Rock Bonaerense
Entrevista

Alina Gandini: “Cantar es liberador, es el espíritu el que canta”

La música y compositora se encuentra hoy disfrutando de los ecos que van dejando sus dos últimas composiciones musicales: El Rayo y El Gato. Mientras, espera al final de la cuarentena para “salir a tocar por los bares de Buenos Aires”.

Por Natalia Maugeri

En la casa de la pequeña Alina se respiraba música. "Tengo el recuerdo de ser muy chica y saber que era música, saber que sentía algo que mis compañeritos no, y eso era lo que pasaba en mi casa", dice hoy la compositora y cantante, con actitud, con un orgullo atravesado a su vez por la humildad.

Alina Gandini creció en medio de partituras, creció escuchando el piano, orquestas, sonidos. También conoció desde temprano qué era estudiar música clásica, y era jovencísima aun cuando fue convocada por el músico uruguayo Leo Masliah.

Todavía no procesaba en su mente el peso de ser "la hija de Gerardo Gandini", pero faltaba muy poco para que lo hiciera. Muchos años más tarde, encerrada en el confinamiento de la pandemia, y después de sacar a la luz sus dos últimas composiciones musicales, puede decirlo claramente: "Ser hija de un músico como mi papá fue una bendición y fue un condicionante".

"Era muy chica y tenía la sensación interna, profunda e indescriptible, de saber que lo que sentía cuando escuchaba una canción no era lo mismo que sentía mi compañerita de escuela. Eso fue una bendición. Pero también fue condicionante porque mi papá era un genio de la música, entonces vivía como no llegando a la meta nunca, no llegando a ser como papá. Pero bueno, en un momento ya no te importa", agrega, con su impronta de irse a los opuestos y divertirse con ello.

El pianista, director musical y compositor Gerardo Gandini fue una de las figuras más destacadas de la música contemporánea, y dueño de numerosos reconocimientos en este país y en el exterior. Dirigió la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y el Teatro Colón, e integró con su piano el último sexteto de Astor Piazzolla.

"¿Influencias de papá? A cada minuto. Cada segundo, cada nota, cada cosa que hago mientras hablo. Yo no sé si los demás las ven pero es permanente, continua, constante, infinita", remarca Alina. "El resto de otras influencias que pueda tener son circunstanciales, se mueven... van y vienen".

Y es que la carrera profesional de Gandini continuó junto a Fito Páez, de quien fue corista y tecladista y con quien se fue de gira por años a Europa, América del Norte y central, y Argentina. En adelante su recorrido sería vasto e intenso y, como prueba de ello, está su paso por Ácida, donde le puso la voz y los teclados a música propia, y por Hotelera, dos de sus bandas musicales. Algunos datos más: el disco de Ácida, La vida real -editado por el sello inglés Sonic 360- contó con el trabajo del productor de Coldplay, Chris Allison, y tuvo como invitados en la grabación a Gustavo Cerati y Dante Spinetta.

Con Hotelera más tarde vendría "El rock es mi forma de ser", frase que apenas hace justicia a una artista que nunca dejó de respirar música en varios de sus géneros. Hoy Gandini se encuentra disfrutando de los ecos que van dejando sus dos últimas composiciones musicales: El Rayo y El Gato.

"Dos mundos distintos", le gusta decir a Alina sobre ellos, y no se equivoca. El resultado fue buscado y se logró: El Rayo contiene su impronta, es sofisticado y con una armonía compleja; El Gato, en cambio, tiene una melodía pop que se repite, simple, y con una letra que invita al humor. Una distancia que no fue azarosa sino buscada pero que Alina prefiere no "explicarla tanta". "Para cualquier obra de arte la explicación no quiere decir nada", apunta.

Tampoco está muy de acuerdo con que se trate de un "regreso" a la composición en el estricto sentido de la palabra, y sí puede determinar bien cuál fue su objetivo al comenzar a componer estos temas: "Los grabé porque yo quería salir por los bares a tocar", confiesa con la simpleza de una niña. "Pues no va ocurrir...", refuta.

Al mismo tiempo, completa: "Lo cierto es que hacía mucho que lo que no hacía era terminar de darle forma a algo, para que acabe por ser una canción y publicarla... la formalidad del artista. Pero cositas siempre estás haciendo y en la mente siempre está ocurriendo algo".

En la mente y en los hechos, lo que hoy ocurre es que Alina además de componer y dedicar largas jornadas a lo que llama “la oficina de la música”, continúa dando clases vía Zoom en su Taller Cantaloop, el estudio de canto popular más reconocido de Buenos Aires. “Cantar es liberador, es el espíritu el que canta”, sostiene.

El Rayo y El Gato -que ostentan detrás la producción de Matías Mango, la masterización de Eduardo Bergallo y el arte de Max Rompo- pueden encontrarse hoy en todas las plataformas digitales: Spotify, Apple Music, iTunes y YouTube, entre otras.

La digitalidad de la música no es algo que le fascine a Gandini, quien se autodefine como "una chica grande" que aún conserva el recuerdo de varios años atrás, en los que esperaba a cobrar su sueldo para irse a comprar un vinilo elegido dos meses antes por fuera de la vidriera que lo exhibía.

Pero en contraste, concede: "Publicar la música en forma digital te quita la presión de tener que hacer un disco entero. Podés hacer un tema y sacarlo, eso te da una libertad grande, más a mí que soy una persona que se aburre. El entusiasmo me tiene que durar, entonces publicarlo es una gloria". "Lo malo está, claro -lamenta-  en que extraño coleccionar objetos... que tengan esa cosa de tesoro. Supongo que fue una cosa que perdió valor para los jóvenes. Para mí todavía lo tiene".

La vuelta mental al pasado, y acaso la alusión a tesoros que se guardan y sobreviven al paso del tiempo, hace que Alina recuerde una anécdota que su memoria guardaba como objeto preciado: "Cuando hicimos el primer disco de Ácida, vino un productor inglés súper reconocido (Nota de la R: Chris Allison), y yo le dije 'Voy a invitar a mi papá'... Él, que no lo conocía, se puso de mal humor, no lo podía creer... ¡la artista quiere traer a su papá!, pensaría. Llega mi papá, y este hombre fastidiado... Se pone a tocar, y al poco rato viene el productor y me dice 'Tenemos que hacer todo el disco con tu papá' ". Alina se ríe con el entusiasmo y placer de recordar ese momento.

El resultado, sin embargo, no fue Gerardo Gandini por completo en el disco de Ácida ni mucho menos. "Estúpidamente me negué", se lamenta hoy Alina. "Probablemente tendría otros proyectos, pero visto desde hoy que tengo una mirada diferente me digo... ¡Qué tonta!, ¿por qué no lo hice?".

Lo dice y no sospecha, tal vez, que la impronta de su padre -muy posiblemente- estuvo tan presente como él aquel día que embelesó al desprevenido productor. Y que está hoy, pero diferente, porque Alina encontró la suya propia y selló su música, desde siempre.

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