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HISTORIAS BONAERENSES

El atleta de General Rodríguez que le ganó a la obesidad: pesaba 136 kilos y ahora triunfa en carreras de aventura extrema

Horacio Rosa, vecino de General Rodríguez, bajó más de 60 kilos y se convirtió en atleta. Recientemente ganó una exigente carrera en la Cordillera de los Andes

Horacio Daniel Rosa tenía 44 años y pesaba 136 kilos cuando un médico le leyó los resultados, para nada alentadores, de sus análisis de rutina. “Cuando cumplas 50, vas a tener todas las enfermedades juntas si no haces un cambio”, le advirtió de manera tajante el profesional de la salud al ver que todos los valores estaban al límite. Gracias al ciclismo y al running, su vida dio un giro de 180 grados y hoy, con 52 años y con 61 kilos menos, el atleta de General Rodríguez, celebra su última proeza: obtuvo el primer puesto entre los 393 atletas de su categoría —50 a 59 años— en la exigente carrera El Cruce, que une Argentina y Chile a través de 100 kilómetros por la Cordillera de Los Andes.

Horacio todavía conserva fotos suyas de hace 7 u 8 años atrás, como recuerdo de un pasado al que no quiere volver. “Por la depresión que tenía no me compraba ropa; no iba a los cines ni a los teatros porque no entraba en la butaca; me agitaba hasta hablando por teléfono; dormía muchas horas, pero no descansaba nada porque tenía que estar con un aparato que se llama CPAP, que te da oxígeno en la nariz para no tener apneas de sueño”, recuerda Rosa en diálogo con INFOCIELO.

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Si bien había consultado distintos nutricionistas y había probado con diferentes dietas, cada intento por bajar de peso representaba para él una nueva derrota, que alimentaba el sentimiento de frustración y bronca hacia sí mismo. “Empezaba una dieta un día y al siguiente comía el doble de lo que no había comido”, explica.

Desalentado y ya casi sin esperanzas, un día se planteó dos futuros posibles. “Puedo seguir como estoy y morirme de una vez por todas o cambio y sigo viviendo”, pensó en aquel momento Horacio, quien hoy afirma: “Tenía más ganas de vivir que de morirme”.

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Al día siguiente comenzaron los primeros cambios en su rutina habitual para luchar contra la obesidad: “Me tomé un té y comí dos tostadas con queso light; después cuando fui al mediodía al puesto de comida al que iba para almorzar, donde siempre comía un sanguche de bondiola con jamón, queso, huevo frito y papas fritas, y, me pedí un pedazo de pechuga con ensalada. Además, en vez de pedirme una Coca Cola, me pedí un agua. El tipo que vendía se me quedó mirando”.

Ese mismo día, arrancó a entrenar en el mismo gimnasio donde ya se había anotado en muchas ocasiones, aunque nunca había empezado. “He llegado a pagar el mes adelantado del gimnasio y después no iba”, confiesa Horacio y asegura: “Esa noche dormí bien y me sentía flaco.

A medida que pasaban las semanas fue incrementando el nivel de dificultad de sus rutinas: primero le sumó peso a la bicicleta fija y aumentó paulatinamente la velocidad de la cinta en la que había arrancado caminando; luego agregó el escalador elíptico; y en cuestión de meses bajó alrededor de 20 kilos.

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Envalentonado por los resultados, se subió a la bicicleta que tenía archivada desde que la había comprado varios años antes y empezó a andar cerca de su casa, hasta que un día se propuso pedalear ida y vuelta los 14 kilómetros de distancia que hay entre Francisco Álvarez, partido de Moreno, y General Rodríguez. “Desde ahí no paré más, empecé a ir a trabajar y a todos lados en bicicleta”, comenta Rosa.

La pasión por el running la descubrió de manera involuntaria en unas vacaciones familiares en la Costa Atlántica: como no había podido llevar la bicicleta, empezó a correr.

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“Yo no sabía correr, me agitaba, pero arranqué. Caminaba 100 metros y corría 100 metros y, de a poco, fui agregando metros corriendo”, señala el atleta de General Rodríguez. El último día de esas vacaciones llegó a correr por primera vez 6 kilómetros sin parar y esa experiencia lo motivó a anotarse en la carrera de 8 kilómetros que organizaba el Rotary Club, su primer desafío como competidor.

“Llegué a la meta arrastrando las piernas, pero llegué. Era mucho para mí, antes no podía ni caminar porque se me paspaban las piernas”, dice Horacio. A partir de ese momento, no hubo marcha atrás y se pudo dar el gusto de correr en Ushuaia, Córdoba, Salta, Jujuy, Mendoza, como así también en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires.

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El atleta rodriguense participó en un duatlón y en tres triatlones, de los cuales hizo podio en dos; corrió los 42 kilómetros de la Maratón de Buenos Aires. Además compitió en cuatro ocasiones en la carrera El Cruce, una prueba de máxima exigencia física y mental que consta de 100 kilómetros a través de la Cordillera de Los Andes.

En su última participación en El Cruce, se ubicó en el puesto 45 entre cerca de 2.600 competidores de distintas edades y nacionalidades, y primero entre los 393 atletas de su categoría.

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“Fui a buscar directamente el podio, salí a comerme la montaña y creo que con esto ya me coroné. Ahora no busco alcanzar un podio, si se da, se da”, menciona Horacio, quien planea participar en la carrera Patagonia Run, que se correrá en abril en San Martín de los Andes.

Lejos de relajar su preparación física tras haber alcanzado el logro en El Cruce, Horacio Rosa corre entre 100 y 120 kilómetros por semana y hace otros 150 kilómetros en bicicleta los fines de semana.

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“Yo hago ejercicio para no engordar. Siempre tengo el fantasma de que puedo subir de peso. Sigo teniendo atracones, cuando voy a un cumpleaños o algo por el estilo, me doy cuenta que no puedo parar”, confiesa Horacio y concluye: "No quiero volver nunca más a ser gordo, lo sufrí mucho. Ojalá que las piernas no se me lesionen nunca para poder seguir corriendo. Correré más despacio o no correré carreras si me lesiono mucho, pero voy a seguir haciendo actividad física hasta que me muera”.

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