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LA PLATA

La odisea de la mujer que se atrincheró en Frávega para que resuelvan un reclamo

Analía compró una computadora que nunca anduvo, se acercó a la sucursal en busca de una solución pero todo terminó en 5 horas de frustración.

Desde que empezó la cuarentena, Analía trabaja desde su casa, donde vive con sus tres hijos: dos estudiantes secundarios y una alumna universitaria. Para facilitar las actividades de la familia, decidió comprar una computadora a través de la web, pero lo que intentó ser solución para todos terminó de la peor manera: la notebook nunca anduvo, la casa de electrodomésticos no se hizo cargo y la mujer se atrincheró 5 horas en una de sus sucursales

Si bien el conflicto comenzó en abril con la compra fallida y continuó con una maratón de reclamos a través de los distintos medios de atención al cliente de la empresa, el punto cúlmine de la historia tuvo lugar ayer entre las 12:00 y las 17:00, cuando la mujer se presentó en el local de Frávega ubicado en calle 8 entre 47 y 48, en la ciudad de La Plata, luego de recibir un mail en el que la firma le pedía que se acercara de forma presencial en busca una solución. 

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“Había mucha cola, esperé unos 40 minutos, con toda mi paciencia, y cuando me atiende una empleada me dice que no me puede dar ningún tipo de solución. Ahí entré a la sucursal, me dijo que no podía y le dije: ‘Sí, voy a entrar’. Y de hecho entré”, relató la damnificada en diálogo con el móvil de “Me levanté cruzado”, con Martín Strilinsky, en La Cielo 103.5. 

La primera de las excusas que le dio el personal para no cambiarle la computadora fallada fue que la venta online era independiente que la personal, y la segunda que no tenían notebooks en la tienda en ese momento, sino solo productos de primera necesidad. Sin embargo, terminó ocurriendo un hecho insólito. “En un momento miro para atrás y veo que están vendiendo una computadora. Ahí me puse mal la verdad, me angustié, empecé a los gritos, y el gerente se acercó y me dijo que esa computadora valía el doble que la mía”, explicó Analía.

Cuando se acercó la hora de cierre, la mujer se retiró del local y esperó en la vereda, adonde también se presentó minutos más tarde la Policía. La solución del gerente fue ir a buscar con su auto personal una computadora en exhibición a Temperley y llevarla a su casa hasta tanto solucionaran el cambio. Sin embargo, teniendo en cuenta la mala experiencia, la clienta se negó, por miedo a que después no quisieran entregarle la computadora correspondiente.

“Uno compra de buena fe porque no tiene en la cabeza ser estafador”, reflexionó. Y sostuvo: “Yo soy educada, soy amable, trato de hablar antes, pero era algo que me había sobrepasado”. “Sabés qué me asombraba? -remarcó-, que mientras yo estaba en el local, adentro había un montón de gente que compraba, y al señor que se llevó la computadora sin probarla le dije lo que me había pasado y me miró y no le importó nada (...) Esa pasividad que tiene la gente me asusta”.

“Yo era la loca que se había atrincherado, no me gustó ponerme en ese lugar”, agregó la mujer, quien luego de hacer la denuncia en Defensa al Consumidor y contactarse con un abogado para intentar encontrar una solución, recibió el llamado de una trabajadora de Frávega que le ofreció un modelo de notebook similar, propuesta que Analía ahora tendrá que analizar.

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