Opinión

Dibu Martínez, el dueño del Imperio: ¿es el mejor arquero de la historia del fútbol argentino?

Otra actuación consagratoria de Dibu Martínez con la Selección Argentina, en este caso ante Ecuador, reabrió un debate que igualmente parece tener ganado.

Sergio Maffei

Por Sergio Maffei

El éxito reciente, el éxtasis del momento, el resabio de otra actuación consagratoria, el presente feliz, al fin de cuentas, suele acelerar la (o cualquier) sentencia: por estas horas, Damián Emiliano Martínez, o simplemente Dibu Martínez, es llamado y considerado el mejor arquero de la historia del fútbol argentino. Por lo cual, casi que no hay lugar al debate.

¿Y lo hay? ¿Existe debate posible después de la noche de anoche? ¿No es esta respuesta de Dibu en una jornada que pintaba para golpe en la pera, su tremenda capacidad para atajar dos penales al hilo con el mazazo anímico de quien había fallado el primero a favor (Messi nada menos) y su imagen de santo salvador para una Selección Argentina que estaba besando la lona, un motivo más, un argumento más, una veredicto más?

Es probable. Martínez salvó al campeón del mundo de lo que hubiera sido el mayor fracaso de un ciclo súper exitoso. Es cierto que cualquier eliminación en la Copa América no afectará el amor, la química y el apoyo de la gente para esta Selección, que hasta junio del 2026 seguirá portando el parche más deseado, el sueño dorado de millones de argentinos, y habrá que ver entonces quién se anima a quitárselo. Pero también es verdad que una caída ante Ecuador, en cuartos, de la forma que jugó el equipo (de los peores partidos de esta etapa), hubiera sido una salida inesperada. Y hasta criticada.

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Pues bien, desde ahí también construyó Dibu esta leyenda que no para de honrar. No es sólo la salvada milagrosa a Kolo Muani en la agonía de la final contra Francia, ya hecha póster o registrada en la rutina inolvidable de las mejores atajadas de la historia. Es lo que sigue, su gigantografía, lo que transmite, lo que contagia, esa sensación de arquero invencible que, por caso, también tenía Ubaldo Matildo Fillol, el Pato.

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Dibu Martínez, el ídolo de los hinchas argentinos.

Dibu Martínez, el ídolo de los hinchas argentinos.

Dibu Martínez y su duelo con Fillol

La asociación, pues claro, no es antojadiza. Del Pato y Dibu se trata, acaso, esta disputa. Unidos hasta en los buzos verdes (con el que Fillol le realizó esa tapada memorable a Rensenbrink en la final contra Holanda de 1978), emblemáticos en ambos tiempos de gloria (así como Martínez ahora, los niños de la época morían por tenerlo, sin el marketing de esta era), no hay dudas de que el foco del duelo está ahí. Nadie más está invitado a esta mesa.

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El buzo verde, los pies salvadores, y en dos finales que terminaron en la gloria. Dibu Martínez y el Pato Fillol.

El buzo verde, los pies salvadores, y en dos finales que terminaron en la gloria. Dibu Martínez y el Pato Fillol.

Dibu tiene, a su favor, la película reciente, las fotos en color. Pero también, claro, varios méritos más, indudables, incuestionables: su enorme capacidad para los penales, al punto de tener mejor promedio que otro símbolo del arco argentino como Goyco (8 de 18 en tandas, contra 8 de 28); su recorrido en Europa y en la mejor liga del mundo (aunque el Pato hoy hubiera tenido más chances que su año en el Atlético de Madrid), su participación magistral en la Copa América pasada, con el efecto emocional de las finales perdidas anteriormente (Fillol no tiene este título) y esa sensación transparente, genuina, natural, de ser el jugador del pueblo detrás de Messi, sin matices, sin polémicas (como la que Fillol tenía con el Loco Gatti en su época). Todo eso lo pone en un escenario inmejorable.

Es cierto que, a diferencia de Fillol, no tiene la idolatría del Pato en un club del fútbol argentino (por caso, en River Racing, dos grandes) ni tampoco, todavía, su cantidad de Mundiales (fueron tres). Pero Dibu, en apenas tres años (lo cual también es un enorme mérito), construyó un imperio. Y se puso la corona de rey.