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Basta de violencia

Le fracturaron el maxilar a un árbitro: “No quiero que llamen a mi mamá para decirle que estoy muerto”

Marcelo Meléndez tiene 35 años y el último fin de semana, tras sacar una roja, un jugador le fracturó el maxilar de una trompada. Su recuperación le impide llevar adelante sus otros trabajos. Una situación que se repite y de la que todavía nadie se hizo cargo.

Para comprender la gravedad de lo que ocurrió en la Liga Sampedrina de Fútbol hay que hacer un ejercicio de memoria. En Agosto de 2017 Marcelo Meléndez formaba parte de la terna que arbitraba el duelo de cuarta división entre General San Martín y Mitre. Un padre se metió en el campo de juego y agredió a dos de los jueces. Meléndez se llevó la peor parte: le rompieron la boca y, pese a que quiso seguir dirigiendo, tuvo que interrumpir su labor por mareos.

Casi dos años después desde INFOCIELO nos comunicamos con Meléndez porque la situación ha empeorado. Hoy se está recuperando de una fractura en su maxilar. Un jugador que debió irse expulsado decidió pegarle dos trompadas antes de dejar la cancha. Por eso, ante el primer contacto con este medio, pide un tiempo. Tiene que tomar un calmante que lo ayude con los dolores propios de la brutal agresión.

El árbitro no teme en dar testimonio pero le duele todo. No sólo el cuerpo: “Alguien tiene que hacer algo porque no termina más. Basta, yo quiero que el futbol sea una fiesta. Que vaya la familia”. Penosamente ese augurio no garantiza demasiado, en los últimos años los padres también han formado parte de esta locura. Su propio antecedente alcanza pero se puede agregar lo que ocurrió en 2016 en un torneo de juveniles donde al árbitro Cristian Brown, un grupo de padres le abrió la cabeza con un balde de pintura de 20 litros.

Meléndez junta energía y le traza un paralelo de situación a Infocielo: “La primera vez opté por cuidar mi integridad y me fui. Si bien me había lastimado, elegí seguir para que la cuestión no pase a mayores”, dice y agrega un dato que llama a la reflexión: “Uno ama esto y lo va a seguir haciendo. Es como si a un periodista le rompen su cámara para que no informe, va busca otra y sigue. A mí lo ocurrido me dio más fuerzas, lo use para crecer y quizás si cometí un error, tratar de no cometerlo nuevamente”. Llámese temor o impotencia, hay algo que no deja ver a la víctima que cualquier tipo de violencia es injustificada pese a un error arbitral.

El agresor fue reconocido por todos como Diego Arce, delantero del club Portela de Baradero: “Se me vienen demasiadas cosas ahora. Esto es más serio, hice una denuncia penal. No podía volver a mi casa como estaba”. Meléndez no cayó al suelo pero quedó en estado de shock: “Estaba inconsciente, hablé con el policía que me vino a ayudar pero no me acuerdo lo que le dije ni lo que me decía”. El árbitro de 35 años con presente también en el Torneo Regional ya había tenido un cruce con Arce pero no había pasado a mayores: “Después les pegan y se quejan”, le había dicho entonces. Aquella observación hoy cobra magnitud de amenaza.

Meléndez reflexiona y recopila: “Considero a la mayoría buena gente. Es la primera vez en mi vida que un jugador me agrede. Me sacaron en camilla y me llevaron en ambulancia al hospital de Millán”. Aunque sólo una persona de Portela se comunicó con él, le alcanza para decir que “ambos clubes se pusieron a disposición. Sólo una persona de Portela. Muchos de San Martín. La liga también se puso en contacto”, cuenta quien ha decidido viajar para dar su testimonio. “Prefiero hablar con la gente de frente”, subraya.

Como a millones de argentinos, a Meléndez un solo ingreso no le alcanza y también se dedica a realizar trabajos con placas de yeso y otros de electricidad. Esas tareas se verán cortadas al menos por el mes que le llevará la recuperación y alguien deberá hacerse cargo: “Tengo un alquiler que pagar, un hijo que alimentar, mis gastos diarios. En esta situación del país no está bueno que pase esto. Se te cortan todos los ingresos”.

“Ahora voy poner cosas en la balanza. Amo esta profesión. Mi familia me banca y son ellos los que no quieren que un día los llamen y les digan que estoy en coma. O que a mi mamá le digan que estoy muerto”, explica este árbitro que también es padre y no deja de pensar en el susto que pasó su nene de 4 años a la hora de imaginar su vuelta a las canchas.

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