Política y Economía
El "diputado piquetero"

Alderete: "Comparto bloque con algunos a los que le tomé la intendencia"

Juan Carlos Alderete, líder de la Corriente Clasista Combativa, vino a Buenos Aires para "seguir los pasos del Che" en Cuba y hoy da batalla en el Congreso.

Cuando Juan Carlos Alderete juró el miércoles 18 de diciembre como diputado del Frente de Todos, miró a su alrededor. Entre sus compañeros de bloque encontró muchas caras conocidas, incluso aquellas con las que tiempo atrás supo estar en veredas opuestas. “Me pasó de ver intendentes o gobernadores a los que en su momento yo les había tomado la intendencia y terminaron dándome una mano para entender cómo funcionaban las cosas en el Congreso”, recuerda, con cierto dejo de humor.

El líder de la Corriente Clasista Combativa también enfrentó la mirada crítica de otros compañeros de Cámara, que repudiaron no sólo su presencia, sino la inclusión política que su banca representa. “Hemos logrado que las organizaciones sociales se politizaran, algo que era una mala palabra. Había resistencia, producto del bombardeo de los multimedios. Y provocaciones, muchas provocaciones”.

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“Realmente no sabía cómo funcionaba el Congreso y muchos compañeros, incluso aquellos con los que habíamos tenido diferencias, me han ayudado enormemente. Pero también estuvieron los personajes como Fernando Iglesias y otro diputado de Juntos por el Cambio que estaban en contra de que pudiéramos ser diputados aquellos que no terminamos la primaria. Hubo y hay de todo”.

Alderete no pudo terminar sus estudios. El Golpe de Estado, autodenominado como Revolución Argentina que encabezó Juan Carlos Onganía en junio de 1966, selló a fuego su infancia. “Mi padre era dirigente de la CGT y militaba en el partido justicialista. Estuvo un año preso por gritar: ‘¡Viva Perón!’. Tenía catorce años y tuve que salir a trabajar para darle de comer a mi familia. Vendí diarios, lustré botas y hasta cociné pan casero”, recuerda.

Por ese entonces, la geopolítica internacional estaba atravesada por la Guerra Fría, que encontró su ápice latinoamericano con la Revolución cubana. Y la figura de Ernesto “Che” Guevara, como la del por entonces ya desaparecido Camilo Cienfuegos e incluso la de Fidel Castro, se erguían como figuras inspiradoras para muchos jóvenes.

“Fue la injusticia lo que me llevó a mirar al ‘Che’. Las primeras palabras que me quedaron grabadas fueron: ‘Que nunca les deje de doler la injusticia’. Quería ser guerrillero y eso fue lo que me ha llevado a venir a Buenos Aires”, recuerda. Pero el desembarco en “la Ciudad” no fue inmediato. Tras la liberación de su padre, Alderete se escapó de su casa con 15 años. Quería “seguir los pasos” del argentino convertido ahora en “ciudadano latinoamericano”, que venía de un fuerte derrotero en El Congo y desembarcaba en la selva boliviana.

Su primer intento fue fallido. “Mi papá me encontró en Tucumán y me hizo volver. Al tiempo logré que me firmara una autorización para viajar a Buenos Aires. Quería juntar plata para viajar a Cuba para formarme como guerrillero. Pero la autorización era sólo para poder viajar dentro de la Argentina”, recuerda. Pasó su primera noche acompañado por algunos compañeros en Plaza Italia.

Llegó a Buenos Aires el 24 de diciembre de 1967. Le faltaban todavía tres años para cumplir la mayoría de edad. “Pasamos la Navidad ahí, con frío y sin comida. Pasamos las Fiestas en la calle”, recuerda. Su sueño era convertirse en futbolista. “Jugué en Atlanta, eso es cierto”, reconoce, como si hablara ya de otra vida. “Pero decidí ser sindicalista y para eso tenía que dejar el deporte y trabajar”. Su primer trabajo fue como lavacopas en un restaurante de La Paternal. Le dieron un techo y comida.

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Juan Carlos Alderete fue uno de los primeros diputados del Congreso que contrajo coronavirus

Juan Carlos Alderete fue uno de los primeros diputados del Congreso que contrajo coronavirus

-Para ese entonces, su figura política acababa de ser asesinada hacía sólo dos meses en La Higuera

-Sí, el asesinato del ‘Che’ fue un golpe muy duro. Hay cosas de las que se habla muy poco. De acuerdo a mi propia investigación, al ‘Che’ lo han traicionado. Las condiciones no estaban dadas y cuando lo tomaron prisionero, que lo torturaron durante al menos un día, la brigada de apoyo que debía viajar de la Argentina nunca llegó.

Tiempo después, Alderete comenzó a trabajar en la lechera Argenlac. “Recién al año y dos meses, por el estatuto, pude ser elegido delegado”, recuerda. Corría ya el año 1978 y, una vez más, el país era gobernado por una junta de facto. Estaba en el radar y el Gobierno no tardó en “armarle una causa”: lo acusaban de haberle robado y de haber intentado secuestrar a la madre del presidente de la Ford.

“En esa época, eso era un delito de cien años de pena”, contextualiza. Con el aparato represivo en pleno funcionamiento, Alderete regresó a Salta y estuvo seis meses en la clandestinidad. Lo ayudó su familia. Se instaló en la casa de uno de sus hermanos, hasta que empezó a trabajar como taxista de trabajadoras sexuales. Alderete recordó aquellos años en diciembre de 2019 cuando, en plena sesión, debió escuchar cómo la oposición esgrimía calificativos como “dictadura o infectadura” con absoluta liviandad.

-¿Qué sintió en ese momento?

-Entiendo que son provocaciones, que no dejan de ser graves. Se han perdido muchas vidas en la Argentina para poder vivir en democracia. Tenemos 30 mil desaparecidos. Yo mismo estuve en la clandestinidad y mi familia ha jugado un papel directo para que yo no haya sido uno de ellos.

"Se han perdido muchas vidas en la Argentina para poder vivir en democracia. Tenemos 30 mil desaparecidos" "Se han perdido muchas vidas en la Argentina para poder vivir en democracia. Tenemos 30 mil desaparecidos"

Un altercado con la Policía le puso fin a su clandestinidad. La causa en su contra seguía abierta. “La armaron para blanquearme, porque siempre estuve a disposición del PEN. Creo que era por intento de robo y extorsión. Me acuerdo que el juez me dijo: ‘Yo sé que usted es un montonero o jefe del ERP’. Pero le gané el careo a la madre de Ford. Lo único que le pregunté era si me conocía y dijo que no. Pedí que tomaran nota de eso”.

Fue condenado y pasó tres años en la cárcel de Caseros. Fue liberado recién en 1981 y se fue a vivir a San Justo, a la casa de otro de sus hermanos. “Él era del entorno de (Miguel) Ramone, gobernador de Salta que fue secuestrado. Estaba en la clandestinidad también, porque la Dictadura se había debilitado, pero los militares seguían en el poder”.

“Estuve un año sin conseguir trabajo. Vine con todas las costumbres tumberas. Cuando uno ha estado tanto tiempo preso, adquiere ciertas cosas. Me acuerdo que mi hermano me decía: ‘Nos van a meter en cana de nuevo’”. Finalmente, logró conseguir una changa en La Matanza. “Era en la calle Arieta al 200, en Villa Luzuriaga. Alquilaba y se hizo complicado renovar, porque pedían un monto en dólares y era imposible”.

La toma de tierras en Guernica se impone en la charla. La actualidad, la Argentina que se repite una y otra vez. Al no poder renovar su alquiler, Alderete supo de lo que estaba sucediendo en el Barrio María Elena, en Laferrere. “Me enteré de que había un campo abandonado, en el que la gente estaba trabajándolo. Así comenzó lo que hoy es el barrio. Es la historia de muchísimos barrios populares. Porque hay una parte de la sociedad que no entiende que nos vemos empujados a la toma”.

-¿Cómo cree que el Gobierno está encarando el conflicto por la ocupación en Guernica?

-Pienso lo mismo que vengo sosteniendo hace mucho tiempo. Falta una política de Estado para el enorme déficit habitacional. No hay una política para ir al encuentro de esa dificultad, que se extiende en todo el país. No es una cuestión de los que no tienen trabajo. Hay muchos que lo tienen, pero no pueden pagar los alquileres. Es un problema que afecta también a la clase media.

-Hay una estigmatización social muy fuerte hacia los denominados “ocupas” y ahora una puja entre las organizaciones de izquierda que no pertenecen al Gobierno

-Claro, eso también es reproducido por los grandes medios. Es cierto que hay un porcentaje muy chico que usa a la gente para hacer un negocio, que también es mínimo. También están los que especulan políticamente. En lo que coincidimos es en que el Estado tiene que estar presente. Por eso presentamos el proyecto Techo, tierra y trabajo.

A fines de septiembre, el proyecto fue ingresado al Congreso. Propone la creación de tres millones de puestos de trabajo en la construcción para dar respuesta a la emergencia habitacional, hoy visibilizada por la toma en Guernica. El modelo es la continuación de otros proyectos en los que se llevó adelante la urbanización de 4.400 barrios populares.

-Le tocó reclamar desde la oposición, ¿cómo es hacerlo ahora como parte de la fuerza gobernante?

-He sido muy crítico tanto con Néstor, como con Cristina. Pero tengo que reconocer que tuvieron una decisión política clara. En esa época, hemos logrado construir 7.200 viviendas en al menos 18 provincia. Con (Juan) Grabois recorrimos algunas de las tomas actuales, para ver la forma de regularizar lo que sucede. Fuimos provincia por provincia en la que se registraron tomas de tierras privadas y es cierto que es un conflicto muy grande. Muchos se fueron a tierras fiscales y esa es la respuesta que tiene que dar el Estado presente.

-¿Qué respuesta le da a aquellos que acusan a las organizaciones sociales de manejar con discrecionalidad la entrega de tierras?

-En parte, es algo que sucede. Me ha pasado de anotarme en una municipalidad para poder tener un pedacito de tierra o una casa y he visto cómo le cae al amigo de un funcionario. Esas son las cosas en las que hay que trabajar, esté uno dentro o fuera de una coalición.

-Al asumir, e incluso durante la campaña, usted aseguró que iba a respaldar al Gobierno, pero que no se iba a “callar” si estaba en desacuerdo con las políticas del Frente de Todos...

-Es cierto y lo sostuve desde el primer momento. A penas juré, se los dije a todos mis compañeros cuando tuvimos la primera reunión de bloque. Les dejé en claro que yo venía a defender lo que defendí toda mi vida. Que íbamos a tener que discutir las diferencias puertas adentro por la unidad, pero que no me iba a callar la boca.

-De hecho, fue uno de los dos diputados oficialistas que no acompañó en enero la Ley de la deuda

-Siempre dije que me iba a oponer si las leyes van en contra de mis principios y de mi ideología. Apenas asumí, se trató el tema de la deuda. Mi planteo es que había que investigarla, antes de pagarla. Porque hay un responsable del endeudamiento que tenemos, que es histórico. Ha sido utilizado para la fuga de capitales. ¿En dónde están esos millones de dólares? Han intervenido en el Gobierno anterior grandes grupos económicos.

-Usted formalizó un pedido de investigación

-Sí y nos hemos encontrado con rutas que no se construyeron o que se han construido en esos años con centímetros menos de asfalto. Si uno hace la cuenta y toma como referencia la cantidad de kilómetros, el negocio fue millonario. Hubo complicidad de los que tenían que inspeccionar la ejecución de esas obras y de algunos intendentes.

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Juan Carlos Alderete:

Juan Carlos Alderete: "He sido muy crítico tanto con Néstor, como con Cristina. Pero tengo que reconocer que tuvieron una decisión política clara"

-¿Cómo se concilian las alianzas cuando surgen temas tan divisorios como, por ejemplo, la condena a Venezuela por violaciones a los derechos humanos en la ONU?

-Se manifiestan las diferencias. En el caso de Venezuela, sigo sosteniendo el respaldo a la autodeterminación de los pueblos al cien por ciento. Lo mismo pasó con el aporte extraordinario, que en su momento algunos compañeros de bloque me acusaron de haberme ‘cortado solo’. Lo que hice fue presentar en los medios un proyecto, que ahora se integró al del bloque. Entendía que había que dar la batalla de alguna manera y eso hice.

En agosto de este año, Alderete fue uno de los primeros diputados en contagiarse de Covid-19. “Los que lo hemos vivido, sabemos lo que significa. El virus te destruye el organismo. He tenido la suerte de sobrevivirlo, pero hace daño y genera secuelas con las que ahora tengo que convivir”, advirtió.

-¿Qué tipo de secuelas tiene?

-Ahora estoy en una etapa del tratamiento “post virus”. Me están haciendo estudios a fondo, porque los mismos profesionales me explican que hay cosas que desconocen todavía. Por eso da bronca cuando uno escucha el discurso del famoso “prefiero contagiarle, porque es una gripe”.

-¿Qué siente cuando ve las marchas anti cuarentena?

-Nosotros estamos en la calle y es difícil no salir a manifestarse. Pero acordamos totalmente con la política que ha fijado este Gobierno que es la de cuidar la vida. Somos prudentes y no nos movilizamos, porque sabemos que si lo hacemos vamos a contribuir a la circulación del virus. Esas marchas las convoca la oposición para desestabilizar al Gobierno, porque quieren contar de a miles a los muertos y después responsabilizar a la gestión. Son oportunistas, porque saben que nosotros no nos podemos movilizar. Defendemos la vida, es una cuestión colectiva. Muchos de los que se movilizan después pueden aislarse, viven en otras condiciones. Nosotros no.

-¿Cómo analiza el desembarco de algunas de las organizaciones sociales al Gobierno?

-Siento que hay un reconocimiento político. Creo que el Gobierno entiende que si no existieran las organizaciones sociales, las sindicales, las cooperativas, las ollas populares y los merenderos estos últimos años hubieran sido un infierno. Muchos compañeros que pusieron y ponen el cuerpo sin ayuda, ni presencia del Estado.

-El rol de los promotores comunitarios fue y es clave en los territorios más vulnerables durante la pandemia

-Están haciendo un trabajo enorme y corriendo un riesgo muy grande. Yo era consciente de que no podía quedarme en mi casa, que tenía que estar en los comedores con los compañeros y las compañeras. Están expuestos al virus y no todos reciben las mismas herramientas. En mi caso, pude zafar del virus. Tengo secuelas que me han quedado como puntazos en el corazón, pero no me puedo quejar porque muchos han muerto.

-La pandemia expuso muchas problemáticas sociales y potenció, además de la pobreza estructural y la desigualdad, cuadros como la violencia de género

-Totalmente. Por eso, hay que apoyar mucho a los promotores, en especial las compañeras que están trabajando con los casos de violencia de género. Tenemos más femicidios que antes de la pandemia y eso es algo que nos tiene que alertar. Las mujeres han ganado un lugar muy importante, aunque todavía falta. Han ganado también espacios en el gabinete. Pero noto cierta resistencia de algunos funcionarios a ver la realidad, a ‘bajar’ al territorio. El otro día le decía a (Santiago) Cafiero, que en mi organización hay muchas compañeras que se pagan de su bolsillo el colectivo para rescatar a una mujer que está en situación de violencia.

-¿Cree que al Gabinete le falta ‘calle’?

-Creo que son muy buenos funcionarios, con buena voluntad; pero que a algunos les falta un poquito de ‘realidad’. Sucede, por ejemplo, cuando se quiere abordar la problemática de la droga. Hay muchas mujeres que están dando esa batalla solas en los barrios. ¿Qué mejor que escuchar a esa mujer que ya dio o está dando esa pelea? ¿No deberían acaso estar ocupando cargos de decisión?

-¿Le cuesta ponerse el ‘traje de diputado’ y encontrarse tan lejos del territorio?

-Yo mismo entro en contradicciones permanentemente por ese tema. Se los digo a mis compañeros. La banca me ha dado muchos privilegios, que ellos no tienen. En mi caso, me hisoparon en cuestión de horas y tuve al cuerpo médico del Congreso conmigo. Pero vamos superando esas contradicciones para poder abordar temas que un año atrás jamás hubiésemos imaginado, como el impuesto a las grandes fortunas.

-¿Cuándo cree que se tratará el proyecto de la legalización del aborto?

-Hoy tengo una reunión para motorizar eso. Muchos de los diputados varones en el Congreso creen que es un tema de género y no de agenda política. A mí me vieron repartirles los pañuelos verdes, porque cuando hablamos de la legalización del aborto, estamos hablando de una ampliación de derechos. Es un error colectivo muy grande caer en la lógica de la pelea por la pelea.

-¿Qué le pasa cuando escucha a algunas compañeras denunciar violencia machista dentro de las organizaciones sociales?

-El machismo se da en todos lados; no es de derecha, ni de izquierda. Es un problema cultural, no sólo político. Y estamos dando esa batalla.

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