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Miércoles 26
Junio de 2019
CIELOSPORTS » Polideportivo » 29-05-2019

Una historia de película: se sobrepuso al bullying y llegó a la elite mundial del deporte acuático

Con apenas 16 años la platense Paloma Giordano fue convocada a la competencia de esquí acuático más importante del planeta. Sufrió bullying en dos escuelas privadas, estudió a distancia a través del ejército y ahora encontró contención en la escuela pública. Nada detiene a esta adolescente que estuvo sin poder entrenar casi tres años por una dura lesión.

 

Paloma camina por los pasillos de uno de los tantos colegios privados de la ciudad de La Plata, tiene menos de 15 años. Quizás sepa, quizás no, pero se desarrolla en medio de una edad cruel, donde el bullying puede dejar marcas difíciles de sacar. Ella es rubia, deportista, y para la sociedad a la que casi todo le entra por fotos, es un prototipo “cool”. No parece ser un blanco de crueldad. Pero lo fue. “Me molesta tu presencia, morite”, le gritaron en alguna ocasión. Sus compañeras le desearon la muerte y también le pegaron. No le pasó en un colegio, le pasó en dos, se encarga de clarificar, sin rencor, pero con memoria.

 

Esa misma Paloma, que hoy encontró la tranquilidad en la secundaria de escuela pública, se transformó en la primera mujer argentina en clasificar al Masters de esquí acuático y wakeboard con sólo 16 años y una historia de superación que sólo se explica desde el apoyo familiar y la pasión por el deporte.

 

“La experiencia fue súper. Increíble”, le cuenta Giordano INFOCIELO. Su voz denota un cansancio que sólo se equilibra con el entusiasmo y la satisfacción que le genera estar entre las mejores del mundo. El Master clasifica a los cinco mejores del mundo por disciplina y ahí esta Paloma, la que padecía por su sola presencia en esas escuelas privadas de La Plata, pero ella crece como su carrera profesional y asimila el pasado: “Dejar la escuela privada y terminar con eso fue sacarme una mochila. De muy chica supe que eran cosas a las que no les tenía que hacer caso”. De muy chica dice con 16 años. En experiencias, parece haber vivido lo que muchos no logran en el doble o tripe de años.

 

 

Hija única, con mamá Mariana atenta a lo que tenga que ver con la representación y con papá Carlos como entrenador, Paloma supo abrir la puerta para meterse al agua de forma literal. El año pasado pudieron estar en Villa Elisa (una localidad a 15 km del centro platense) en un espacio ideal donde una laguna era el patio del hogar. Hoy volvió a la ciudad, pero cinco de los siete días de la semana los pasa en el agua entrenando.

 

Para entender la magnitud de formar parte del Masters, valen los paralelismos; y ella misma lo explica: “Es más que un Mundial porque ahí es por equipos, acá te metes por tu ranking”. Esa marca que la puso en la elite la buscó viajando. Dejó buenos números en Estados Unidos, pero la competencia reclama marcas en distintos lagos y así fue que tuvo que viajar a Chile para ratificar su condición de deportista de elite.

 

Paloma encontró la contención en el Normal 3 luego de hacer un año de educación a distancia a través de un programa que provee el Ejército Nacional a personas que, como en su caso, deben viajar constantemente. Sí: el esquí acuático es un deporte que demanda horas de vuelo y mucho dinero.  Solamente la lancha demanda unos 40 mil pesos mensuales de nafta y entre los dos subsidios no llega a los 20.

 

 

En Georgia, Atlanta, Paloma y otros compatriotas como Tobías Giorgis, vieron de cerca la diferencia desde lo económico. La platense participó en figuras una de las tres disciplinas junto al slalom y el salto. “Es un deporte caro y de elite, en Perú participan familias ricas y los mismo con Estados Unidos. Las lanchas son adaptadas para el deporte y se gasta toda la semana, todos los días. Depende de las disciplinas los esquíes son muy caros”.

 

Todo ese esfuerzo familiar y esa disciplina inquebrantable de Paloma tuvo el premio cuando llegó el mail que la confirmaba en el Masters. Los resultados no fueron los soñados: “En la primera vuelta me caí y después me acomodé”, cuenta quién además superó una fractura de fémur a los 10 años y estuvo tres sin poder entrenar. “Una vez que estás allá no podés entrenar y todos los lagos son distintos. Cambia la densidad, cambian las olas, es muy distinto”, explica con la sapiencia de haber transformado esa decepción inicial en experiencia positiva. Ahí es donde el entorno juega a favor de ella.

 

Aferrada a la familia, con un objetivo claro y lejos de las escuelas donde los alumnos hacían llorar a los profesores, Paloma pone los pies en la tierra cuando vuelve al Normal 3. En la educación pública encontró ese espacio de humildad donde la gente se abre para que puedan acomodarse los horarios y acompañarla para que además de ser una de las mejores del mundo sea la chica de La Loma que sigue volando, cada vez más alto y lejos de los prejuicios.

 

 

 

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