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INFOCIELO.COM » Pido la Palabra » 27-03-2017

Construyendo la Bicisenda Financiera

En los últimos tiempos desde el gobierno de Cambiemos se está intentando instalar la idea de que la economía comienza a mostrar una tendencia general positiva. El intento de generar expectativas optimistas en un año electoral choca con datos concretos de la realidad. Luego de los fallidos pronósticos de recuperación económica para el segundo semestre del año pasado, esta estrategia parece, como mínimo, poco prudente.

A partir de la asunción de Dujovne el gobierno ha logrado consolidar un discurso bastante homogéneo entre los funcionarios que enfrentan a los medios. El libreto, bien estudiado, tiene una mirada complaciente con los pobres resultados obtenidos hasta el momento y hace mucho hincapié en proyectar pronósticos positivos sin demasiado fundamento.

Uno de los voceros del gobierno ha sido el Ministro de Producción Francisco Cabrera quien se tomó el trabajo de enumerar, a fines de enero del corriente año, 10 datos que demostrarían que la economía tiende a mejorar.

Uno de los temas que mencionó fue el superávit comercial de U$S 2.128 millones de 2016, señalando que la caída de las importaciones -6.9% (U$S 4147 millones) demostraría que no existe una avalancha de importaciones.

Analizando con mayor detalle los datos del INDEC citados por el Ministro, se verifica que la caída de importaciones se debe, principalmente, a la situación de recesión que afectó a la economía durante 2016. Por esta razón, caen un 14.4% las importaciones de bienes intermedios y un 10.8% las de piezas y accesorios para bienes de capital, ambos rubros relacionados con el nivel de actividad productiva. Por el contrario, en un año con caída del PBI se observa un crecimiento del 9.1% en importaciones de bienes de consumo con el consiguiente efecto sobre la industria local.

Por otra parte, a pesar de que las exportaciones crecieron +1.7%,( U$S 949 millones), se hace muy notorio el proceso de primarización del comercio exterior al verificarse que el crecimiento de productos primarios (+17.7%), ha sido acompañado de la caída de las exportaciones de manufacturas de origen industrial (-6.6%) y de combustibles y energía (-11.5%).

Entre otras cosas se ha tratado de sumar al relato los supuestos avances de la industria automotriz, cuando en realidad se trata de un sector que está atravesando serias dificultades. También se mencionan incrementos en la ejecución de obra pública, cuando el 2016 se ha caracterizado por la subejecución presupuestaria.

La realidad es que los únicos brotes verdes objetivos tienen que ver con el sector agropecuario que ha podido crecer en base a dos beneficios muy significativos como han sido la devaluación y la reducción de retenciones. Este impulso sectorial ha motorizado, también, el crecimiento de las ventas de maquinaria agrícola, luego de dos años de caídas consecutivas.

A pesar de las afirmaciones de los funcionarios, los números oficiales muestran otra cosa. La caída del PBI para el año 2016 ha sido del 2,3 %, mientras que los indicadores de pobreza e indigencia, desempleo, inflación, endeudamiento y déficit fiscal, muestran el peor desempeño en muchos años.

El gobierno intenta convencernos que estos resultados negativos son el costo que tenemos que atravesar para estar mejor, mientras esperamos las inversiones que llevarán a la economía a una senda de crecimiento sostenido en los próximos años.

Lamentablemente, lo que se ve es que de a poco se va consolidando un modelo muy desfavorable para la mayoría de los Argentinos en el cual se privilegia la especulación financiera por sobre la inversión productiva. Estamos presenciando la construcción de la “bicisenda financiera”, que no es más que la versión actualizada de la célebre bicicleta financiera en tiempos de Martínez de Hoz.

En primer lugar, se observa una pérdida de competitividad producto del creciente atraso cambiario verificado con posterioridad a la devaluación inicial. Las medidas que el gobierno ha tomado y que inciden en esta situación son: la eliminación absoluta de los controles de ingreso de capitales financieros, el mantenimiento de tasas de interés de LEBACS por encima del 24%, y un creciente endeudamiento externo en dólares, que sumado a los ingresos por el blanqueo han generado una creciente oferta de dólares que lo empuja a la baja. La política del Banco Central, únicamente enfocada en bajar la inflación a cualquier precio, no contempla la intervención en el mercado cambiario por lo cual la apreciación cambiaria tiende a mantenerse.

Con este esquema, que claramente privilegia la especulación financiera al estilo de la “plata dulce” de mediados de los 70, ya se ve un flujo creciente de capitales golondrina que acumulan jugosos rendimientos por encima del 20% anual en dólares mientras la industria local padece un proceso continuo de achicamiento. La política de apertura de importaciones amplificará el padecimiento de la industria, ya que es posible competir con un dólar barato y costos internos crecientes.

Los números oficiales y los reportes de las cámaras empresariales ya dan señales concretas de alarma: enero de 2017 indica una capacidad ociosa récord de casi un 40% sobre el total de la capacidad instalada en la industria.

El discurso del gobierno en el sentido de que se espera un incremento de la inversión, choca con la realidad. Mientras la rentabilidad de la especulación financiera sea 5 veces superior a lo que podrían ganar en un país normal, las inversiones de riesgo no van a venir. El desarrollo económico requiere de incentivos claros para la inversión productiva como tasas de interés razonables, créditos de largo plazo, y mercado interno fuerte, entre otras cosas.

Lo observado, hasta el momento, es que las políticas aplicadas han agravado todos los problemas que prometían solucionar. Una mezcla de improvisación y falta de consistencia técnica, se suma a un modelo en dónde, más allá del discurso, se perjudican claramente los sectores medios y bajos de la sociedad y en dónde no se generan condiciones objetivas propicias para el desarrollo industrial nacional.

*Alexis Dritsos es licenciado en Economía de San Jose State University (EEUU) y asesor del Partido Socialista. 

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