Política y Economía
Conurbano

"Chino" Navarro: "El reclamo de los comerciantes es la inseguridad"

El secretario de Relaciones Parlamentarias Institucionales y una recorrida con Infocielo por Temperley para analizar el cuadro de situación y la reconstrucción "post pandemia".

Poco a poco, las persianas de los comercios del barrio San José de Temperley vuelven a levantarse. Una postal que se repite en los distintos municipios del Conurbano. Algunos locales para poner el cartel de "alquiler", otros para reabrir "reconvertidos" y algunos pocos que vieron en la pandemia la oportunidad para abrir un local. "El principal reclamo que escuchamos por parte de los comerciantes es la inseguridad", reconoce Fernando "Chino" Navarro, después de una recorrida de la que participó Infocielo.

"Estuve con el local 150 días cerrado. Fue una topadora", revela Miguel Ruiz, dueño de una mueblería que se "reperfiló" en tiempos de pandemia. "Durante el macrismo, dejamos de producir porque nos salía más barato vender el mueble ya hecho. Ahora, volvimos a producir; pero está difícil. Pudimos abrir la fábrica, pero el que viene a comprar un mueble no se lo lleva si no entra, no lo ve, no lo toca".

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A pocos metros, Gustavo mira la vereda desde el mostrador de su kiosco almacén. Un cartel de “se alquila” tapa el nombre del local que llevó adelante durante dos décadas. “Me voy”, dice resignado y mira a su alrededor. Los productos en el mostrador dan cuenta de que intentó diversificarse en tiempos de pandemia, pero no alcanzó.

“La verdad es que me cansé. No sé todavía qué es lo que voy a hacer, pero decidí cerrar. No puedo más. Fueron veinte años de laburo. Ya está, ya está”, se repite a sí mismo desde el centro del local que da a la avenida comercial del barrio.

El escenario es tan complejo, como ecléctico. A sólo una cuadra de distancia, Micaela atiende con sus 18 años el mostrador del local que hace menos de un mes puso junto a su mamá. El olor a pintura fresca delata que es uno de los “nuevos de la cuadra”. Venden comida para mascotas y plantas, un rebusque que las ayudó a impulsar las ventas durante el Día de la Madre.

El desembarco del Covid en la Argentina la agarró “arrancando la carrera de artes visuales”. “Es un emprendimiento familiar que pensamos durante la pandemia. Se me hizo muy complicado seguir con los estudios por problemas con la tecnología, así que decidí tomarme el año y ayudar a mi mamá. Soy la más grande de mis hermanos, me colgué el local al hombro”.

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Los comerciantes de Temperley un reclamo unívoco: la inseguridad.

Los comerciantes de Temperley un reclamo unívoco: la inseguridad.

Sobre la misma cuadra, dos otros emprendimientos abrieron sus puertas este mes. Uno, liderado por una cara conocida en el barrio. “Mi mamá tiene un almacén grande a cuatro cuadras y este lo abrimos juntos”, se jacta el hombre, que no llega a los cuarenta. “Diversificamos un poco los productos, sumamos almacén. Vendemos más que nada pollos, carne de cerdo, vacuna, fiambre y lo que más sale es el queso fresco”.

La celebración por el éxito de la promoción llega hasta ahí y viene acompañada por cierto desdén. “Fue idea de mi vieja ponerlo en promo. Bajamos un poco el precio y tengo que reconocer que es lo que más sale. La gente está buscando eso, pero no es la clientela fiel a la que apunto. Para pasar el momento, funciona”.

Mariano se contagió de Covid hace dos meses. Su mujer, que atendía también en el otro local, debió aislarse. “No tenía miedo, soy de los que creen que todos nos vamos a contagiar en algún momento”, reconoce, aunque aclara de inmediato: “Nos cuidamos en todo, cumplimos con todas las medidas sanitarias; pero este virus es así. Hay otra de las chicas que trabaja en el local que también se enfermó ahora”.

El miedo al virus ya no se palpa como antes en el barrio. “La gente está cansada. Estamos cansados todos. El fin de semana la avenida estallaba por el tema del Día de la Madre. Nosotros estamos atentos, les pedimos que cumplan con todas las medidas, pero llega un punto que no podés hacer más nada. Es la que toca”.

El famoso “la que toca” llegó también a uno de los locales históricos del barrio, que vende desde hace más de tres décadas ropa de marca y camisas. Rodolfo lleva 18 años trabajando en esa esquina. “Tengo clientela propia", se jacta de inmediato. “Soy de los viejos vendedores. Acá nos conocemos. Es otra la dinámica. Pero jamás pusimos un perchero en la vereda como ahora”, reconoce.

“Antes hacíamos dos liquidaciones por año. Ahora estamos intentando vender lo que quedó del local de Capital, que cerró este mes. Así que toda la mercadería vino acá y la estamos intentando vender con mi compañero”. La sede porteña del emprendimiento, ubicada sobre la Avenida Corrientes, bajó hace dos semanas sus persianas. “Ahí el precio del alquiler se fue por las nubes y se hizo imposible”, lamenta.

Entre los reclamos de los comerciantes se impone la inseguridad. “En general, todos me hablaron de eso. Nadie me habló de alquileres, paradójicamente”, reconoció Navarro, al ser consultado por el balance de la recorrida. “Por supuesto, también me trasladaron la incertidumbre y la ansiedad por saber cómo sigue esto”.

“También me encontré con una convicción en cada una de las personas con las que hablé. Me dicen: ‘Voy a seguir para adelante, sé que esto va a cambiar’”, destacó. “Hay locales nuevos, una cosa rara. Vinculados todos a la alimentación o a productos de animales. Ha crecido (en pandemia) la relación con las mascotas y se ve que eso ha generado también un nicho”.

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Navarro se mueve con soltura en el barrio. No son pocos los vecinos que lo reconocen e incluso cruzan de vereda para saludarlo. “Lo que más destaco es la voluntad y la perseverancia de los comerciantes; incluso de los empleados de seguir trabajando y pelearla. Pregunto también cómo ven al Gobierno, cómo lo ven al presidente”.

¿El balance? “Algunos me dicen: ‘No se le puede pedir nada, porque se encontró con una pandemia que nadie imaginaba’. Otros sí hacen un cuestionamiento sobre la administración de la cuarentena. También plantean la baja de los impuestos, porque las cargas sociales son altas y también el IVA. Pero en líneas generales veo ánimos de salir adelante”.

“No veo un ánimo de bajar los brazos, ni entregarse. Hay un reclamo expreso o tácito al Gobierno, que estemos al lado de ellos, que los acompañemos y que nos ocupemos de temas como la inseguridad. Pero todos me hablaron de trabajo y de apostar al trabajo: ‘Si esto va bien, puedo tal vez tomar a otra persona’. Así que la recorrida fue positiva”.

Desde diciembre del año pasado, Navarro trabaja como secretario de relaciones políticas y parlamentarias. Aunque tiene su sede en la Casa Rosada, su presencia en el territorio no se discute. “La idea es empezar a retomar un trabajo que veníamos haciendo meses atrás, que es estar muy en contacto con las realidades territoriales. Barrios humildes, villas de emergencia, asentamientos; pero también barrios de clase media baja y de clase media para escuchar a los vecinos”.

“Cuando uno es un funcionario ligado a la lógica de la gestión, que está en la oficina y se reúne con empresarios y actores de distintas organizaciones, el estar en la calle es un cable a tierra importante. No es lo mismo hablar con un dirigente de CAME o con un dirigente de la UIA, que estar también en contacto con diez comerciantes e industriales pequeños”, cerró.

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