Política y Economía
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Elecciones en Brasil: qué se juega en el gigante sudamericano

Brasil llevará a cabo unas elecciones determinantes para su futuro, en las que el ex tornero Lula da Silva se muestra favorito en las encuestas.

Este domingo, 156 millones de electores decidirán el futuro del Brasil, en unas elecciones que presenta a once candidatos pero solo dos marcan la agenda: Luiz Inácio Lula da Silva, el obrero metalúrgico y dos veces presidente por el PT, y el actual mandatario Jair Mesías Bolsonaro por el Partido Liberal.

En unas elecciones que se muestran como bisagra para el gigante sudamericano, y en consecuencia para toda la región, Lula es el candidato favorito según las encuestas que señalan que podría ganar en primera vuelta, para lo cual requerirá más del 50% del voto a favor.

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Si bien desde el PT se esperanzan con los augurios, no sería la primera vez que las encuestas erren, aún las más serias como las que realiza Datafhola, en tanto que las mismas no lograron advertir en su cabalidad el fenómeno Bolsonaro allá por 2018.

La campaña marcó la tensión que vive Brasil, en la que el ex tornero debió reforzar su seguridad luego del asesinato de un dirigente del PT en Foz do Iguazú en julio pasado, mientras que otro simpatizante fue muerto hace escasas tres semanas en el estado de Mato Grosso, a manos de un compañero de trabajo que intentó decapitarlo con un hacha.

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La versión para redes sociales del afiche argentino en apoyo a Lula Da Silva para las elecciones presidenciales de Brasil, con la imagen del ex presidente Néstor Kirchner

La versión para redes sociales del afiche argentino en apoyo a Lula Da Silva para las elecciones presidenciales de Brasil, con la imagen del ex presidente Néstor Kirchner

Bolsonaro, partidario de la "banca de la bala" desde 2015, como presidente flexibilizó la venta de armas y de municiones con el resultado de 6.300 muertes "prevenibles" en sus cuatro años de gobierno, según registró el Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP).

Ante la posible derrota, Bolsonaro se apresta ahora a intentar desconocer el resultado eleccionario, en un fenómeno similar al de su ideólogo estadounidense, Donald Trump. Por ello, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió un comunicado en el que pidió que se "respeten los resultados de las elecciones como la más alta expresión de la soberanía popular".

Ese es solo uno de los puntos por el que para muchos brasileños la disputa presidencial del domingo es una elección a favor o no de la democracia.

Para intentar su glorioso regreso, después de estar 19 meses preso, el septuagenario militante obrero realizó una alianza con un gran sector de la burguesía paulista, representada por su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin del PSDB.

En un ejercicio de pragmatismo, Lula se decantó por armar una boleta junto al ex gobernador del estado de San Pablo, quien fuera aliado del perpetrador del golpe de Estado contra Dilma Rousseff, Michel Temer.

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Tal es la idea de que el triunfo de Lula significaría el triunfo de la democracia que sectores de la izquierda brasileña, como el populoso Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), no dudan en hacer una fuerte campaña por el PT, aún a cuestas de su alianza con Alckim.

La pandemia por coronavirus, la alta inflación en torno al 8% y la retirada de las políticas sociales del gobierno de Bolsonaro, hicieron que el hambre vuelva a ser un tema de gran preocupación en lo que otrora fuese la octava economía del mundo.

La Red Brasileña de Investigación en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional relevó que en estados del norte y nordeste, la inseguridad alimentaria severa sobrepasa al tercio de la población: Alagoas (36,7%), Piauí (34,3%), Amapá (32%); mientras que en San Pablo se registran 6,8 millones de personas con hambre y Río de Janeiro otras 2,7 millones.

Las políticas ambientales, energéticas, productivas y económicas también forman parte de los modelos en pugna el próximo domingo, junto a las relaciones exteriores de un país determinante como Brasil -aún cuando Itamaraty tenga dinámica propia-, y se simbolizan en dos dedos que forman una L en favor de Lula o una pistola en favor de Bolsonaro.

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