Política y Economía
Gestos de cara a las elecciones

En medio de la polémica por el “Plan V”, Vidal salió a diferenciarse de Marcos Peña

Con gestos sutiles, María Eugenia Vidal se diferencia de la Casa Rosada y lanza dardos envenenados hacia la figura de Marcos Peña. Cuál es el nuevo objetivo de la dirigente política con la mejor imagen del país.

Por AA

En política no sólo las frases pronunciadas con destinatario explícito definen la estrategia. Los gestos, y sobre todo los dichos que contrastan, suelen ser más explícitos de lo que parece. El que dice no está aislado del contexto. Sobre todo si es un político prominente que conoce la fuerza de sus afirmaciones en el contexto en el que las dice. Habla no sólo para explicitar lo que piensa. También para diferenciarse.

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La diferenciación suele ser más definitoria que la empatía. El oficialismo ha hecho culto de ese estilo. Se forjó como alternativa antes que por la aceptación del valor simbólico que define su ideología, por contraste con el adversario. Es una práctica habitual en Cambiemos, que profundizó a fuerza de crisis. Es más fácil balbucear alguna idea propia cuando lo que se pone en juego está en el campo de las expectativas, como en 2015, que defenderlas en un contexto como el presente.

La situación económica del país derivada de una combinación de factores donde seguramente la herencia explique una ínfima parte del desbarajuste que golpea sin piedad a los sectores postergados, pero que, en mayor medida, es fruto de las políticas que aplicó este gobierno, alimentan la necesidad del oficialismo de profundizar la estrategia del contraste. Cambiemos utilizó la fórmula de la diferenciación como mecanismo para entronizarse, y la reforzó como estratégica en cada turno electoral como el que se viene. En Cambiemos la diferenciación es una táctica política. Son baquianos en el arte de ejecutar esa técnica.

En ese contexto, los dichos de la gobernadora María Eugenia Vidal marcan un quiebre con el discurso oficial. Lo confronta. Se corre. Se muestra distinta. No necesita contradecir abiertamente las afirmaciones del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, su inocultable adversario interno. Con pronunciar matices le alcanza para mostrarse diferente. Tuvo, es cierto, una ventaja: la mayor parte de las medidas de gestión aplicadas por el macrismo que alimentaron la crisis –devaluación y herramientas para contrarrestar la suba del dólar; aumento de tarifas; inflación y ajuste- golpearon fuerte en la imagen presidencial, y apenas si esmerilaron la propia. Lo reconoció la propia Vidal en las últimas horas: “Creo que a Mauricio le ha tocado tomar las decisiones más duras, sobre todo en un esquema donde todavía las decisiones de tarifas de servicios públicos eran nacionales", aseguró.

 Vidal fue dando durante la gestión gestos de diferenciación. Ocurrió por caso con el tema de las tarifas. En medio de la polémica por la suba descontrolada de los precios, la Gobernadora anunció un plan para “bajarlas”. Impulsó una ley para despegar el cobro de algunos impuestos provinciales de la boleta de luz, y barrió por decreto otras cargas provinciales que inflaban la facturación de los servicios. Fue una decisión más simbólica que efectiva: la quita, al fin y al cabo, en muchos casos fue imperceptible. Pero le fue de utilidad para mostrase ocupada de atender la principal queja contra el macrismo del segmento social que fue su sustento para llegar a la presidencia, la clase media.

En las últimas horas, Vidal, que de “Heidi” mutó a “leona” –aunque asociada “al combate contra las mafias”, según el discurso del oficialismo bonaerense-, volvió a diferenciarse del Gobierno Nacional. Contra “este es el camino” que repiten los funcionarios nacionales de Cambiemos, una frase que parece insensible ante las demandas sociales de un segmento agobiado por la crisis económica, patentó otra frase que parece salida del discurso opositor: “la gente no llega a fin de mes”. No necesitó pronunciarla con destinatario directo para despegarse porque el contexto en el que la dijo, después de un par de entrevistas que concedió Marcos Peña a medios nacionales durante el fin de semana en las que abundaron frases exculpatorias y, sobre todo, altas dosis de falta de auto-crítica, sobresale distinta la admisión por parte de María Eugenia Vidal.

Hubo durante el arranque del año en el vidalismo un intento por despegar la elección bonaerense del yunque que anticipa la candidatura presidencial en octubre próximo. Por supuesto que el discurso oficialista encontró una fórmula elegante para plantearla, por la positiva. Antes que para esquivar el ancla que significa compartir la boleta de Macri, en el contexto de la crisis actual, la excusa era regalarle un triunfo a Cambiemos en el principal distrito electoral del país, en medio de un calendario electoral que se anticipa complicado para el oficialismo en varias provincias. La idea no prendió. No pasó el filtro de Marcos Peña, el mismo que le recordó a María Eugenia Vidal, también por los diarios, que debía cumplir con su promesa pública de no utilizar la Gobernación como “trampolín” frente al creciente rumor del “Plan V”, que no es más que la circulación pública de la estrategia que amasa, puertas adentro, un sector de Cambiemos frente a la posibilidad de un desplome de la imagen presidencial.

En ese marco, no parecen inocentes los gestos de diferenciación de la Gobernadora. En La Plata saben que Macri necesita más de Vidal que lo que pueden esperar ellos de la Rosada. Lo saben por las encuestas que siguen posicionándola por encima de la imagen presidencial, y porque, al fin y al cabo, ya se lo hicieron saber en 2017, cuando utilizaron “sus servicios” durante la campaña electoral, donde muchas veces tuvo mayor protagonismo que el propio Mauricio Macri. En La Plata hay preocupación genuina. Saben, por experiencia, que la Provincia es complicada de gobernar sin el respaldo del Gobierno Nacional. No reniegan de la postulación de Macri ni atravesarán el límite que traspasó el radicalismo confrontando la reelección presidencial. Pero los perturba hasta el espanto la posibilidad de encarar un eventual segundo mandato con un kirchnerista en la Rosada. Conocen la debilidad del Gobierno que marcan las encuestas, temen de la convicción del poder mediático en sostenerlo –de hecho empezaron a construir lazos con el armado de Lavagna- y activan el plan para diferenciarse. La idea no es enfrentar al Gobierno, sino construir con gestos de diferenciación para que, llegado el momento -por necesidad electoral-, vengan a buscarla.

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