metros de altura que se había construído para detener el paso del agua, no soportó y cedió ante el embate de la laguna, que creció de a un centímetro por hora.

El pueblo comenzó a ser evacuado, poniéndole fin a las aspiraciones turísticas de Villa Epecuén y, si bien no hubo víctimas fatales, el hecho generó un verdadero shock entre sus habitantes, que perdieron absolutamente todo de un momento para el otro.

Hoteles, hogares, automóviles, heladerías, bares, todo quedó sepultado por casi 20 años, cuando el agua comenzó a bajar, dejando un paisaje completamente desolador, que nada tenía que envidiarle a una película apocalíptica.

El agua que había tapado Villa Epecuén llegó a tener 200 gramos de sal por cada litro de agua, por lo que logró deshacer con mayor rapidez gran parte de las estructuras de las edificaciones.

Quedaron a la vista los restos de los escombros o incluso algunas paredes o estructuras que lograron resistir en pie. En 2015, al cumplirse los 30 años de la inundación, se colocaron unas placas amarillas conmemorativas, que indican qué comercio, hotel o vivienda se encontraba en cada lugar.

En la actualidad, la ex Villa Epecuén es habitada por un solo poblador, Pablo Novak, un hombre de 90 años que, a bordo de su bicicleta oxidada, cada día recorre las ruinas y recibe a los turistas que se acercan a conocer las ruinas.

Actualmente la ciudad dispone de varios circuitos turísticos que reviven aquella época de gloria de la que fue protagonista la Villa: El Matadero, construido por el arquitecto Francisco Salamone, Ruinas de Villa Epecuén, Playas sustentables, Spa termales y el Museo Regional de Adolfo Alsina.

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