lunes 13 de julio de 2020

La pasión en medio de la guerra

Marcelo Olindi: “Grité un gol del Lobo adentro de un pozo en Malvinas”

2 de abril de 2020 · 18:18 hs.

El andar de Marcelo Aníbal Olindi devela una vida de sacrificio. Su destino se topó con la pesadilla hecha conflicto y la vuelta al ruedo de civil no fue sencilla. Su salud le jugó varias malas pasadas, sin embargo su estirpe lo vuelve a poner de pie. Su figura viene acompañada de una sonrisa clavada de tinte gardeliano. El humor lo salva, como de alguna manera también lo hizo Gimnasia.

 

El pibe de 18 años que rockeaba con Falla Genética en los bares de La Plata, estaba terminando el Servicio Militar Obligatorio apenas terminada la secundaria y vivía con su padre Pascual y su madre, Carmen en una casa Tripera: el hombre de la casa, apenas llegado de Italia, se enamoró a primera vista del Lobo.

 

Olindi le cuenta a Infocielo detalles de aquellos días: “Yo estaba con otros soldados en el Regimiento 7 (actual espacio de memoria Plaza Malvinas) y me tocaba irme. Le dejé mi lugar a un chico de Chascomús, pero a la semana estábamos todos notificados por los telegramas”.

 

 

Marcelo recuerda que aquel regimiento albergaba a casi 900 soldados y que ellos veían movimiento pero no eran advertidos de lo que ocurría: “yo estaba en el depósito de ropas, llegaban cajas pero nadie nos contaba qué pasaba. Acá habrán quedado diez pibes”.

 

En él mientras tanto, Gimnasia recorría el arduo camino de la segunda categoría y Marcelo no podía (ni puede) alejar su cabeza de su club, (“es el entretenimiento que más enserio me tomo”, dice) por eso decidió activar en pos de la pasión.

 

En plena guerra, Marcelo y el Negro Walter Francunas, su compañero de pozo, detectaron la presencia de una de las formas de salvación: una radio. A la hora de explicar la secuencia, Olindi no anda con vueltas: “Nos afanamos una radio, se la robamos a un cagón”. La referencia del integrante del CECIM La Plata es para el Principal Segundo Latorre: “Era un cagón, fuimos y se le sacamos de una, nos gritaba pero no salía del pozo”.  El pozo no es una imagen librada al azar: donde estaban ellos no había trincheras: “Estábamos en la planta potabilizadora de agua. Había un galpón donde laburábamos con el Negro y nuestro era lugar era un pozo, las trincheras son una construcción, si hacías una, salía agua por todos lados”, explicó.

 

 

Esos días dieron espacio a robarle la radio a Latorre y volver a conectarse con Gimnasia: “Me acuerdo un 2 a 1 con Italiano que no sé si ganamos o perdimos, pero esa fue la primera información del Lobo que recibí estando allá. Después escuchábamos Radio Provincia, que leían las cartas de la gente para los familiares y soldados. Yo quería la radio para saber de Gimnasia. Estaba por empezar el Mundial de España, pero ni bola”.

 

Marcelo Olindi, que todos los martes se sienta en la mesa de El Dueño del Circo en La Cielo, estuvo 66 de los 74 días de conflicto en las Islas y se dio el gusto de gritar un gol de su Gimnasia en el territorio que sin saberlo entonces se transformaría en el más reclamado por los argentinos: “Le ganamos a Almirante Brown, y ahí grité los goles o el gol, no me acuerdo bien. Lo que sí te puedo decir es que en el pecho tenía, debajo de la ropa de fajina, una bandera del Lobo que había llevado como bufanda. Esa bandera y mi cuchillo quedaron allá. Yo los dejé allá”.

 

El relato de Olindi hace creer que cualquier circunstancia de vida pueda ser sorteada, pero los números hablan de otra realidad: la cantidad de bajas argentinas es más alta después de la guerra. El recuerdo del hambre, la tortura y la muerte tomó forma de parca voraz que no cesa hasta lograr su objetivo. Por eso volver no es una opción, aunque en 2014 no pudo evitarlo: “Volví aquel año, engañado, me dijeron que iban dos de mis compañeros pero no era cierto. Rápidamente encontré mi lugar, las cosas estaban ahí mismo y ahí las dejé. Si me preguntás no volvería, ya está. Cerca de 100 volvieron, pero yo no lo haría de nuevo”.

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