Sociedad
REPUDIO INTERNACIONAL

Efecto Save Ralph: ¿la experimentación animal en jaque?

Salven a Ralph generó conmoción y cada vez son más quienes se interesan por conseguir cosméticos "Cruelty Free". La experimentación en Argentina y el mundo

El fenómeno mundial de Save Ralph volvió a poner en agenda una de las tantas formas de explotación animal que naturalizamos diariamente en todo el mundo: la experimentación en la industria cosmética.

Con un conejo animado que representa al “trabajador” de un laboratorio donde se producen artículos de “belleza”, el corto se volvió viral en las redes sociales a pocos días de su lanzamiento y provocó un fuerte impacto en la comunidad.

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Según puede verse en Google Trends, que registra las búsquedas de los usuarios a través de la web, el término “marcas cruelty free” se disparó a principios de abril en Argentina y otros países. Esto da muestra de que miles de personas se interesaron por conocer qué firmas dejan afuera del proceso de producción a los animales a raíz de la campaña internacional.

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Es que, según difunde Humane Society International, más de 500 mil individuos -en su mayoría conejos, ratas y cobayos- mueren todos los años a costa de esta industria, luego de ser sometidos a numerosas pruebas de laboratorio.

“Es una estimación, porque existe mucha información gris alrededor de estas prácticas”, aclara en diálogo con INFOCIELO Nicole Valdebenito, directora de Comunicaciones de la ONG Te Protejo, dando a entender que es posible que la cifra sea aún mayor.

Las más comunes de estas pruebas son dos: el test Draize y la Dosis Letal 50 (DL50). La primera es la que dejó parcialmente ciego y con la espalda lastimada a Ralph, que consiste en introducir una sustancia en el ojo o la piel de un conejo para corroborar sus efectos; la segunda, tal como su nombre lo indica, se basa en obligar a un grupo de entre 20 y 60 animales a ingerir un componente hasta que la mitad de ellos muera. A partir de esto se calcula cuánto de ese ingrediente puede utilizarse en una fórmula.

“A los animales no se les proporciona anestesia ni alivio de dolor y la mayoría de ellos es sacrificado cuando sus ojos o su piel están completamente irritados porque no cumplen un propósito para una segunda prueba”, sostienen desde la organización internacional que promueve el uso de cosméticos no testeados en animales.

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El corto Save Ralph puso a la experimentación en animales para la industria de cosméticos en la mira

El corto Save Ralph puso a la experimentación en animales para la industria de cosméticos en la mira

En Argentina, según consta en el Diccionario Enciclopédico de la Legislación Sanitaria publicado en 2017, las metodologías disponibles para llevar a cabo pruebas de seguridad pueden dividirse en tres categorías, según su diseño experimental: ensayos clínicos efectuados sobre voluntarios humanos, determinaciones in vitro y ensayos que utilizan animales como sujetos de experimentación.

En la Unión Europea (UE), en cambio, la experimentación con animales para el desarrollo de cosméticos está completamente prohibida desde 2013 a raíz de una fuerte campaña de la que participaron diversas asociaciones proteccionistas. Lo mismo ocurre en países como India, Taiwán, Nueva Zelanda, Noruega, Corea del Sur, Suiza, Guatemala y numerosos estados de Brasil.

Con esta prohibición, fueron aprobados cerca de 30 análisis alternativos por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), una de las entidades que se encarga de validar internacionalmente procedimientos que brindan información reproducible y de igual calidad científica que la ofrecida por los métodos en animales.

Entre los métodos más recurrentes y reconocidos a nivel mundial, según informan desde Te Protejo, se encuentran el cultivo celular, la generación de tejidos humanos, la utilización de microchips, modelos matemáticos e impresiones 3D. “Además del aspecto ético, estas alternativas son mucho más eficaces y generan predicciones más precisas que el uso de animales”, destaca el organismo.

Qué ocurre con los cosméticos en Argentina

Específicamente en nuestro país, según le explica a INFOCIELO la doctora en Farmacia Silvia H. Pérez Damonte, los “métodos alternativos” que están hoy disponibles son los ensayos clínicos que se realizan en humanos, aceptados por la autoridad sanitaria para sustentar distintos claims relacionados a la seguridad o la eficacia de productos cosméticos.

Estos claims son declaraciones relativas a las características de un artículo consignadas en su rotulado. Ejemplos comunes pueden ser “Dermatológicamente testeado”, “Oftalmológicamente testeado” o “Hipoalergénico”.

A su vez, sobre las técnicas in vitro, la especialista en Producción de Cosméticos y CEO de CLAIM, empresa que desde 1999 utiliza metodologías alternativas al uso de animales, sostiene que se están validando con ensayos in vivo en humanos para su futura aplicación.

Estos métodos son todavía incipientes en Argentina, ya que el país no cuenta con la capacitación necesaria ni tecnología accesible. A propósito de esto, se conformó años atrás la Red Argentina de Métodos Alternativos (RAMA), dirigida a trabajar por el desarrollo público-privado en esta área.

Vale aclarar, sin embargo, que el término “métodos alternativos” no siempre hace referencia a la erradicación del uso de animales en la experimentación. Si bien el reemplazo es el objetivo final, aseguran, esta denominación es también utilizada por los científicos para referirse a las técnicas que reducen la cantidad de ejemplares utilizados o disminuyen el daño que les infligen durante el proceso.

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La experimentación en animales para la industria de cosméticos está en debate (Foto: Sistema Nacional de Bioterios)

La experimentación en animales para la industria de cosméticos está en debate (Foto: Sistema Nacional de Bioterios)

Proyectos de ley fallidos

Aunque todos fallidos, hubo intentos por legislar la temática en el país: en 2017, la entonces senadora Magdalena Odarda presentó un proyecto para prohibir el uso de animales para el desarrollo, experimentación y pruebas de nuevos componentes de cosméticos y artículos de tocador. También la importación de productos testeados.

El mismo año, la ex diputada Anabella Hers buscó ir más allá de la industria cosmética y propuso la sustitución de animales por métodos alternativos para la experimentación, testeo, investigación y otros fines científicos.

Antes, en 2013, la también ex legisladora María Cristina Regazzoli pedía incluir la leyenda “Testeado en animales" claramente visible en productos nacionales e importados que hubieran sido testeados mediante el empleo de animales, o que contuvieran ingredientes testeados bajo ese método.

Experimentación en animales y ética

Más allá de las regulaciones nacionales e internacionales, el impacto en la sociedad y las diferencias entre testear productos a través de diversos métodos, ¿es éticamente correcta la experimentación en animales? O, mejor dicho, ¿es justo usar animales para nuestro propio beneficio?

Al igual que los seres humanos, los animales tienen la capacidad de sentir e interés por vivir. Independientemente del sufrimiento al cual sean sometidos, el grado de violencia con el que se los trate y el fin para el cual sean explotados, su mera utilización es éticamente reprochable, no solo en el ámbito de la experimentación, sino también en el de la alimentación, la indumentaria, el entretenimiento y cualquier otro.

“Desde una perspectiva no especista, es decir, que no discrimine entre individuos que tengan la capacidad de sufrir en razón de la especie, la experimentación nunca es aceptable”, explica en diálogo con este portal la abogada y doctora en Derecho Silvina Pezzetta a propósito del impacto que generó Save Ralph en las redes sociales.

“Diría que se puede distinguir la experimentación en la industria de cosméticos, armas, productos alimenticios y de limpieza de la médica porque, al menos para el público general, parece más fácil rechazar las primeras que la segunda”, amplía la también investigadora del CONICET a cargo del de la cátedra de Ética Animal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

En este sentido, la especialista señala que, respecto de las primeras, “parece obvio que causar sufrimiento físico y psíquico a animales para probar productos nuevos o armas es claramente inmoral”. Además, “para los productos mencionados existen otras formas de prueba igualmente seguras y, de no haberlas, habrá que renunciar a obtenerlos”.

En cuanto a la experimentación médica, en tanto, explica que “se trata de un caso que parece más difícil porque la discusión suele plantearse como elegir entre curar el cáncer o la vida de un animal (o de millones, en realidad)”. Sin embargo, aclara: “Esta forma de plantear el tema solo es posible porque, en primer lugar, se acepta que los animales pueden ser utilizados en nuestro beneficio”.

Asimismo, agrega: “No aceptamos lo mismo respecto de otros seres humanos. No aceptamos, ni está permitido, testear sin consentimiento en humanos aún cuando sea de mucha utilidad (mucha más que testear en animales). Y esto porque entendemos que cada ser humano tiene derechos inviolables. El día que se acepte que los animales no son objetos para satisfacer nuestros intereses, el testeo llegará a su fin”.

Marcas de cosméticos “Cruelty Free”

Una forma de saber cuáles son las empresas que no testean en animales para fabricar sus cosméticos es a través de la web de Te Protejo. Con una red de más de 100 voluntarios en diversas áreas, la organización desarrolla y actualiza un listado de marcas certificadas que no testean en animales a la venta en Argentina, Chile, Perú, Brasil, Colombia y México. Además, trabaja con un equipo de bloggers y vloggers que realizan reseñas y publican información acerca de estas firmas.

Consultada acerca de por qué algunas marcas continúan testeando en animales y otras no, la entidad explicó: “Puede ser porque el país donde la marca quiere vender exige pruebas con animales -como es el caso de China-, por un tema de costumbre, o también porque lamentablemente los cobayos, los ratones y los conejos son de fácil reproducción, además de dóciles y simples de manejar para este tipo de pruebas”.

Para cerciorarse de que una marca de cosméticos es Cruelty Free, organizaciones como Peta, Leaping Bunny, Cruelty Free International, Choose Cruelty Free y Te Protejo realizan análisis de los ingredientes y las formaciones finales. “Hacemos una trazabilidad y averiguamos quién es el productor del ingrediente, su distribuidor, su formulador y en qué países se va a vender”, explica Te Protejo.

“En la mayor parte de Latinoamérica, una marca puede imprimir lo que quiera, puede imprimir un conejito, no nos da confianza”, advierten acerca de la importancia de la certificación, que tiene un costo que varía de acuerdo al tamaño de la empresa en el caso de Leaping Bunny y Te protejo, y es gratuito en el caso de Peta, salvo que la firma quiera utilizar el sello del organismo.

Vale aclarar, sin embargo, que “Cruelty Free” no es sinónimo de “apto vegano”. El primero refiere solo a que ni el producto ni sus componentes fueron testeados en animales; el segundo, en cambio, garantiza que tampoco contiene ningún ingrediente proveniente de animales.

“Me parece fundamental, y totalmente realizable dejar de testear productos cosméticos. Y mientras eso no suceda, dejar de comprar productos que fueron testeados ya es algo posible”, sostiene Pezzetta.

Además, añade: “Es muy importante lo que sucedió con la campaña, mucha gente que no sabía del tema o que nunca había prestado atención a la experimentación con animales, ahora ve con otros ojos esos productos. El desafío es que cambien sus consumos y que mantengan ese cambio y, por supuesto, que se pregunten por otras formas de explotación igualmente innecesarias e inaceptables”.

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Save Ralph puso en cuestión la experimentación en animales para la industria de cosméticos

Save Ralph puso en cuestión la experimentación en animales para la industria de cosméticos

De los cosméticos a la industria farmacéutica

No siempre pueden extrapolarse de forma directa a los seres humanos los datos obtenidos a partir de pruebas preclínicas en animales. De hecho, según afirmó en reiteradas oportunidades el prestigioso neurocientífico canadiense Philip Low, la eficiencia del resultado del testeo en animales y su correlatividad con los resultados en humanos no sobrepasa el 6%.

Es a raíz de esto -además de, en algunos casos, interés ético- que investigadores trabajan desde hace años en la búsqueda de tecnologías que dejen afuera a los animales. Entre las más modernas se encuentra el desarrollo de órganos en chip, dispositivos de microfluidos que pueden imitar la arquitectura y fisiología celular con mayor precisión que los métodos tradicionales.

Además, ya se emplean en este ámbito los modelos matemáticos llamados QSAR, que permiten entender a priori si una molécula que puede ser un futuro medicamento es segura. El método cuenta con una base de datos llena de información sobre las estructuras químicas de sustancias conocidas. De esta forma, cuando los investigadores quieren usar una nueva sustancia en el desarrollo de un medicamento, por ejemplo, los modelos pueden comparar su estructura química con la de otras existentes en la base de datos.

“En 2016, participamos de un encuentro con investigadores que trabajan en distintas partes del mundo para pruebas de cura contra enfermedades como el cáncer, el parkinson y el alzheimer. Aunque está mucho más atrasada, para allá vamos”, cuenta Melanie, de Te Protejo, sobre los avances en el ámbito farmacéutico.

Experimentación animal, ¿sinónimo de evolución?

"Torturar un animal es crueldad, torturar a muchos es ciencia", reza en un afiche de Ánima, la primera ONG de derechos animales de Latinoamérica, conducida por Ana María Aboglio, abogada especializada en Filosofía del Derecho y Ética para los derechos animales.

“El escándalo ético incuestionable que pesa sobre los que realizan experimentación en animales no humanos pretende salvarse a través de la supuesta ‘necesidad’ de esta práctica, o sea, interponiendo el cálculo coste-beneficio típico del antropoespecismo", resalta Aboglio en comunicación con INFOCIELO.

"Por lo tanto -agrega-, la evaluación de 'lo necesario' está delimitada por la disvaloración e instrumentalización de las vidas de los demás animales, aceptada en general. Pero provocar sufrimiento y matar a seres encarcelados y hasta modificados intrínsecamente para convertirlos en cuerpos dolientes implica violar los intereses básicos de cualquier ser sintiente".

En este marco, la también docente de posgrado prefiere hablar de "paradigmas" y no de "avance". "Sabemos que la ciencia no es neutral y que sus condiciones de posibilidad dependen de las decisiones ético-políticas que orientan su búsqueda", argumenta.

Asimismo, Aboglio sostiene que la inversión de fondos y el caudal de recursos humanos canalizados en este tipo de ciencia "implica un retroceso para los avances en métodos seguros de experimentación –que por lo tanto deberán ser sin animales– y menos atención a las carencias que tenemos en materia de medicina preventiva".

"La herencia antropoespecista, que se afianzó con el humanismo renacentista y el surgimiento del animal-mercadería implica una visión que no solo está en las ideas predominantes, sino que se materializa en múltiples instituciones cuyas prácticas y discursos refuerzan a diario la trama que les dio origen", reflexiona.

"El problema pretende ser desviado hacia lo que se tipifica como delitos de maltrato y crueldad, desdibujando al derecho regulador de la explotación y matanza, que fomenta así una violencia legítima", cierra la abogada, en el marco de un nuevo Día del Animal.

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