Política y Economía
OPINIÓN

Alberto Fernández, ¿un rey sin ejército?

Sin que sus propios socios políticos defiendan la gestión, Alberto Fernández sobrevive a la pandemia y prepara la verdadera batalla: las elecciones legislativas

El presidente Alberto Fernández atraviesa su segundo año de Gobierno, signado por la salida de la pandemia del coronavirus y la entrada al primer test match electoral, en soledad. En el variado espectro de dirigentes que se amparan en el paraguas del Frente de Todos, hay una evidente falta de compromiso para defender una gestión que, con aciertos y errores, debió sostenerse en un contexto inédito y sacar adelante una economía devastada por el macrismo.

En Casa Rosada creen que los “socios” del Frente de Todos gastan su capital político y usan sus influencias sólo en función de sus propias agendas e intereses, en lugar de sostener la figura de un Presidente que está de manera permanente bajo fuego de una oposición virulenta, que no duda en agitar denuncias truchas, y de un poder mediático que les da aire sin la mínima verificación.

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Cristina Fernández de Kirchner, transita su segundo año en la vicepresidencia sin exponerse demasiado. Al principio dio la sensación de que el objetivo era no eclipsar la figura de Alberto Fernández mientras construía su propio perfil presidencial.

Transcurridos 21 meses desde la elección de 2019, parece más ocupada en defenderse del acoso de Comodoro Py mientras sostiene su titánica guerra contra los “fondos buitre”, que por sostener la alianza de Gobierno.

No suele hablar sobre Alberto ni sobre sus ministros. La única vez que lo hizo, soltó una frase antológica sobre los “funcionarios que no funcionan”, desatando una cacería de brujas puertas adentro del Gobierno nacional.

Pero no es sólo lo que Cristina hace, sino lo que deja hacer. Al ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, por ejemplo, que se instala mediáticamente con furiosas críticas hacia Alberto Fernández. Muchos reclaman que le ponga un “bozal mediático” para que deje de esmerilar la figura presidencial.

Otra parte de los reclamos recaen sobre Sergio Massa, líder del Frente Renovador, quien sobrevuela la agenda del Gobierno sin comprometerse en los temas espinosos. También es cierto que teje, con la paciencia de la araña, relaciones con los actores menos afines al kirchnerismo, como legisladores norteamericanos y diplomáticos israelíes. ¿Se preserva para 2023? Es una posibilidad.

Incluso Máximo Kirchner, jefe del bloque oficialista, se mantiene prescindente de las batallas que se dan desde la Casa Rosada. Se lo vio más activo intentando posicionarse como presidente del PJ Bonaerense o mostrando su elocuencia para hablar de la “pesada herencia” que dejó Mauricio Macri en materia económica, social y sanitaria.

El único que juega distinto es Axel Kicillof, que revela su compromiso con el Presidente en cada ocasión. Tiene buenas razones: como Alberto Fernández, tiene una gestión que sostener. Su propio éxito está atado al del Gobierno nacional, que ayuda de manera permanente con recursos económicos sin los cuales gobernar Buenos Aires es imposible.

En la Rosada advierten que Alberto Fernández conservó buenos índices de aprobación a pesar de las crisis. Y que, frente a las expectativas que genera la campaña de vacunación, se dará un cambio en el humor social. El armado de listas mostrará cuánto predicamento tiene dentro del Frente de Todos. El resultado de las elecciones puede consolidarlo en un nivel en el que posiblemente ya no necesitará de ningún ejército que defienda su gestión, porque estará validada por el soberano.

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