Política y Economía
DETRÁS DE ESCENA

Aborto legal: las espadas "secretas" que garantizaron la aprobación

El Gobierno se alzó con un importante triunfo y logró sancionar el aborto legal. Cómo se construyó la victoria en el Senado.

Con la aprobación del aborto legal, el gobierno de Alberto Fernández le dio cumplimiento a una promesa de campaña sobre el final de un año difícil. No fue sencillo: el triunfo se construyó ladrillo a ladrillo.

Cerca de las siete de la tarde, una planilla comenzó a circular entre legisladores y funcionarios del Ejecutivo. De acuerdo al poroteo de la mesa chica que acompañó la gesta y el tratamiento del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, los números a esa hora no sólo vaticinaban la aprobación de la legalización del aborto, sino una histórica diferencia de seis votos que luego, pasadas las cuatro de la mañana del miércoles, se amplió a nueve. Las espadas del Frente de Todos que agrandaron la diferencia en el Senado y la crónica de una de las batallas legislativas del año.

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“Tenemos los votos en diputados, en el Senado está un poco más complicado”, reconocían hace un mes desde el Ejecutivo. En efecto, el día que Alberto Fernández anunció el envío de los dos proyectos al Congreso, en Casa Rosada había sólo una certeza: pasaría como en el 2018 sin mayores complicaciones por la Cámara Baja, pero el gran desafío estaría en el Senado; territorio indiscutido de Cristina Fernández de Kirchner.

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Parte del Gabinete siguió el debate por el aborto legal desde los palcos del Senado

Parte del Gabinete siguió el debate por el aborto legal desde los palcos del Senado

Si bien Máximo Kirchner y Sergio Massa llevaban meses negociando con éxito en Diputados –en efecto se anunció el envío con 124 votos garantizados-, el presidente enfrentó a principios de noviembre una creciente presión social para cumplir con la promesa que él mismo había realizado el primero de marzo en su primera apertura de sesiones ordinarias. “Es ahora”, le sugirieron en más de una reunión. Pero la decisión no fue fácil.

El mayor temor de Fernández era llegar sin los votos confirmados al Congreso. El presidente del bloque de la Cámara Baja y Massa le daban la garantía de la aprobación en Diputados, pero el Senado era todavía un enigma. “Sería un papelón que no salga”, se justificaba Fernández cada vez que lo presionaban para que ponga en agenda legislativa el proyecto. “El fracaso sería no enviarlo, Alberto”, le respondían desde su mesa chica.

La decisión la tomó dos semanas antes del anuncio, que tuvo lugar el 17 de noviembre. Fue después de que María de los Ángeles Sacnun y Anabel Fernández Sagasti –las espadas en el Senado- le aseguraron que la votación sería muy pareja, pero que la balanza se inclinaba tras arduas negociaciones por el sí. “¿Estamos seguros?”, titubeó una vez más Fernández. La respuesta fue afirmativa.

Además de cerrar su primer año de gestión con una promesa de campaña cumplida, el presidente buscaba una cucarda legislativa en un año en el que el protagonismo de la agenda parlamentaria lo tuvieron sin lugar a dudas Massa y la vicepresidenta. “Era importante también darle valor a la palabra y cumplir, por fuera de la llegada de una pandemia que nadie esperaba y que condicionó toda la agenda de gobierno”, refuerzan desde Balcarce.

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Malena y Sergio Massa tampoco se quisieron perder el debate en el senado

Malena y Sergio Massa tampoco se quisieron perder el debate en el senado

Cada una de las negociaciones en el Congreso contó con la supervisión presidencial. “El presidente se cargó al hombro muchos de los votos”, señalan desde Casa Rosada. Una de las victorias del primer mandatario fue el cambio de Sergio “Oso” Leavy, senador propio del Frente de Todos que no acompañó en 2018 el proyecto, pero votó a favor después de un extenso encuentro con Fernández. “Por convicción, uno ya tiene una decisión; pero representa a más gente y hay que seguir debatiendo y escuchando. Él (por Alberto) sabe lo que yo pienso y yo sé lo que él piensa. Le pedí que haya más presencia del Estado, no sólo dinero, sino acciones que se reflejen”, aseguró el legislador, días antes de la sesión.

Santiago Cafiero fue, junto a Vilma Ibarra, quien siguió de cerca la rosca parlamentaria y colaboró con el cambio discursivo que ayudó a revertir más de un voto negativo. Fue también una de las voces más fuertes durante la campaña y los primeros meses de gestión. Católico practicante, al igual que el presidente, fue quien salió al cruce de la “contradicción” que suponía para algunos sectores acompañar el proyecto de ley y, al mismo tiempo, mantener sus valores religiosos.

“Mi formación, como persona y como militante, está vinculada a valores religiosos que me marcaron y los cuales sostengo. La fe, la solidaridad, el humanismo, la comprensión. Pero no se confundan, eso no quiere decir dejar de lado nuestras convicciones. Soy católico y mi posición es clara: quiero que el aborto legal, seguro y gratuito sea ley. No es una contradicción. Como no lo fue estar a favor del matrimonio igualitario”, escribió el jefe de Gabinete, horas antes del inicio de la sesión.

Elizabeth Gómez Alcorta mantuvo más de una reunión clave con la vicepresidenta, a quien se la acusó desde la oposición de no “acompañar” el proyecto y terminó convirtiéndose una de las artífices de la histórica diferencia que se plasmó en la votación. Igual de protagónica fue la participación de Malena Galmarini, quien se puso al hombro el poroteo tanto en Diputados como en el Senado.

Malena hizo la diferencia hablando con cada uno de los diputados que en 2018 votaron en contra. Los gobernadores jugaron un poco menos que hace dos años y permitió un análisis individual de legisladores de provincias como San Juan, Tucumán, Salta y Misiones”, destacan desde el Frente Renovador, al tiempo que señalan: “Este fue el resultado de un trabajo en conjunto por parte de todo el Frente de Todos”.

Galmarini, Massa y Máximo Kirchner fueron algunos de los rostros de la coalición gobernante que siguieron desde el recinto la votación. “Por fuera de que muchos digan que era una iniciativa de Alberto, lo que mostró el Frente de Todos es el valor del trabajo en conjunto, por fuera de las diferencias y con un claro respeto a las posiciones individuales. Primó la unión y el debate. Tiramos todos para el mismo lado”, refuerzan desde el sector massista de la coalición.

La victoria no era una sorpresa, pero sí lo fue la diferencia que se alcanzó pocos días antes del tratamiento en el recinto. “Muchos legisladores de los sindicados como ‘indecisos’ habían anticipado su voto puertas adentro, otros sostuvieron el misterio hasta el mismo día de la votación. No hubo tanta presión por parte de los gobernadores, pero sí escraches y persecución. Es por eso que muchos aguardaron hasta el último momento para definir su voto e incluso decidieron viajar a último momento para evitar represalias en sus provincias”.

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