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Migrantes sin techo: Estas imágenes de París te sorprenderán

Turistas que visitan París no pueden creer el escenario que ven en pleno centro de la Ciudad Luz. Se viralizó un video al salir del metro en el ayuntamiento

El problema de la gente sin hogar es uno de los más graves y complejos que enfrentan las ciudades modernas en lo que suele denominarse "Primer Mundo". Se trata de personas que viven en la calle, sin un techo, sin servicios básicos, sin seguridad y sin oportunidades. Ahora a las imágenes que se conocen de Estados Unidos desde hace años, también se suma París, la capital de Francia, aunque por causas diversas.

Entre las razones que explican este fenómeno se encuentran la falta de viviendas baratas, la desigualdad económica, la pobreza, el desempleo, la salud mental, el abuso de sustancias, la violencia doméstica y la discriminación. Además, muchos de los que viven en la calle son veteranos de guerra, migrantes, refugiados o personas pertenecientes a minorías étnicas o sexuales. Estos factores se combinan para crear una situación de vulnerabilidad y exclusión social que dificulta la integración y la recuperación de las personas sin hogar. Desde Argentina y otros países habituados a la pobreza e indigencia, parece increíble ver esta realidad en ciudades o estados idealizados, a veces con intereses políticos.

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La presencia de personas sin hogar en las calles les genera también a esas naciones problemas sociales, sanitarios, ambientales y de seguridad para el resto de la población, y también turísticos.

Muchos ciudadanos se sienten molestos, incómodos o amenazados por la visión de los campamentos improvisados, las tiendas de campaña, los cartones o las mantas que ocupan espacios públicos como parques, playas, aceras o puentes. Algunas ciudades optaton por endurecer las leyes o aumentar los desalojos para restringir o prohibir el campamento en ciertas zonas.

Sin embargo, estas medidas no resuelven el problema de fondo, sino que lo trasladan a otros lugares o lo hacen más invisible.

LA CIUDAD LUZ (Y SOMBRA)

Un ejemplo de esta situación se puede observar ahora en París, donde se instaló un campamento de migrantes en la plaza del Hotel de Ville, frente al ayuntamiento. Se trata de personas que reclaman una solución a su situación administrativa y una vivienda digna. La mayoría llegaron a Francia huyendo de la guerra, la violencia o la persecución en sus países de origen, pero se encontraron con un sistema saturado y lento que no les garantiza una recepción adecuada. Algunos llevan años esperando una respuesta a su solicitud de asilo o una lugar en un centro de alojamiento.

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En la famosa Place de l'Hôtel de Ville, en París, los turistas sacan sus teléfonos para fotografiar la monumental fachada del siglo XIX del ayuntamiento. Detrás de ellos, unos cincuenta migrantes yacen sobre cajas, en medio de la basura. Mayormente mujeres y niños, que duermen en el letargo de la tarde tremendamente calurosa.

Desde hace tres semanas están allí.

No tenemos alojamiento, argumenta la Sra. Coulibaly, oriunda de Costa de Marfil. Cuando llamas al 115 te dicen que no hay lugar. Así que nos quedamos allí, o a veces vamos a la Gare du Nord (una de las estaciones de trenes más importantes de París) Cuando llueve vamos abajo, en el metro, si no nos quedamos ahí”.

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Place de l'Hôtel de Ville, en París, los turistas sacan sus teléfonos para fotografiar la monumental fachada del siglo XIX del ayuntamiento ante la indigencia que refleja la situación de migrantes en la capital francesa

Son unas 300 personas, procedentes de países como Afganistán, Costa de Marfil, Malí, Senegal o Argelia. Todos atravesaron el mar Mediterráneo, arriesgando sus vidas, para escapar de la guerra, la violencia o la pobreza. Ahora reclaman una solución a su situación legal y una vivienda digna.

No es la primera vez que este lugar emblemático de la capital francesa es ocupado por grupos de extranjeros. Ya en junio de 2021 y en octubre de 2022 se habían instalado tiendas de campaña o se habían introducido en el Hôtel de Ville, con el apoyo de asociaciones pro-migrantes como Utopía 56 o La Chapelle Debout. Estas acciones buscan visibilizar la precariedad y la exclusión que sufren los migrantes y presionar al gobierno para que les ofrezca una acogida adecuada.

Los migrantes que viven en el campamento reciben comida y ayuda de algunos transeúntes solidarios, pero carecen de condiciones higiénicas y sanitarias mínimas. Algunos tienen hijos pequeños con ellos, otros los dejaron en sus países. Algunos tienen esposos que vagan por la ciudad, otros están solos. Todos tienen historias duras que contar sobre su viaje desde África hasta Europa. “No sabíamos que era complicado. Vimos la realidad”, dice la Sra. Kone, quien llegó de Costa de Marfil hace 15 días vía Túnez. “Vinimos a Francia porque las cosas no van bien en África. Si estuviera bien, ¿por qué cruzaríamos el mar y arriesgaríamos nuestras vidas de esa manera? No me arrepiento de haber venido aquí. Pero queremos vivienda".

Los parisinos que salen del metro se topan con este escenario, que contrasta con la belleza y el lujo de la ciudad. Algunos se muestran indiferentes, otros se indignan o se compadecen. Un turista canadiense reparte galletas a los niños. “La última vez que vine a París fue hace 14 años. No había nada de esto, dice. Duele".

DIFÍCIL QUE LLEGUEN A PONERSE DE ACUERDO

La alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo, expresó su solidaridad con los migrantes y pidió al gobierno central que asuma sus responsabilidades y les ofrezca una solución urgente.

Sin embargo, el ministro del Interior, Gérald Darmanin, de línea derechista, criticó la actitud de Hidalgo y anunció que enviará a la policía para desmantelar el campamento. Esta no sería la primera vez que se produce una operación policial de este tipo en París, donde ya se han evacuado varios campamentos similares en los últimos años.

El problema de la gente sin hogar es un desafío para los países centrales que requiere una respuesta integral y coordinada entre los diferentes niveles de gobierno y los actores sociales, la que no están brindando.

No se trata solo de proporcionar alojamiento temporal o asistencia humanitaria, sino también de garantizar el acceso a derechos fundamentales como la educación, la salud, el trabajo y la participación. Tampoco parecen demostrar una cultura de respeto, tolerancia y solidaridad hacia las personas sin hogar, reconociendo su dignidad y su potencial como ciudadanos. Lo que más se oye es la idea de deportarlos o "esconderlos".

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