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EN CARHUÉ

La pileta de un hotel se convirtió en una pista de sal

Con agua proveniente del Lago Epecuén, la piscina se mantuvo sin climatizar por la inactividad hotelera y el frío hizo que el sulfato de sodio se solidificara.

Con la llegada de los primeros fríos del año, un manto de sal tiñó de blanco en junio el Lago Epecuén, a partir de un fenómeno químico bien conocido por los vecinos de Carhué pero no por todos los bonaereneses: el sulfato de sodio se solidifica al quedar expuesto a bajas temperaturas.

Ahora, en lugar de en la costa, el evento natural ocurrió en la pileta de un hotel de la localidad situada en Adolfo Asina, que tras ser vaciada el último lunes dejó a la vista un residuo de más de 10 centímetros de espesor.

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Según explicó a INFOCIELO Rubén, uno de los dueños del complejo, esto tuvo que ver con que “en este año tan particular, las piscinas de los complejos hoteleros, habitualmente cubiertas, climatizadas y con agua del Lago Epecuén, han permanecido sin climatizar, al igual que el ambiente”.

“Algunos establecimientos las vaciaron y limpiaron, y otros, como es el caso del Epecuén Hotel & Spa Termal, las mantuvieron llenas, pero desde marzo hasta hoy fueron bajando de nivel unos 40 centímetros por natural evaporación, lo que hizo que, al igual que en el Lago, con el frío, cristalizaran y reconcentraran el cloruro y sulfato de sodio, entre otros minerales”, amplió.

Por la inactividad hotelera, la pileta se mantuvo sin climatizar

Aunque el espectáculo en la costa también pudo verse durante los primeros fríos de los años anteriores, los habitantes de la ciudad recuerdan el 2012 como la fecha de su gran reaparición: el manto no se veía desde la década de 1980 debido a los enormes volúmenes de agua dulce introducidos con obras hidráulicas en los ‘70, que hicieron imposible el proceso de enfriamiento y cristalización de la sal.

Cabe recordar que el Lago Epecuén es una salina húmeda, el punto final de una cuenca de lagunas encadenadas y sin salida, que recibe aportes de minerales desde esas lagunas aguas arriba, de pequeños arroyos y, fundamentalmente, de los surgentes que los arrastran desde las profundidades de la tierra.

El fenómeno ocurre cuando el sulfato de sodio se solidifica al quedar expuesto a bajas temperaturas

“Esta condición milenaria fue almacenando en su lecho millones y millones de toneladas de minerales, en especial sales. Dependiendo de los ciclos hídricos, estos minerales o se diluían o se precipitaban conformando costras de cristales o ‘manto de sal’ como se lo conocía popularmente”, explican desde el Museo de Carhué.

Y agregan: “Pese a los constantes aportes subterráneos de sales, en época estival, el sulfato de sodio está disuelto y en equilibrio en la laguna. Pero cuando llega el frío intenso y en especial las heladas pampeanas, la temperatura del agua de la costa baja rápidamente haciendo que se precipite el exceso de sal disuelta, pero en forma de cristales. El viento y el oleaje producido expulsa dichos cristales a la costa, brindando uno de los paisajes más extraños y bellos que tiene nuestra provincia”.

En junio, con los primeros fríos intensos, el fenómeno ocurrió en la costa del Lago Epecuén

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