Sociedad
Como controlan el virus

China: estrictas medidas para controlar al coronavirus

Un español que vive en China cuenta los inimaginados controles por los que tuvo que pasar de regreso a Shangai y los compara con la permisividad española

Desde que inició la pandemia por coronavirus el mundo se ha preguntado como hicieron en China, y algunos pocos países de Asia y Oceanía para controlar el virus teniendo tan pocos casos de infectados y fallecidos.

Dejando de lado las teorías conspirativas acerca de que todo fue inventado a propósito en un laboratorio de Wuhan y otras historias del estilo, la historia de este español que vive en Shangai es indicativa de las verdaderas razones por las que en esos países sí se pudo limitar la enfermedad a niveles mínimos.

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Europa vive hoy la segunda ola de la pandemia y sus habitantes se preguntan como es posible que tengan que volver a medidas tan estrictas para evitar una catástrofe aún mayor a la que vivieron entre marzo y mayo pasados. Por eso este relato cobra la fuerza que tiene al contrastar medidas rigurosas en China con el relajamiento que se vivió durante el verano europeo.

Aquí la historia narrada en primera persona y relatada con fotos de cada momento.

"Vivo en Shanghái, China. En el país que ha logrado contener el virus y en donde la vida ha vuelto a la normalidad. Por razones familiares, he pasado unas semanas en Madrid. ESTA ES LA VUELTA DE MI VUELTA A CHINA. Para alucinar"

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Los "astronautas", como denomina a trabajadores de aeropuertos en China para prevenir contagios de coronavirus

Comenzamos en España donde, aparte del visado en regla, también necesitas presentar una PCR con resultado negativo hecho en las 72h previas al vuelo. Tienes que enviar el informe del test a la Embajada china, que te lo devolverá sellado vía email.

Es solo el principio de la ODISEA. Ya en Shanghái, nos van sacando del avión en pequeños grupos; el desalojo puede durar hasta dos horas.

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Al poner un pie en el aeropuerto, te das cuenta de que has aterrizado en otro planeta. Absolutamente todo el personal del aeropuerto viste con traje protector, capucha y escudo facial incluidos.

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Ya en la terminal, nos asignan un QR. No hay nada abierto, ni se escuchan anuncios por megafonía. Parece vacío, pero está lleno de gente que, como yo, hace las colas en silencio. Todo está perfectamente organizado, tanto que comienzas a sentirte como una rata en un laboratorio.

A continuación, la segunda PCR (te sientas, te escanean el QR y comienza el hisopado con el jueguito de las banderillas: ni Manolete (el famoso torero las clavaba tan al fondo) y pasamos a inmigración. Es imposible distinguir a los policías que revisan tu pasaporte porque también van de astronautas.

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Recogida la maleta, nos van separando por grupos para enviarnos a un hotel, donde haremos la cuarentena. Por si os lo estáis preguntando: sí, el hotel lo paga el viajero. Y no, no lo elije él. Y sí, todo el mundo tiene que hacer cuarentena vigilada, tanto chinos como extranjeros.

Se trata de hoteles especialmente acondicionados donde al llegar te dan un termómetro y unas pastillas de lavandina para que disuelvas en las heces antes de tirar de la cadena. El hotel que me tocó era decente, pero solo eso. La comida pasable, aunque a lo largo de los días se hacía cuesta arriba.

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Cada día tienes que enviar a través de un QR tu temperatura corporal, a las 9 y a las 2. Prohibido dejar la habitación bajo ningún concepto. Puede pedir comida fuera: leche, galletas o pan de molde (lactal) , pero nada que venga cocinado de un restaurante.

De vez en cuando se pasan por tu puerta y te hacen tomarte la temperatura delante de ellos. El control es total.

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Teletrabajo, mucha lectura, series y dormitar (quizá no en ese orden). La primera semana se pasó rápido. El trato es aséptico , y a veces, rudo. Pedí un cuchillo para pelar la fruta y, aludiendo motivos de seguridad, me lo denegaron

Otro día vinieron a meterme un bastoncillo en la boca para otra prueba y por poco me hacen una traqueotomía.

Cada uno aprovecha el tiempo lo mejor que puede. Mi amigo Jorge, deportista redomado, se vio en la misma situación hace apenas unas semanas y el tío se hizo una media maratón en los 8 metros de pasillo con los que contaba en su habitación.

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Como resido en Shanghái, me han dejado pasar la segunda semana de cuarentena en casa. El día antes del traslado en furgoneta, mi mujer me llamó para decirme que acababan de instalar un sensor en la puerta y una cámara de seguridad. Comenzaba a sentirme como Al Capone.

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El traslado fue en una furgoneta. 2 tipos vestidos de astronauta me llevaron hasta mi urbanización. Allí, 2 policías me esperaban para leerme lo que serían mis obligaciones (tiene derecho a un abogado, todo lo que diga…). Uno de ellos grababa el proceso con una mini cámara.

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La vida en casa ha sido más fácil. Podía pedir comida de fuera y el comité vecinal se encargaba de subírmela. Dos veces al día venía un médico a medirme la temperatura. Ni que decir tiene que mi mujer ha tenido que pasar esa semana en casa de una amiga.

El día 12 de cuarentena vino un médico a hacerme el último PCR, otras dos banderillas para la saca del hisopado . Dos días después era por fin libre.

Muchos os preguntáis cómo es posible que un país tan grande haya sido capaz de contener el virus. Esto que acabo de contaros lo hacen con todas las personas que entran a China, nacionales y extranjeros.

Cuando a finales de septiembre hice el camino inverso hacia España , lo único que tuve que hacer al llegar a Barajas fue rellenar un formulario… a mano.

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