sábado 11 de julio de 2020

A 34 años de Argentina 3 vs Alemania 2

No habrá ninguna igual: la copa del ´86 y las imborrables huellas de Maradona, Bilardo, Brown y Olarticoechea

Por Andrés Caviglia

29 de junio de 2020 · 18:31 hs.

A 34 años del título más preponderante de la historia del fútbol argentino vale la pena repasar historias individuales para comprender una gesta colectiva irrepetible.

Como cada uno de sus protagonistas. Como Diego Maradona, como Carlos Bilardo, el recuerdo de la Copa del Mundo obtenida en México ´86 por la Selección nacional será cada vez más grande. Con cada calendario, La impiadosa ley del tiempo le impugna una nueva página de mística al inolvidable suceso desatado por aquel equipo que se hizo fuerte en la adversidad y que transformó a un puñado de cuestionados en héroes deportivos para siempre. 


Los recuerdos se amontonan al ritmo que la emoción fluye. El presente de los de hoy se fusiona con el recuerdo de los que se fueron. No son días fáciles. La emoción y el encierro no se llevan. Son Diego y Havelange. Hay una fibra futbolera cargada de tensión que en estas horas parecen no poder sostener una mala noticia más. La salud del máximo rey Diego preocupa, alarma y, como solía hacer el capitán con sus rivales, desorienta.

Por el mismo carril andan las vibraciones que llegan por Carlos Bilardo. Una falla en el laboratorio (vaya paradoja) hizo que circule la noticia de que el Narigón era uno de los miles de infectados con Covid-19, algo que se corrigió con las horas. Una noticia que alivia fanáticos corazones que no están para bancar otra emoción fuerte. Se necesita calma en medio del encierro, pero no llega, como no llegan los ingleses a frenar la carrera de Diego, como no llega nunca Harald Schumacher a achicarle el tiro del final a Jorge Burruchaga.

Si fuera tan fácil interpretar la lógica de las cosas quizás pudiéramos entender porque hoy el Tata no está entre nosotros. Porque ese heroico morocho pintón, que cualquiera hubiese querido ser un rato, fue castigado por el destino como si no alcanzara con haber derrochado humildad y buena fe por esta tierra. No es justo que no esté acá. Sí es justo que su voluntad inquebrantable sea un símbolo de no claudicar. 

Si hablamos de héroes de tan bajo perfil como de necesaria presencia no podemos dejar de lado la fantástica historia de Julio Olarticoechea, el tipo que en su Saladillo natal es uno más, pero que para los archivos del fútbol es campeón y subcampeón del mundo y no perdió ningún partido en la cita que reúne a los mejores del planeta tierra. Jugó 12 de 14 y no perdió ninguno, sin embargo el equipo sí.  Por decisión táctica primero y por acumulación de tarjetas después el volante no estuvo con Camerún en el debut del ´90 (0-1) y perdió la final con Alemania (0-1). 


El Vasco, invicto en mundiales, es el mismo que le contaba a este periodista el año pasado que le tuvo que pedir prestada plata a su hija porque AFA le debía meses de sueldo. Así de inconcebible. La Asociación de Fútbol Argentino, no le pagaba al tipo que se postuló para ser técnico de una Selección que no quería dirigir nadie. NADIE. Olarticoechea le puso la cara, el cuerpo y la dignidad a la Selección Sub 23 en los Juegos de Río, aunque los clubes no le cedían los jugadores. En Brasil, arrancó a entrenar con apenas 10 pibes.

Pese a lo ocurrido, el dueño de la nuca de Dios, nunca tuvo un desaire con nadie; el Tata fue digno hasta el último momento y Diego quita cualquier molestia cuando cuenta desde sus aleatorios puntos de vista, cada recuerdo de aquel junio inolvidable; y el técnico bueno…merece un apartado el técnico porque dicen que no está al tanto de la realidad. Perdónenme, pero me da risa.

Si fue el Negro Enrique el que hace unos días contó en CIELOSPORTS que el Narigón lo citó a la Selección en el ´83 pero no para que juegue sino "para que entienda de qué se trataba"; y después, cuando lo metió en la delegación de México y los periodistas le preguntaron por lo que, para ellos, era una llamativa designación, explicó que lo que quería de él lo venía trabajando hace tres años. Esa es una de apenas miles de historias del tipo que tiene dos páginas más del libro. En serio dicen que Bilardo no está al tanto de la realidad ¿de cuál? Si él siempre dominó otras. 

Bilardo vivió, vive y vivirá en su realidad, en su universo de tácticas, de estrategias únicas y revolucionarias. Esa realidad paralela fue lo que hizo que, junto a sus muchachos, haya logrado hacer carne eso que hoy deseamos tanto poder explicar con palabras y sentir de nuevo, aunque sepamos que nada será igual, ni mejor, ni comparable porque así de irrepetible es lo maravilloso.

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