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INFOCIELO.COM » Pido la Palabra » 24-03-2017

24 de Marzo: No hay monstruos anacrónicos

“Mi capitán, no negaré que Salsamendi el ministro sea un doctor flotante y un arquitecto de la nada. Pero tiene su ´color local´, amalgamado con algún cosmopolitismo de la mejor cepa oligárquica. En este instante, por ejemplo, acaba de recibir a los agentes del FMI, a los contadores del Eximbank de Washington, a los socios del Club de Paris y a los prestamistas del Mongobank de Zurich. Salsamendi anotó ya las instrucciones foráneas y sabe al fin como resolver los problemas argentinos”


El Megafón de Marechal refleja así, con gran crudeza, varios de los imperativos de la política argentina. Estas frases y la próxima conmemoración del golpe del 24 de marzo de 1976 me invitan a reactualizar qué sucedió en nuestro país hace 41 años y qué sucede ahora.

Recapitulemos. El plan económico anunciado el 2 de abril de 1976 fue creado por José Alfredo Martínez de Hoz. Una de sus primeras medidas fue congelar los sueldos de los trabajadores y eso provocó que el ingreso de los trabajadores cayera un 40% entre 1976 y 1980. Sacaron los controles de precios, redujeron las retenciones a las exportaciones y se inauguró el pedido de créditos a organismos internacionales: la Argentina recibió del FMI 400 millones de nuevo endeudamiento. El slogan para los primeros meses de la dictadura fue: “achicar el Estado es agrandar la Nación”.

Si no tuviéramos en cuenta que en el párrafo anterior se habla de Martínez de Hoz en 1976 podríamos pensar que se trata de uno de los tantos artículos periodísticos que aparecen hoy. Megafón imaginó estos ministros de Economía exaltados por las palmadas en la espalda de los inversores y funcionarios rozagantes por la simplicidad de los ajustes pero nunca pensó que sus profecías podían cumplirse como sucede en estos últimos años de democracia.

El plan sistemático de desaparición de personas de la dictadura, no sólo nos dejó una generación diezmada por la tortura, la muerta y el robo de bebés, sino que cimentó un modelo económico que siguió robándoles el futuro a quienes sobrevivieron al terrorismo de Estado. La arbitrariedad de la violencia era un elemento fundamental para diseminar el terror en toda la sociedad.

Así se extendió el miedo hacia todas las instituciones de la sociedad y se garantizó que la aplicación de un programa económico que combinaba endeudamiento, apertura de importaciones y déficit no tuvieron contrapuntos. El 50% de los desaparecidos fueron trabajadores y estudiantes, la mayoría de ellos delegados y representantes estudiantiles.

No es un logro menor que hayamos podido consolidar como sociedad el acceso al gobierno mediante las urnas. Sin embargo hoy la historia económica parece repetirse. Endeudamiento, ajuste, deuda (lo que habla de una gran falta de creatividad – como diría Néstor Kirchner-) para generar oportunidades de “negocios” (privilegios) para quienes representan el capital más concentrado, son una constante de los gobiernos conservadores de la Argentina.

Hoy, la fórmula Deuda + Déficit instalada por el gobierno PRO de Mauricio Macri a nivel nacional y de María Eugenia Vidal en nuestra provincia vuelve a aparecer como la única manera de paliar los problemas de nuestra economía. Esta “doble D” ha surcado los 8 años de administración PRO en la Ciudad de Buenos Aires y, a partir de diciembre del 2015, se ha trasladado a la Nación y a la Provincia de Buenos Aires. Así concretan su proyecto de retirada del Estado nacional y provincial de sus obligaciones de redistribución social y regulación en favor de la mayoría de los argentinos.

Inflación promedio de 40% y más del 70% en alimentos, aumentos de tarifas de servicios públicos (transporte, luz, gas, agua) entre el 250 y el 500%, devaluación del tipo de cambio del 60% ($ 9,6 por dólar a $16), caída del PBI 2016 del 2,3% y la suba de los niveles de endeudamiento nacional (del 43,7% en relación al PBI al 55%) y provincial (15% de los ingresos 2016 y 10% de los ingresos 2017) componen un cuadro que nos recuerda al ministro Salsamendi de Marechal cuando decía: “Señores periodistas, la solución era infantil: desvalorizar la moneda indígena para vender más barato y comprar más caro”.

En las vísperas de la conmemoración del momento más atroz de la historia argentina, es importante destacar que nuestra sociedad ha generado los anticuerpos para que la violencia política sea erradicada como forma de acceso al poder. Como tarea pendiente aun tenemos que desterrar las políticas que estuvieron asociadas a los peores momentos de la historia argentina para poder seguir creciendo como nación, como patria y como pueblo argentino. Por eso, cuando levantamos las banderas de Memoria, Verdad y Justicia, reclamamos una política económica emancipadora que potencie el mercado interno, la industria, el pleno empleo, la reducción de las desigualdades y que fomente la integración.

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