jueves 21 de enero de 2021

CAYÓ DE PIE

Épico igual: River y la otra cara de la derrota

Andrés Caviglia

Por Andrés Caviglia

River no jugará otra final de la Copa Libertadores pese a haber jugado un partido perfecto en Brasil frente a Palmeiras. La derrota como credencial de orgullo.

El pitazo final del árbitro uruguayo Esteban Ostojich anoche en el estadio de Palmeiras terminó por poner luz sobre varios puntos que hacen a un todo futbolero. Tan cierto es que River no jugará una nueva final de Copa Libertadores como que lo que hacía que los brasileños se abracen no era la alegría, sino el alivio de ver finalizado el martirio que Gallardo y sus jugadores les hicieron pasar ante millones de espectadores. River debía jugar un partido perfecto y lo jugó, necesitaba una noche épica y la tuvo, pero no por azar sino por convicción. Entonces ese dolor por la eliminación -precio alto por los errores en la ida- se fue transformando en orgullo con el correr de los minutos.

River llegaba golpeado a Brasil y varios lo daban por enterrado de antemano. El 0-3 de la ida y la fortaleza que demostraron los verdes en su paso por la Copa de local hacían temer un escenario apocalíptico al que el propio Gallardo hizo referencia en la previa: "No hay que entrar en la locura ni en la desesperación para que sea un bochorno total. Vamos a intentar con nuestras armas ponernos en el partido y ser respetados como hemos sido respetados en estos años".

Los de Gallardo no sólo habían perdido chances de final en la Copa, sino que también dejaron escapar la chance de jugar por la final de la Copa Maradona ante Boca, y en ese contexto, plantearon un partido inolvidable, que pone en duda si se puede jugar mejor en un situación semejante. Los de Núñez hicieron los 3 goles que necesitaban para igualar la serie, pero sólo les cobraron 2: le anularon un gol a Montiel por un offside inexistente y a eso hay que sumarle el penal a Matías Suárez que el VAR le anuló tras haber sido pitado por el árbitro.

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El 30 de enero River no estará en la gran final en el Maracaná pero consiguió algo que es importante y casi imposible de conseguir para el resto de los equipos del continente: una identidad que llena de orgullo a los propios y que genera respeto en el resto. Para muestra sobran los números -de los 11 partidos disputados previamente Palmeiras había terminado con el arco invicto en siete de ellos y nunca le habían convertido más de un gol en 90 minutos- y si algo falta, están los hechos: el alivio de los jugadores del Verdao al final se complementó con la imborrable imagen de respeto del técnico Abel Ferreira para con Gallardo en una imagen que recorrió el mundo.

El fútbol ha dado una nueva muestra de lo hermoso que puede ser cuando es ejecutado por los que saben, adentro y afuera, y en ese afuera Gallardo le ha dado la razón a Alejandro Sabella, que alguna vez recomendó: "Ábranle la cabeza a Gallardo y van a encontrar el Larousse ilustrado del fútbol". El Muñeco maniató a su rival, lo presionó y lo disminuyó en sus virtudes. Recuperó a Armani haciéndolo sentir vital y logró que Nacho Fernández vuelva a ser el de siempre en menos de un mes; además de potenciar a Montiel, hacer de De la Cruz un jugador clave y apoyarse en los cimientos de Pinola y Enzo Pérez.

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Con el partido 2 - 0 y tras el gol anulado a Montiel comenzó otro partido para el Millonario que no cesó en su dominio. En la cornisa de convertir el tercer tanto y 20 minutos después de ese gol anulado, se volvió a equivocar Rojas como en el partido de ida, pero esta vez cometiendo una infracción que derivó en su segunda tarjeta amarilla y la consecuente expulsión.

Apenas un minuto después -ya con 10 hombres y a 15 del final- Matías Suárez cayó en el área brasileña y Ostojich sancionó un penal que iba a rematar Montiel para vengarse del tanto anulado previamente. Pero el árbitro uruguayo volvió a ser llamado por el VAR y volvió a frustrar al lateral derecho y a todo River, cuando interpretó que no había existido falta sobre el delantero cordobés, otra frustración que hizo estallar de bronca a Gallardo en el banco de suplentes.

El Allianz Parque fue testigo del ímpetu millonario y logró acallar a los miles de torcedores en las inmediaciones del estadio. En la Argentina, no hubo festejos pero sí orgullo y algunas certezas sólidas, como la que señala que la victoria suele traer consigo algunos engaños y que la derrota revela realidades. En este caso, la de que River sigue siendo, como hace 6 años, el equipo más regular de toda América y que la Selección Argentina no puede darse el lujo de no ser dirigida por el mejor técnico que dio la última década: Marcelo Gallardo.

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